Para que quede en el recuerdo, dejo aquí los enlaces a las entrevistas que nos hicieron a Jalea Teatro en Cadena Ser, Canal Sur Radio y Onda Cero por el estreno de "El Desvarío".
También nos dedicaron una página en "El Ideal".
Siempre he querido tener una compañía propia en la que poder decidir, aportar y compartir TODO lo que rodea a un montaje teatral. Lo logré, sin final feliz, cuando monté mi primera compañía Meigas Teatro, una compañía que surgió de la nada y llegó lejos en su corta vida. Pero en este caso yo no pude decidir, ni aportar, ni compartir nada. Caí en un lugar equivocado y me rodeé de personas que no tenían nada que ver conmigo. Tanto era así que me echaron; sí ¡de mi propia compañía! Por suerte, aquella ostia me impulsó lejos y fui a caer en otra compañía, la cual me llevó a otra y ésta a otra y así hasta el día de hoy. Meigas Teatro murió en cuanto me fui, y mentiría si digo que no me alegré. La única de las cinco que hoy es actriz soy yo. Cuando me echaron del grupo no solo frustraron mis deseos de serlo, también me frustraron como persona. Me atacaron como un grupo de hienas alrededor de una mesa diciéndome todo lo que había hecho mal y por qué no encajaba con ellas. Parece ser que al final ellas también desencajaron unas con otras... c'est la vie.
No pongo la mano en el fuego por Jalea Teatro porque desgraciadamente que un grupo salga adelante no depende del deseo de una sola persona, y no puedo hablar por mis compañeros. Hasta ahora estamos funcionando bien. Haber estrenado "El Desvarío", cuando hace un año ni siquiera hubo interés en montar nada (de hecho los compañeros no interesados se quedaron al margen del grupo) y los que parecía que tenían algún tipo de interés no se mataban para que saliera, para mí es un logro. El mismo que haber sacado adelante The Happy Fish, con quienes también hace un año que empezamos los ensayos y pasaron por el grupo dos chicas que después se fueron, creando dudas, ganas de abandonar y ese tipo de cosas... Es como una ruleta rusa emocional confiar en cada proyecto que te metes. Algunos salen bien y con otros te vuelas los sesos.
Si algo deseo ahora mismo es que estos dos proyectos (que SÍ han salido bien) tengan larga vida. Hoy tengo una compañía de teatro profesional y mi propio grupo de música. Llevo soñando con esto desde que era un maldito moco y me ponía a cantar en mi habitación a grito pelao y a recrear escenas de películas yo sola, con mi hermano como único público (porque lo obligaba, que para eso soy la hermana mayor). En fin, que ahora que lo tengo, sólo espero mantenerlo muchos años. Si no fuera así, ya buscaría la forma de tragar saliva y seguir adelante porque no queda otra ¿no? Pero, la verdad, sería triste... Era por eso, entre otras muchas cosas, por lo que me parecía tan feo morirme ahora; AHORA que tengo todo lo que siempre he querido. Así que voy a ser optimista y disfrutar de todo esto mientras dure (aunque a mí el optimismo no me dura más de diez minutos, qué le voy a hacer, je...).
Web de JALEA TEATRO: www.jaleateatro.wix.com/jalea
Web de THE HAPPY FISH: www.swinghappyfish.wix.com/thehappyfish
viernes, 8 de julio de 2016
martes, 5 de julio de 2016
Sobre la vida y la muerte
Temas delicados, ambos... Esta última semana he estado a punto de escribir mi testamento seguido de una larga lista de cosas que hacer antes de morir. Todo empezó cuando el jueves por la noche decidí ir a urgencias a causa de un dolor abdominal que venía arrastrando desde hace días y al cual no hice mucho caso pensando que, como mucho, eran gases. Pero viendo que el dolor, lejos de remitir, estaba yendo a más, me planté en urgencias en un ángulo de 90º. Allí, la primera experiencia horrible fue tener que mear en un bote para que analizaran la orina. Y fue horrible porque acababa de mear en casa. Tres vasos de agua y varios intentos después, conseguí llenar el tarrito ante la impaciencia de la enfermera que parece que le costaba entender que bajo presión es difícil mear... El análisis no dijo nada y sus toqueteos por mi abdomen tampoco, así que me derivó al hospital para que me hicieran unas placas. Allá que me fui. Me tomaron radiografías del tórax, me sacaron sangre y me volvieron a analizar la orina (esta vez llevaba aguantando los vasos de agua anteriores y no me costó nada). Me pusieron un calmante en vena para el dolor mientras salían los resultados y allí estuve hasta las 4:00 de la mañana sentada en una silla de ruedas, con el suero y el plastiquito metido en el brazo, y congelándome de frío porque el aire estaba puesto como para criar pingüinos. Resultados: todo está normal y por tanto no saben diagnosticar la causa del dolor. Mi sugerencia de si podían ser gases quedó descartada así como mi otra sugerencia de que pudiera ser muscular. Cuando dije esto último la cara de la enfermera me transmitió que aquello era mucho más grave, pero al no saber qué decirme me mandaron a casa con ibuprofenos, con una palmadita en el hombro y con la sugerencia oculta de que repose y haga testamento. Me fui. pues, peor de lo que llegué. El dolor era más leve por la medicación que me inyectaron, pero a mí me quedó la paranoia de que tenía un cáncer terminal indiagnosticable y no se atrevían a decírmelo. Pasé el viernes entero pensando que indiscutiblemente me estaba muriendo lo que me llevó a sentir un inmediato respeto por la vida, mezclado con un sentimiento de rabia pensando que era una putada muy fea que los hados me mataran justo ahora que había terminado los ensayos y venía la parte buena que es hacer bolos. Acabé por aceptar mi propia muerte como una experiencia interesante pero no podía aceptar cómo sería la vida para los que se quedan aquí (especialmente para mis padres...). Así que a la mañana siguiente, con más dolores y más paranoias mentales volví al hospital con la firme decisión de no salir de allí hasta que me dijeran claramente lo que tenía, así me tuvieran que hacer veinte mil pruebas más. Prefiero morir sabiendo que vivir con dudas. Me atendió un chaval con pinta de acabar de salir de la facultad de medicina que después de leer los resultados del jueves, y tras toquetearme un poco me dijo sin vacilar... "tienes un cólico renal leve, arenilla obstruyendo el conducto de la uretra. En unos días lo expulsarás en la orina y se acabará el dolor. Mientras tanto toma Diclofenaco y bebe mucha agua". Y así, sin más, mi enfermedad ya tenía nombre y no se apellidaba cáncer. De hecho se lo pregunté directamente al entrar en la consulta: "Hola, estuve aquí el jueves, me hicieron estas pruebas y no saben decirme lo que es. Sé claro, ¿es cáncer?". Después de reírse me dijo, y me explicó muy bien, por qué NO podía ser cáncer. Y así me fui tan feliz a casa con mis piedras atoradas y una renovada ilusión por la vida. Tanto tienen de psicológico las enfermedades que ya a penas me duele el abdomen. Me duele... pero sabiendo que no es "nada" me duele mucho menos. Unos días antes, el más mínimo pinchazo en el costado me hacía dar un paso más a la tumba, tal era mi paranoia.
Se queda en algo anecdótico pero es curioso la de cosas que se plantea una cuando cree que no le queda mucho tiempo: haces listas de cosas pendientes, ordenas papeles, borras el historial de google... además te vuelves especialmente ingeniosa en cuestiones de humor negro. Lo único positivo que he sacado de este espejismo fúnebre es el hecho de darle importancia a lo que es importante y nada más. Y es en este punto cuando una desea arriesgar. Porque no hay nada que perder cuando lo que pierdes es la propia vida. El viernes, mientras intentaba resignarme a mi propia muerte, eché la vista atrás tratando de recordar con añoranza lo que había sido mi vida hasta entonces. El largo recorrido por mi propia historia me llenó "de orgullo y satisfacción" (como al rey) porque al fin y al cabo estaba donde quería estar. Comencé a apreciar todo lo que había conseguido, cosa que normalmente no hago porque siempre me exijo mucho más, pero cuando crees que ya no te queda tiempo para más, valoras lo que sí te ha dado tiempo a hacer, y la verdad... no ha sido poco. Ahora que sé que no me muero voy a por más, claro, pero está bien autocomplacerse de vez en cuando de los propios logros y no pensar, como acostumbro a hacer, que nada es para tanto. Sin ir más lejos, estos últimos meses he hecho infinidad de cosas, no he tenido tiempo de parar, he saltado de un ensayo a otro, he luchado porque salieran adelante todos los proyectos en los que estaba metida, y resulta que no ha salido mal la cosa, y de hecho, seguimos avanzando.
Con "The Happy Fish" estamos abriendo muchas puertas, nos han incluido en el catálogo de Diputación, estamos programados en el Festival de Swing de Monachil, y hay varias fechas cerradas en julio, octubre y noviembre. Además, se nos une para los bolos grandes un trompetista cubano (Eric Sánchez) que le va a dar toda la onda al grupo.
El pasado 24 de junio estrenamos por fin "El Desvarío" con Jalea Teatro. Los días previos fueron de infarto porque, como es habitual, se echa el tiempo encima cuando aún quedan mil cosas por hacer. En una semana me he relacionado más con los medios de comunicación que con los que viven conmigo, a los cuales no les permitía ni que me respiraran encima porque bajo estrés soy así de "simpática". Nos repartimos el trabajo entre todos para tener listo el atrezzo, la cartelería, la difusión por radios y periódicos, las invitaciones "vip", la búsqueda de técnico/a... sin hablar de los ensayos que aún necesitábamos. Un currazo. De hecho estuvimos ultimando detalles hasta diez minutos antes de que comenzara la función. Yo, particularmente, estaba más nerviosa de lo normal sobre todo porque tenía que tocar el ukelele mientras cantaba, y por ser la primera vez siempre va una con un poco de miedo. Al final resultó ser la parte que más disfruté, y eso que se me resbalaban los dedos por las cuerdas del sudor que desprendía. Como bien dice Constantino, nuestro director, el público es el 50% del hecho teatral, y cuando se pone algo por vez primera la reacción del público es definitoria para saber lo que funciona y lo que no, lo que sobra, lo que hay que explotar, lo que se debe mejorar... En este sentido yo me siento contenta. Se nos quedó un poco corta en duración, principalmente porque habíamos metido quinta desde el principio, pero la reacción general del público fue positiva. Hubo risas, aplausos y hasta pidieron un bis tras la canción (¡eso sí que es meterse en el espectáculo!). Así que haciendo un balance general, y siempre desde mi propia opinión, creo que el trabajo estuvo bien hecho, a la gente le gustó y se puede vender con cierta facilidad.
A un nivel más íntimo, me queda la cosa de querer impresionar ya no al público sino a los míos, al grupo, y en especial al director, porque no hay mayor satisfacción que la palmadita en el hombro de quien ha confiado en ti. Si había una opinión que realmente me importara era la suya. No creo haber impresionado, porque somos exigentes y sabemos que podemos llegar a más (nadie me exige más que yo misma) pero haber arrancado bien es buena señal, y mejorar es cuestión de rodaje. El caso es que, tras mi experiencia cercana a la muerte, eso de impresionar me empieza a dar un poco igual. Saber dónde estás y a dónde puedes llegar es suficiente, y empeñarse en que los demás lo vean no debería ser motivo de frustración. Me venía pasando desde hace tiempo. Tenía la necesidad de demostrar algo a alguien y supongo que cuanto más me esforzaba en hacerlo peor me salía. Tuvieron que llegar los momentos decisivos para entenderlo.
El 29 de junio estrenamos también "Lorca, poeta entre poetas". Para entonces yo ya estaba con mis dolores abdominales pero dándolo todo en cualquier caso. Al día siguiente es cuando me fui a urgencias... Y ahora, con una relativa tranquilidad, seguiré trabajando para que todo siga su curso, que salgan bolos, que me siga superando, mejorar como actriz, como cantante y bueno... como persona. Dar la importancia justa a las cosas y no aferrarme a una sola persona ni a una sola opinión, porque la única que sirve de verdad es la mía propia (la que me sirve a mí, claro). No puedo morirme aún... "El Desvarío" tiene que dar muchas vueltas, el swing no ha hecho más que empezar y todavía me quedan cosas pendientes: citas atrasadas, viajes, éxitos y fracasos, las medicinas de Luna, conocer NY... y entender, antes de irme, el famoso sentido de la vida. De momento, aquí me quedo.
Se queda en algo anecdótico pero es curioso la de cosas que se plantea una cuando cree que no le queda mucho tiempo: haces listas de cosas pendientes, ordenas papeles, borras el historial de google... además te vuelves especialmente ingeniosa en cuestiones de humor negro. Lo único positivo que he sacado de este espejismo fúnebre es el hecho de darle importancia a lo que es importante y nada más. Y es en este punto cuando una desea arriesgar. Porque no hay nada que perder cuando lo que pierdes es la propia vida. El viernes, mientras intentaba resignarme a mi propia muerte, eché la vista atrás tratando de recordar con añoranza lo que había sido mi vida hasta entonces. El largo recorrido por mi propia historia me llenó "de orgullo y satisfacción" (como al rey) porque al fin y al cabo estaba donde quería estar. Comencé a apreciar todo lo que había conseguido, cosa que normalmente no hago porque siempre me exijo mucho más, pero cuando crees que ya no te queda tiempo para más, valoras lo que sí te ha dado tiempo a hacer, y la verdad... no ha sido poco. Ahora que sé que no me muero voy a por más, claro, pero está bien autocomplacerse de vez en cuando de los propios logros y no pensar, como acostumbro a hacer, que nada es para tanto. Sin ir más lejos, estos últimos meses he hecho infinidad de cosas, no he tenido tiempo de parar, he saltado de un ensayo a otro, he luchado porque salieran adelante todos los proyectos en los que estaba metida, y resulta que no ha salido mal la cosa, y de hecho, seguimos avanzando.
Con "The Happy Fish" estamos abriendo muchas puertas, nos han incluido en el catálogo de Diputación, estamos programados en el Festival de Swing de Monachil, y hay varias fechas cerradas en julio, octubre y noviembre. Además, se nos une para los bolos grandes un trompetista cubano (Eric Sánchez) que le va a dar toda la onda al grupo.
El pasado 24 de junio estrenamos por fin "El Desvarío" con Jalea Teatro. Los días previos fueron de infarto porque, como es habitual, se echa el tiempo encima cuando aún quedan mil cosas por hacer. En una semana me he relacionado más con los medios de comunicación que con los que viven conmigo, a los cuales no les permitía ni que me respiraran encima porque bajo estrés soy así de "simpática". Nos repartimos el trabajo entre todos para tener listo el atrezzo, la cartelería, la difusión por radios y periódicos, las invitaciones "vip", la búsqueda de técnico/a... sin hablar de los ensayos que aún necesitábamos. Un currazo. De hecho estuvimos ultimando detalles hasta diez minutos antes de que comenzara la función. Yo, particularmente, estaba más nerviosa de lo normal sobre todo porque tenía que tocar el ukelele mientras cantaba, y por ser la primera vez siempre va una con un poco de miedo. Al final resultó ser la parte que más disfruté, y eso que se me resbalaban los dedos por las cuerdas del sudor que desprendía. Como bien dice Constantino, nuestro director, el público es el 50% del hecho teatral, y cuando se pone algo por vez primera la reacción del público es definitoria para saber lo que funciona y lo que no, lo que sobra, lo que hay que explotar, lo que se debe mejorar... En este sentido yo me siento contenta. Se nos quedó un poco corta en duración, principalmente porque habíamos metido quinta desde el principio, pero la reacción general del público fue positiva. Hubo risas, aplausos y hasta pidieron un bis tras la canción (¡eso sí que es meterse en el espectáculo!). Así que haciendo un balance general, y siempre desde mi propia opinión, creo que el trabajo estuvo bien hecho, a la gente le gustó y se puede vender con cierta facilidad.
A un nivel más íntimo, me queda la cosa de querer impresionar ya no al público sino a los míos, al grupo, y en especial al director, porque no hay mayor satisfacción que la palmadita en el hombro de quien ha confiado en ti. Si había una opinión que realmente me importara era la suya. No creo haber impresionado, porque somos exigentes y sabemos que podemos llegar a más (nadie me exige más que yo misma) pero haber arrancado bien es buena señal, y mejorar es cuestión de rodaje. El caso es que, tras mi experiencia cercana a la muerte, eso de impresionar me empieza a dar un poco igual. Saber dónde estás y a dónde puedes llegar es suficiente, y empeñarse en que los demás lo vean no debería ser motivo de frustración. Me venía pasando desde hace tiempo. Tenía la necesidad de demostrar algo a alguien y supongo que cuanto más me esforzaba en hacerlo peor me salía. Tuvieron que llegar los momentos decisivos para entenderlo.
El 29 de junio estrenamos también "Lorca, poeta entre poetas". Para entonces yo ya estaba con mis dolores abdominales pero dándolo todo en cualquier caso. Al día siguiente es cuando me fui a urgencias... Y ahora, con una relativa tranquilidad, seguiré trabajando para que todo siga su curso, que salgan bolos, que me siga superando, mejorar como actriz, como cantante y bueno... como persona. Dar la importancia justa a las cosas y no aferrarme a una sola persona ni a una sola opinión, porque la única que sirve de verdad es la mía propia (la que me sirve a mí, claro). No puedo morirme aún... "El Desvarío" tiene que dar muchas vueltas, el swing no ha hecho más que empezar y todavía me quedan cosas pendientes: citas atrasadas, viajes, éxitos y fracasos, las medicinas de Luna, conocer NY... y entender, antes de irme, el famoso sentido de la vida. De momento, aquí me quedo.sábado, 18 de junio de 2016
Envejece adecuadamente

Gloriosa noche la del 10 de junio. Cuarto concierto con The Happy Fish y los tres temas nuevos salieron de escándalo (el resto del concierto también). No fue genial a nivel de público. El maldito fútbol y los exámenes finales nos quitaron gente (junio es un mes regular para los bolos). Tampoco fue genial a nivel técnico. El sonido pudo haber sido mejor... los chicos y yo tuvimos que cantar casi intuitivamente (y con todo lo hicimos bien). La sala no cumplió su parte del trato: ni tuvimos publicidad suficiente (un evento en facebook no es publicidad), ni tuvimos jefe de sala, ni tuvimos técnico de sonido para que el técnico de luces no tuviera que desdoblarse. En fin, cosas que escapan a nuestro control. Pero a pesar de todo dimos un concierto maravilloso, porque la sensación que queda al terminar es la que cuenta. Si todo hubiera funcionado bien pero al finalizar te quedas con mal rollo porque tu parte (la que sí controlas) ha fallado, entonces sí es un fracaso. En esta ocasión fue al revés. Lo incontrolable falló pero nosotros no, y por suerte la gente se queda con eso, y una misma también. Me conmovieron los comentarios que fueron llegando, todos positivos, algunos incluso entusiastas, sin mencionar que tuvimos la fortuna de contar con la presencia de Juan Jesús García, que días antes me entrevistó para El Ideal, y luego sacó una crítica sobre el concierto en el mismo periódico. Todo esto ha promovido un torrente de energía conjunta con mis chicos que nos ha impulsado a seguir subiendo y aspirar a escenarios más altos, lo cual no significa que dejemos de estar en otros más modestos, pero está bien pensar en grande. Y con esta filosofía, el otro día nos convertimos en peces nocturnos y nos lanzamos a los mares de la ciudad en busca de buenos anzuelos: tenemos cerradas dos fechas para otoño, una en el Alexis Viernes (dentro de las actividades paralelas del Festival de Jazz) y otra en el New Chicago, ambas a caché. Además estamos pendientes de entrar en la programación del Anfiteatro del Palacio de Congresos para una fecha en julio y menos probable, aunque no imposible, en el Festival de Swing de Monachil.
La verdad es que cumplir 34 (¡¡¡34 ya!!!) con tanta movida alrededor se hace menos traumático. Sí... me deprime cumplir años. Es la evidencia de lo rápido que pasa el tiempo y la decrepitud que acarrea. Evidentemente, no lo notas con 34 años pero ya llegará... y esa certeza te la recuerda cada cumpleaños que pasa. Pero si es inevitable cumplir años al menos se hace más llevadero cuando estás en un momento bueno de tu vida, haciendo lo que te gusta aunque no te deje un segundo libre para otra cosa que no sea trabajo y teniendo gente buena cerca, celebrando que eres más vieja pero que te quieren igual o más. Mi adorable pececillo Willy me organizó una fiesta sorpresa el mismo 8 de junio cuando salí de ensayar. Había globos, había comida y bebida, había un regalo (como si no fuera suficiente regalo organizar aquello) y había amigos; no todos los invitados, pero dos de los buenos. Y no hacía falta más. Durante el resto de la semana obtuve más regalos de los que hubiera podido desear, y no necesariamente materiales (que también los hubo).
Ahora, tras la resaca swing-34, toca centrarse en lo próximo, y lo próximo es ya. El 24 de junio estrenamos con Jalea Teatro "El Desvarío". Será a las 21:00h en el Teatro Municipal Cervantes de Gójar. Un estreno promocional para intentar que nuestra compañía se establezca como una más en el circuito profesional de Granada. Cosa bien difícil y que requiere de un trabajo bastante ingrato al principio, pero que como todo, es cuestión de creer. Cinco días después, el 29, "Lorca, poeta entre poetas" también verá la luz (y ya de paso, yo veré dinero). Y así cierro junio y me relajo un poco. Un poco solo, que no me gusta dejar de trabajar, pero agradeceré tener varios días de no hacer nada para quedar con amigos y retomar mi vida social que tan abandonada tengo.
miércoles, 1 de junio de 2016
De estreno
El pasado 27 de mayo se proyectó el cortometraje M.A.L. en el Teatro Isidro Olgoso del Zaidín (Granada). Una noche esperada por mucha gente, especialmente por su director (y prota) Jorge Onieva, y por mí (co-prota y amante de cualquier evento donde haya barra libre). Unos días antes, nos entrevistaron a Jorge y a mí en el programa Déjame Soñar de Espiral Radio. Aquí dejo la entrevista completa.
El estreno gustó mucho. No solo se proyectó nuestro corto sino también otros trabajos de Jorge, trailers y making of. Mi queridísimo Juan Megías fue el encargado de presentar la gala, y el poeta Paco Ayala recitó un poema sobre enfermedades mentales, que es el tema principal de M.A.L. Después del teatro había una recepción en el pub New Chicago, con photocall, catering y vinito, donde pude hablar con mucha gente del gremio, algunos que no conocía en persona aún, e inmortalizar la noche a golpe de flash. Fue estupendo poder vestirme de largo sin tener que esperar a que alguien se case.

Seguimos de estreno y a finales de junio presentaremos por fin "El Desvarío" con mi compañía Jalea Teatro, pendientes todavía de que confirmen la fecha exacta, Juan Megías y yo pondremos pronto "La Curiosidad mató al Gato" y con Garnata Tours estrenaremos "Lorca, poeta entre poetas" a primeros de julio (quizás con un preestreno antes). El 10 de junio toco con The Happy Fish en el Apeadero y también estrenamos tres coplillas nuevas ese día. Ya va siendo hora de recoger porque llevo ¡un millón de ensayos encima con unos y con otros!
Espero que el corto M.A.L. tenga una buena difusión y acceda a festivales importantes, nacionales e internacionales (se ha doblado a siete idiomas), y sobre todo espero volver a trabajar con Jorge en nuevos proyectos porque es un lujo tenerlo en Granada y que lo haga todo tan divinamente, y porque es un buen amigo al que quiero un montón.
El estreno gustó mucho. No solo se proyectó nuestro corto sino también otros trabajos de Jorge, trailers y making of. Mi queridísimo Juan Megías fue el encargado de presentar la gala, y el poeta Paco Ayala recitó un poema sobre enfermedades mentales, que es el tema principal de M.A.L. Después del teatro había una recepción en el pub New Chicago, con photocall, catering y vinito, donde pude hablar con mucha gente del gremio, algunos que no conocía en persona aún, e inmortalizar la noche a golpe de flash. Fue estupendo poder vestirme de largo sin tener que esperar a que alguien se case.

Seguimos de estreno y a finales de junio presentaremos por fin "El Desvarío" con mi compañía Jalea Teatro, pendientes todavía de que confirmen la fecha exacta, Juan Megías y yo pondremos pronto "La Curiosidad mató al Gato" y con Garnata Tours estrenaremos "Lorca, poeta entre poetas" a primeros de julio (quizás con un preestreno antes). El 10 de junio toco con The Happy Fish en el Apeadero y también estrenamos tres coplillas nuevas ese día. Ya va siendo hora de recoger porque llevo ¡un millón de ensayos encima con unos y con otros!
Espero que el corto M.A.L. tenga una buena difusión y acceda a festivales importantes, nacionales e internacionales (se ha doblado a siete idiomas), y sobre todo espero volver a trabajar con Jorge en nuevos proyectos porque es un lujo tenerlo en Granada y que lo haga todo tan divinamente, y porque es un buen amigo al que quiero un montón.
martes, 17 de mayo de 2016
Pensamientos mezclados
Nunca he sabido redactar lo que pienso sin darle un punto de coherencia. Tal vez esto de estar montando una obra basada en los cuentos de Woody Allen, cuya lectura recomendada me ha enganchado hasta el punto de meterme en la cama para leer (y no para otras cosas), me ayude a pensar menos en la forma y más en el contenido. Al fin y al cabo tampoco es tan importante entenderlo todo. He intentado ordenar los últimos acontecimientos destacables en varias entradas pero se me hace tarde para el mate y los ensayos, de manera que los he ido acumulando hasta no saber ya ni de qué quería quejarme. Porque eran quejas, eso sí lo sé... quejas razonables sobre la estupidez humana que se está convirtiendo en mi pan de cada día siendo, probablemente, más culpa mía que de los humanos en cuestión. Mi madre me ha dicho siempre (y me sigue diciendo) que no todo el mundo es tan listo como yo, por supuesto con el sarcasmo de fondo, aunque sus palabras exactas son "Te pasa como a tu padre. ¡Nadie es más listo que vosotros!" No voy a hablar por mi padre pero en lo que a mi respecta mi clarividencia no me ha traído más que problemas (y no hay sarcasmo, mamá). Siendo "tan lista" no he conseguido encontrar la manera de expresarme debidamente, y digo debidamente porque expresarme sí que sé pero no me entienden, seguramente porque para decir lo que pienso no me deshago de pasiones y por tanto sueno a perro ladrando. Consciente de mi arrebatado carácter he cambiado de estrategia en varias en ocasiones dejando reposar la mala leche y esperando a que se enfríe para entonces poder hablar en otro tono acaso más comprensible para las "mentes inferiores", pero haciendo uso de dicha estrategia hace una semana, antes de un concierto, acabé con un estrepitoso dolor de cabeza. Así que callarse y acumular tampoco es buena opción. Tras aquella desagradable experiencia, y luego de una charla con otro incomprendido de la vida, llegué a la conclusión de que es mejor ladrar, te entiendan o no (aunque seguiré buscando la forma de que los ladridos digan algo). Al día siguiente de aquello y después de peinar literalmente las huellas de mis errores (esto es de esas cosas que no se entienden, pero da igual...) me puse a pensar en las palabras de mi incomprendido "La vida te pone en las mismas situaciones una y otra vez, hasta que aprendes. Si no... repites curso". ¡Qué gran lucidez! Tal vez sea ese el motivo de tener como sueño recurrente que no llegué a terminar la carrera. En mi sueño me queda una asignatura que no consigo aprobar y la sigo arrastrando durante años, cosa que me angustia como me angustiaba en la vida real. Es posible que haya algún tipo de conexión; mi asignatura pendiente es ser comprendida. Otro sueño que se me repite es que mi perra se cae desde una gran altura y se mata (mis sueños son muy lógicos en general), entonces me despierto gritando (llorando incluso) y me cuesta volver a dormir. Todavía no sé qué significa, aunque seguramente no signifique más que eso, que temo el día de su muerte... Y hablando de muerte, me enteré hace poco del fallecimiento de un amigo con el que estudié en el instituto durante cuatro años. Nos pusimos en contacto superficialmente a través de facebook y en una ocasión me contó que estaba enfermo (no especificó la enfermedad porque al parecer no era diagnosticable al cien por cien). Nunca pude imaginar que dicha enfermedad, sea cual fuere, pudiera llevarlo a la muerte con 34 años. Quedé en shock cuando vi por casualidad la noticia en la susodicha red social. Es difícil encajar ciertas cosas... ni siquiera me salió llorar, tal fue mi parálisis generalizada al enterarme. Cuando una se encuentra con semejantes hechos le quita importancia a todo lo demás. ¿Repetir curso? Al menos tengo esa oportunidad... ¿qué pasa con los que se van antes de tiempo? ¿Llegan sin titulación al cielo? ¿O es que eran superdotados y ya no tenían nada más que aprender? Mierda de vida... mierda de muerte... Pues no soy tan lista, mamá, tenías razón... aquí quedamos solo los tontos para seguir dándonos caramonazos contra el mismo libro. Los listos están a otro nivel. Yo siempre he pensado que moriré joven por esa cosa de que no me cuido mucho y que odio envejecer, aunque la vida es tan puñetera que lo mismo me hace vivir cien años de soledad solo por llevarme la contraria. Pero vivir tiene sus recompensas también, como subirse a un escenario y cantar y que además salga todo bastante decente contra todo pronóstico. El bolo que dimos The Happy Fish el pasado 9 de mayo fue una experiencia
encantadora, y al finalizar dejé de preocuparme por eso de ser más o menos entendida. Las cosas se dicen en el momento que hay que decirlas, ya estén frías o calientes, y si hay que ladrar se ladra (algunos solo entienden el idioma perruno). Preparando ahora el dossier del grupo para posibles bolos internacionales he renovado mi optimismo. Además he descubierto que el estrés no solo me produce intensas jaquecas sino que también afecta a mi estómago de forma preocupante y la cerveza me termina sentando mal, ¡cosa que no voy a consentir! Dentro de diez días se presenta el cortometraje M.A.L. y una no va a aparecer tomando pastillas porque no queda glamuroso en absoluto dentro del marco que su director ha diseñado, cual gala de los Oscar. De hecho tengo que embutirme en un vestido que hace años que no me pongo pero que es el único que da el pego para semejante ocasión. Hay quien no necesita ir a Hollywood para soñar con una alfombra roja. Sigo ahora con mi lectura, con mi Lorca y con mi mate. Las pastillas más tarde...
encantadora, y al finalizar dejé de preocuparme por eso de ser más o menos entendida. Las cosas se dicen en el momento que hay que decirlas, ya estén frías o calientes, y si hay que ladrar se ladra (algunos solo entienden el idioma perruno). Preparando ahora el dossier del grupo para posibles bolos internacionales he renovado mi optimismo. Además he descubierto que el estrés no solo me produce intensas jaquecas sino que también afecta a mi estómago de forma preocupante y la cerveza me termina sentando mal, ¡cosa que no voy a consentir! Dentro de diez días se presenta el cortometraje M.A.L. y una no va a aparecer tomando pastillas porque no queda glamuroso en absoluto dentro del marco que su director ha diseñado, cual gala de los Oscar. De hecho tengo que embutirme en un vestido que hace años que no me pongo pero que es el único que da el pego para semejante ocasión. Hay quien no necesita ir a Hollywood para soñar con una alfombra roja. Sigo ahora con mi lectura, con mi Lorca y con mi mate. Las pastillas más tarde...sábado, 30 de abril de 2016
Animal friends
Viéndome a mí misma resplandeciente y con ganas, en 52 buenos kilos y con un cierto brillo asomando por los ojos y extendiéndose solo, es triste que mi estado de ánimo esté tan gris, del mismo gris que el cielo, que parece que se ha querido mimetizar conmigo en un extraño acto de solidaridad. Hay días así, días que no acompañan y en los que todo se conjura para que no te apetezca más que tirarte en el sofá y no mover un músculo: gente que se va de puente, gente que se acerca demasiado, gente que dice que avisará y es mentira... y cuando todo gira en torno a la gente y no mola nada lo que ofrecen (o lo que quitan) están ahí mis animalitos.
Robinson, después de pasar una fase agresiva (la adolescencia no perdona ni al reino animal), está otra vez "pa comérselo", cariñoso y cantarín (y más guarro que nunca). Luna está feliz, bien de lo suyo aunque camine al estilo John Wayne, y con ella respirando mi mundo es más bonito. Y un poco más lejos pero llenando mi vida también... mis caballos (o yeguas, mejor dicho). Estos dos últimos días, ir a equitación ha sido lo único que ha logrado mantener mi atención en algo que no sea completamente ocioso y poco productivo. Ayer monté por primera vez a Luna, una yegua que no necesita fusta para hacer caso, obediente, sensible al menor estímulo, y por tanto no apta para principiantes. A Javi, mi profesor, le debió parecer que ya estaba preparada para ella; a mi me parece que no. Cuando la puse al galope pensé "hoy es el día que me voy a caer" (porque por lo visto hay que caerse alguna vez), pero por suerte no fue así. Sentí que volaba, que aquello no había cómo pararlo, pero no me caí. Hoy he montado a Morena y galopar con ella tras la "experiencia Luna", ha sido una maravilla. No tengo imágenes de hoy pero tengo las de ayer. Se ve tan fácil desde fuera...
Robinson, después de pasar una fase agresiva (la adolescencia no perdona ni al reino animal), está otra vez "pa comérselo", cariñoso y cantarín (y más guarro que nunca). Luna está feliz, bien de lo suyo aunque camine al estilo John Wayne, y con ella respirando mi mundo es más bonito. Y un poco más lejos pero llenando mi vida también... mis caballos (o yeguas, mejor dicho). Estos dos últimos días, ir a equitación ha sido lo único que ha logrado mantener mi atención en algo que no sea completamente ocioso y poco productivo. Ayer monté por primera vez a Luna, una yegua que no necesita fusta para hacer caso, obediente, sensible al menor estímulo, y por tanto no apta para principiantes. A Javi, mi profesor, le debió parecer que ya estaba preparada para ella; a mi me parece que no. Cuando la puse al galope pensé "hoy es el día que me voy a caer" (porque por lo visto hay que caerse alguna vez), pero por suerte no fue así. Sentí que volaba, que aquello no había cómo pararlo, pero no me caí. Hoy he montado a Morena y galopar con ella tras la "experiencia Luna", ha sido una maravilla. No tengo imágenes de hoy pero tengo las de ayer. Se ve tan fácil desde fuera...
Montando a Luna
martes, 26 de abril de 2016
A día de hoy
Con mayo a la vuelta de la esquina aprovecho mis últimos días de paz en casa. Los meses han pasado como un suspiro desde que me mudara, en parte porque no he tenido casi tiempo de parar. He pasado la mitad del tiempo ensayando o tomando clases, y la otra mitad haciendo bolos o buscándolos, y a día de hoy sigo igual. Los ensayos con Jalea Teatro van más que bien y tendremos nuestra obra para estrenar muy, muy pronto. Se titula "El Desvarío", su autor es Jorge Díaz y comparto escenario con Juan Megías, Belén García y Pepe Ríos. Al mando de la dirección se ha puesto Constantino Renedo, que está llevando los ensayos por muy buen camino. Jorge Onieva se está encargando de la venta, lo que me deja muy tranquila porque sé que trabaja bien. En definitiva, hay un buen equipo, y espero que con lo que ha costado llegar hasta aquí empecemos a obtener beneficios pronto. Con Juan también estoy metida en otro proyecto teatral, una obra de mediana duración llamada "La Curiosidad mató al Gato", de Rubén Darío Gil, donde interpretamos a la virgen María y a san José (o a una particular versión de ellos). Con The Happy Fish tenemos un bolo cerrado para el 7 de mayo en "La Casa con Libros" de la Zubia y vamos a mover hilos para intentar acceder al circuito de Diputación. Y con la agencia de turismo Garnata Tours estamos en pleno montaje de "Lorca, poeta entre poetas", un libreto escrito y dirigido por Roy Delipiani para incluir escenas teatralizadas en las rutas turísticas de la agencia. En esta movida también están Juan Megías y Manu Santervás.
Por otro lado están mis clases de esgrima escénico y las de equitación, Muy contenta con ambas. En equitación, concretamente, estoy progresando mucho para ir solo una hora a la semana. No es nada fácil montar a caballo, a veces no hacen caso y hay que desarrollar un firme sentido de la autoridad para gobernarlos, a parte de perder el miedo a caerse y tener seguridad en ti misma. Me está aportando mucho este deporte, tanto a nivel físico como a nivel psicológico. Cuando consigues dominar la situación, que el animal te "escuche" y te fusionas con él acompasando los movimientos, la sensación es única. Y eso que todavía estoy aprendiendo a galopar en circuito cerrado. No me imagino lo que debe ser galopar en campo abierto, a la velocidad increíble que alcanza el caballo al galope cuando le apetece correr, saltar obstáculos como si volaras... En fin, si no me mato antes, espero experimentarlo algún día.
Montando a Zambra
Suscribirse a:
Entradas (Atom)









