Hoy es 25. Buen día para escribir (buen día dentro de casa, afuera está frío, lluvioso y gris, y para mí eso es malo porque odio el frío, la lluvia y las cosas grises).
Me gusta el número 25. Es un número importante para mí porque una de las personas que más me han inspirado en la vida nació un día 25. También, por razones más tristes, es el día en que murieron mis abuelos. Un día como hoy: 25 de enero, sólo que con 9 años de diferencia.
No creo en ninguna ciencia oculta detrás de los números (la llamada numerología), pero sí creo que cualquiera cosa (números incluidos), puede tener valor o peso por lo que significan para una. Los números en particular dan mucho juego para crear pseudociencias, pero los colores, los olores, las letras, o la metamorfosis de la oruga puede tener un valor personal si se lo damos. Y para darle valor a algo hay que saber mirar.
A lo que voy... qué mes más raro enero. Qué de cosas han pasado y cuántas cosas han pasado de pasar. Y hablando de pasado, ¿qué me deparará el futuro? Creo que no quiero saber ni lo que va a acontecer mañana; o menos aún , dentro de una hora. Me da igual. Planear se ha vuelto una tarea tediosa para mí.
Si me preguntaran ahora mismo qué es lo que quiero, respondería "quedarme como estoy".
Sin grandes compromisos, sin grandes responsabilidades. Incluso sin grandes metas (lo que desgastan las putas metas...).
Quizá pediría un sofá más grande, pero eso me lo puedo comprar yo apretándome un poquito el cinturón; o un book renovado sin tener que pasar por el proceso de pose y disfraz, pero eso es de ser muy perra (podría pedir ser menos perra, pero me da pereza). También podría pedir que mi madre, mi Chulo y mi Miki no se mueran nunca, pero no me lo perdonarían, porque serían cada vez más viej@s y les dolería la vida, y el único alivio a eso es la muerte que yo les habría arrebatado. Y para acompañarlos tendría que pedir que yo tampoco me muera nunca, y eso sí que no (quién sabe lo que vendrá después del reguetón... no quiero saberlo, ¡no quiero!). Ya puestos, también podría pedir que mis abuelos resucitaran, pero el genio de Aladdín nos enseñó que no se puede pedir eso.
Algunos deseos son irrealizables. Para todo lo demás, "master azar".
Cada vez tengo más claro (esto va a ser la famosa sabiduría que dan los años) que una puede perseguir lo que se proponga, y seguramente conseguir muchas cosas (con mayor o menos esfuerzo, con más o menos escrúpulos, con mucha o poca fe), pero que si algo es realmente para ti, llegará de un modo u otro. Y lo contrario también se da: llegarás al centro de la tierra escarbando si buscas algo que no es para ti. (y encima saldrás quemadísima, que ahí dentro hay fuego).
Escuchar(nos), eso que ya no hacemos porque tenemos Netflix.
Trabajar(nos), eso que ya no hacemos porque no hay tiempo material del trabajo al gimnasio.
Confiar, eso que ya no hacemos porque no da likes ni seguidores.
Y esta es mi maravillosa conclusión en lo que llevamos de mes. Escuchar, trabajar y confiar (en ese orden) es lo que vengo haciendo desde que empezó el año, un poco antes incluso. Porque en algún momento entre diciembre y enero algo empezó a chirriar (lo sé porque a veces me escucho a pesar de tener Netflix), y decidí parar las máquinas. Escuchar es la parte más jodida para mí, porque nadie te habla. Un chirrido es un chirrido, no te dice mucho, es más, no te dice una mierda, sólo te advierte de algo. Ahora averigua tú el qué... (Puta vida. Ni de coña vivo yo para siempre).
He buscado inspiración divina mirando el cielo negro a las 12 del día, y a las 16, y a las 18... Sólo hay niebla y mijillas blancas de esas que parecen nieve pero no lo son. Las mijillas blancas son poco elocuentes, me identifico más con la niebla ahora mismo, pero tampoco me da respuestas. Entremedias he buscado inspiración divina en YouTube, como cualquier persona de este siglo, incluso en la IA (que lejos de darme respuestas, sí me ha brindado al menos apoyo psicológico). Luego he pasado a mirar el gotelé (que aunque no lo creáis tiene su trama), y por último... he dejado de buscar.
("Si no me hablas, pues no me hables. Paso de tu hocico", le acabé escupiendo a la vida).
Con tal pasotismo por bandera salté al punto dos, y me puse a trabajar en algo. Pero no en algo mío, no en algo para mí, no en algo que me lleve a otro algo. He trabajado en no quedarme quieta, en aprender por el placer de aprender, en escribir por estrategia, en leer con atención y buen juicio (que ahora soy miembro de un jurado en un certamen literario), en cuidar a mis bichos con más atención, en hacer pocas cosas pero importantes cada día, en no enfadarme si justo cuando saco al perro se pone a llover, y en cuanto vuelvo a casa, escampa, en preparar circuitos aunque no me los den, en grabar vídeos aunque no me apetezca. Y en ese trabajar altruista, me colé en el punto tres sin proponérmelo.
Todo lo que hago últimamente lo hago sin expectativas firmes, pero con una confianza de aura mística en que, de alguna manera, es el único camino. Ya ves, los trenes descarrilan, caen bombas del cielo, te disparan por la calle a bocajarro, y una buscándole el sentido a la vida...
Y así es como hoy, siendo casualmente (o no) día 25, he escuchado, con el viento de fondo y el gotelé de frente, que voy bien por donde voy. Que no tener expectativas es lo más liberador del mundo. Que desear cosas (ya sea un sofá nuevo, o que llegue ya el calorcito) está bien, siempre que no suponga una necesidad imperiosa sin la cual no puedas disfrutar de las mijillas blancas que caen del cielo cuando hace tanto frío. Que el trabajo no es trabajo cuando te gusta tu trabajo. Que sentirse perdida es señal de que vas a encontrar algo. Que según los gurús de internet, me esperan siete años de buena suerte porque no sé qué planeta está eclipsando no sé qué estrella (paso... me quedo con la primera parte sin cuestionar).
Y habiendo escuchado todo esto, ya sé que trabajar(me), y va toda mi confianza en ello.
Llevo queriendo vomitar todo esto ("esto" no sabía lo que era hasta ahora) desde ni me acuerdo. Me ha salido hoy, por fin. Y hoy podía haber sido cualquier día, pero es día 25. Y el 25 es un número que me gusta.




















