martes, 28 de octubre de 2014

Una semana de cine

El cine se hace presente estos días. El sábado 25, fuí invitada al programa Dirección Granada, que conduce el Cheff Essieri desde la emisora local EsRadio Granada. El motivo principal era anunciar el estreno del cortometraje "El Olvido", así que fui con su director, José Manuel Anguiano. Nos entrevistaron a ambos y pasamos una mañana genial (en cuanto esté colgada la entrevista la comparto). A parte del cine y de mi carrera, hice mención al Festival Internacional de Tango porque la noche anterior (famosa Noche en Blanco) se celebró una milonga en la Plaza del Carmen y se repartieron dípticos para el festival de marzo. Ser la imagen del mismo me lleva a darle toda la difusión posible y aproveché la oportunidad de hacerlo, no solo por lo que supone para mí la publicidad sino también porque me satisface enormemente, y a un nivel más profundo, ser parte de ésto, tanto por mi relación con sus organizadores (a quienes quiero y admiro) como por mi relación con este género que me invadió y marcó de forma muy significativa desde hace un par de años. La foto encierra mucho más que la mera imagen de un cartel...

Con José M. Anguiano en Dirección Granada
Díptico del Festival de Tango




















Siguiendo con el cine, hoy me han pasado el enlace al corto que rodamos para el 48horas Film Project, dentro del Festival de Jóvenes Realizadores. No es un trabajo sublime pero tiene mucho curro detrás y encima a contrarreloj, y eso tiene su mérito. El corto se tituló "El Ciclomotor del Destino" y está dirigido por No El y Alejandro Roviralta, y producido por Macorreta Films.




Y para el viernes 31, doble estreno. A las 17:00 se proyectará el corto "Camino de Sombras", de David Eating, que rodamos hace un año con Aqueronte Films. Será dentro del VI Festival de Cine de Terror y Fantástico de Peligros, en el Teatro Pablo Neruda. Y esa misma noche, sobre las 23:00, se podrá ver "El Olvido" en el programa "El Mirador de la Cultura" de TG7.
Por otro lado, mañana tengo que entrevistarme con Marcos Julián, director y profesor de la Escuela Teatro Danza La Seducción, para intentar acceder directamente al segundo nivel del curso de Interpretación ante la Cámara. De ser así, comenzaría las clases el miércoles. Tras muchas vueltas, he decidido decantarme por hacer este curso porque creo que me puede llevar a lugares y a personas que aún no conozco.
Es, sin duda, una semana de cine porque encima, hasta el miércoles, se pueden ver pelis por solo 2.90€ en todos los cines; y hay peliculones en cartel, como para no perder la oportunidad. Cierro octubre con las amargas notas de un bandoneón encerradas, de momento, tras una pantalla.


martes, 21 de octubre de 2014

Todo se transforma

Hoy he madrugado. No podía dormir. Tengo la cabeza llena de cosas, ideas, pensamientos... no para de dar vueltas, de hacerse preguntas, de darse respuestas. y no puedo entender casi nada hasta que no ponga orden. Es como una centrifugadora emocional y hacía mucho que no me sentía así. Venía caminando plácidamente por la senda de la tranquilidad, casi hasta el aburrimiento, pero qué a gusto... Y ahora, de pronto, sin buscarlo, sin quererlo, sin motivarlo pasa el huracán de las inseguridades y yo en medio. Y lo peor es que si te quejas pecas de victimismo, y si te callas no eres honesta.


Es imposible atinar, así que lo mejor es hacer lo que te parezca más acertado y que digan lo que quieran. No me las voy a dar de pasota porque no estaría siendo sincera. A mí las cosas me afectan, algunas más, otras menos, pero me afectan, y las tomo como vienen. Es difícil que se entiendan las razones del impacto (por qué tú, por qué ahora, por qué por esto) y es más difícil explicarlas.
A veces aparecen personas que, cual ángeles guardianes, llegan para iluminar el negro túnel en el que te ves. Te aferras a eso, vuelves a la luz. Y de pronto, esos ángeles mutan en demonios que amenazan con devolverte al lugar en el que estabas. Pero ni son ángeles ni son demonios. Tú les has puesto esa etiqueta, sin embargo no son más que personas imperfectas como tú, que has usado como meras herramientas para un fin. Las herramientas nos ayudan, pero pasa que de tanto usar el martillo en algún momento puedes pillarte el dedo, y que la misma herramienta que tanto necesitas ahora te ha hecho daño. A partir de entonces usas el martillo con más cuidado, y entiendes que está en su naturaleza ser tanto una herramienta que te ayuda como un arma que te puede destruir.
No hay maldad, solo hay formas de ser que no se encuentran, y tampoco es tan grave. Mientras el lobo no se disfrace de cordero está todo bien. Lo contrario es lo que no perdono.

Y dejando lo personal a un lado, este sábado me han invitado a la radio, junto a José Manuel Anguiano, para hacernos una entrevista a propósito del último cortometraje que ha realizado y en el que participo (mínimamente pero participo): "El Olvido". Se estrenará el día 31 de octubre en el canal de televisión TG7 de Granada, dentro del programa "El mirador de la cultura", a partir de las 22:00h. La entrevista es más para él, pero el Cheff me ha invitado a que vaya también para hablar de mis trabajos, de lo que hago últimamente, de los proyectos futuros y de un masaje que gané en un sorteo a través del programa. Así que me haré una chuleta o algo, que hablar no es lo mío... El programa (Dirección Granada) se podrá escuchar el sábado en el 96.1. La hora está por confirmar pero en cuanto la sepa pondré toda la info en twitter. Hablaremos de "El Olvido", de "Chocheando", del grupo de Cine en Granada y yo haré especial mención al Festival Internacional de Tango de Granada por ser la imagen del cartel de la 27ª edición.

Soy un desastre en lo personal pero en lo profesional, una niña aplicada, así que seguiremos trabajando para no "desastrarnos".


domingo, 19 de octubre de 2014

Ni una lágrima

Sabía que este fin de semana iba a ser definitorio. Lo que no sabía es que iba a llevarme por delante con esa fuerza. Hay días que una no toma una sola decisión acertada, que te equivocas con todo, al menos aparentemente. Hoy creo que no existen las decisiones equivocadas, y si existen son por una razón. Decir sí cuando quieres decir no, tomar un autobús 10 minutos más tarde cuando podías haber tomado el primero, o pensar en los demás antes que en ti, no son decisiones acertadas pero sirven para entender muchas cosas. De haber hecho lo contrario no sé si hoy me sentiría mejor. De haber hecho lo contrario, no habría derramado ni una lágrima pero tampoco estaría escribiendo esto. Las cosas se ven más claras después de llorar. Me sorprendo a veces de mi capacidad de adaptación pero no creo que eso sea una virtud válida para todo. No tengo por qué encajar siempre y me jode que haya ocasiones en que la necesidad o incluso el orgullo me hagan olvidar quién soy en realidad. Eso de aprender a base de hierros incandescentes es una putada, sobre todo porque deja marca. Siempre me he vanagloriado de conocer a las personas pero de nada sirve si dejas que te pasen por encima, si les permites herirte, si no pones los límites. “Sabía que era un asesino, pero he dejado que me mate para confirmarlo”, ¿de qué sirve eso? ¿De qué sirve ver más allá sino para evitar daños? Seguramente sea culpa mía por querer hacer del mundo (mi mundo, al menos) un lugar agradable en el que cualquiera puede acceder. Voy a empezar a cobrar entrada y desde luego me reservo el derecho de admisión. No todo el mundo merece el mismo trato. Es una discriminación por reciprocidad exclusivamente. Hoy sigo reptando, asumiendo, sonándome los mocos. Mañana… ni una lágrima.

jueves, 9 de octubre de 2014

Sigue la flecha

Hay que darle importancia a las corazonadas. No suelen fallar. Si algo, de entrada, no te convence puedes darle una segunda oportunidad pero normalmente la primera impresión ya te está diciendo mucho. Y al final la intuición acierta. Puedes ignorarla, pero solo tardarás más en llegar al mismo sitio. Recientes acontecimientos me llevan a esta reflexión que, por otra parte, siempre he defendido. Al final todo cae en su sitio. Intentar meter una pieza del puzzle donde no es hará que falle todo lo demás. Cada pieza en su lugar, y solo así se completa la imagen. Y si faltan piezas búscalas porque estarán por ahí (¡seguramente el perro te las ha esturreado!). A veces, no controlarlo todo, te regala inesperadas oportunidades. El mecanismo sigue funcionando sin necesidad de estar encima todo el tiempo.Y aprovechando el tirón de la inercia levamos anclas hacia otros mares. 




domingo, 5 de octubre de 2014

Una semana

Renovar documentos, crear a Erika, salvar una muela, fijar citas, leer el guión de la peli. Ésta tenía que ser una semana "importante" y pasara lo que pasara, incluso aunque no pasara nada, sería significativo. Creo mucho en todo ese rollo del destino. Tanto es así, que casi llegando al finde, me llama José Manuel Anguiano para ofrecerme un papel en un espectacular cortometraje que no pudo ver la luz en su momento y cuyo rodaje ha retomado recientemente. Podía haber estado en Atenas, pero estaba aquí, y esta mañana hemos rodado "EL OLVIDO".


















Por otra parte, la película "En Línea" va por buen camino, hay un equipo importante detrás y ya ha salido en prensa. Rodamos en noviembre, si no hay contratiempos, y estrenamos en mayo de 2015, en el próximo festival de Piélagos en Corto.A veces pasa que por una cuestión de tiempo y/o dinero una no puede hacer todo lo que le gustaría. He tenido que rechazar un papel protagonista en una obra porque no puedo estar 7 meses ensayando para cobrar un mínimo porcentaje de la taquilla, del mismo modo que he tenido que seleccionar los cursos que quiero hacer porque no puedo hacerlos todos. Así, espero incorporarme a final de mes a un taller de teatro corporal que imparte Cristina Carrascosa, que además me ayudará especialmente en la obra "Las mujeres que aman demasiado... o no", puesto que es la directora. Y además buscar (o crear) una obra para microteatro con la ayuda de un buen compañero. Lo que esté por salir lo acomodaré de alguna manera, y mientras tanto seguiremos sorteando obstáculos, mandando currículos, buscando agencias y (citando a Sabina) "pasando de miedos, pasando de credos, pasándolo bien". 


jueves, 18 de septiembre de 2014

¿Muerta de hambre?

Creo que es la primera vez que tengo ganas de otoño. Será porque tengo varias cosas en mente por hacer y todas coinciden en el tiempo. Para empezar en noviembre viajo a Cantabria para rodar la película "En Línea", y antes empezamos con los ensayos de la obra que estamos montando, la cual pensamos estrenar en marzo y moverla lo máximo posible (con grandes posibilidades de llegar a varios puntos de España). Empiezo además algunos cursos, aunque el dinero no me alcanza para todos los que me gustaría. Voy a tener que seleccionar y buscar alguna fuente de ingresos como volver a microteatro y encontrar algún curro de mañana (en eso estoy, de hecho). También últimamente se estila el trueque, así que no descarto intercambiar intereses. De cualquier modo, si he estado un año con el cinturón ajustado y no me ha ido mal, ahora que puedo soltarlo un poco supongo que irá mejor, al menos en ese sentido. Sobre todo cuando encuentras unas Martinelli por 8 euros y puedes ir a ver a Alberto San Juan, por solo 5, al teatro Neruda.
Tengo todos mis sentidos puestos en Madrid para esta temporada. Esperemos que lo que vaya saliendo me acerque un poquito más. Siempre habrá quien te ayude y quien no dé un duro por ti. Yo trato de rodearme de los primeros y hacerle poco caso a los segundos; el mismo que ellos me hacen a mí...
Tal vez algunos/as piensen que soy una muerta de hambre por dedicarme a esto. Pero esta muerta de hambre ha hecho magia con el dinero durante mucho tiempo y por suerte ha "tirao palante". No cambio mi vida ni mi hambre por nada. Los artistas hacen el mundo más bonito, y yo hago más bonita mi vida. ¿Muerta de hambre? Yo como todos los días, pero si no pudiera hacerlo, prefiero ser una muerta de hambre feliz que una desgraciada con el estómago lleno (y de paso guardamos tipito). Como cantaba Facundo Cabral "solamente lo barato se compra con el dinero" .




martes, 2 de septiembre de 2014

Un Día Cualquiera

Cuando los primeros rayos del sol despuntaron, desperté de mi profundo sueño. Me quedé tumbada un rato más mirando al vacío, tratando de adivinar por las luces y sombras que se mezclaban en la habitación si ya era una hora decente para saltar de la cama. Bostecé un par de veces seguidas y me estiré finalmente para despabilarme del todo. La casa permanecía aún oscura y silenciosa y Luis seguía durmiendo. Su despertador no había sonado todavía, aunque lo haría en pocos minutos, así que lo dejé un rato más en la cama y yo salí perezosa al balcón para ver cómo estaba el día; un día precioso seguramente. Sí, todavía era precioso: la brisa fresca de la mañana, las calles aún vacías, la quietud, el silencio... Un silencio que pronto se vería interrumpido por el estrepitoso ruido del camión del butanero, con sus bombonas de color naranja chocando entre sí y los gritos de las vecinas de enfrente en bata y zapatillas pidiendo desde su balcón que le suban una. El ring del despertador que provenía del interior de la casa me hizo ir corriendo al cuarto de Luis, que demoraba en levantarse. Me quedé mirándolo desde la puerta entornada, sin molestar, por si era uno de esos días en los que se quedaba un rato más en la cama. Cuando al fin abrió los ojos y me vio allí parada, esbozó una sonrisa y me llamó a su lado. Me lancé sobre él con una alegría indescriptible. Reposé mi cabeza sobre su pecho sintiendo cómo acariciaba mi pelo una y otra vez. Al cabo de un rato Luis se incorporó, me dio los buenos días con su habitual entusiasmo matutino y mientras preparaba el desayuno empezó a contarme todo lo que tenía que hacer durante el día. Me gusta escucharlo siempre con atención porque gesticula mucho mientras habla y disfruto tratando de descifrar su lenguaje corporal. Y sé que algo es importante cuando repite varias veces el mismo gesto. Reconozco que a veces me pierdo en sus palabras, o me distraigo fácilmente con el aroma del café, de las tostadas, de la mantequilla, pero a él no parece importarle. Creo que simplemente le gusta que lo escuchen.
Tras el desayuno vino la inevitable caminata de cada día. Luis sabe perfectamente que detesto salir por las mañanas, pero de nada sirve negarme, esconderme o hacerme la enferma. Él insiste en ir a caminar justo después del desayuno, quizás porque el resto del día está ocupado en otros asuntos. Reconozco que no me gusta el movimiento que surge durante el día. No soporto los coches, los niños que gritan en el colegio de al lado de casa, el ajetreado ritmo que lleva la gente de acá para allá, las bocinas, los perros ladrando, la señora de las verduras berreando a pulmón… en fin, tanto ruido...
Fuimos a un pequeño parque situado cerca de casa. El intenso olor de los árboles floreciendo y el calor sofocante de aquel sol que cegaba la vista, anunciaba la llegada inminente de la primavera que es cuando normalmente se me cae una cantidad considerable de pelo. Generalmente no hay mucho que hacer en el parque. Suelo limitarme a caminar junto a Luis que cada dos por tres se para a saludar a algún conocido, en cuyo caso yo me siento donde pillo hasta reanudar la marcha. No soy un ser muy sociable. Tiendo a dar la espalda a la gente que no conozco bien. Aquel día, Luis se paró a hablar con una señora gorda y de voz chillona que desprendía un penetrante olor a sudor y que llevaba un perro minúsculo metido en su bolso, el cual se me quedó mirando mientras emitía un sonido semejante al de un tractor a punto de arrancar. Queriendo ignorar a aquel perro y a su pestilente dueña, dirigí la vista hacia otro lado y divisé un gato pequeño y de color tierra que se encontraba acurrucado debajo de un columpio. Traté de acercarme cautelosa para no espantarlo, pero en cuanto me vio venir salió raudo de su escondite y trepó a la rama más alta de un árbol cercano. Aquel gato se me quedó mirando burlonamente desde su posición y consiguió enfadarme. Me era imposible subir a esa altura así que me quedé observándolo, resignada, hasta que me di cuenta de que había perdido a Luis. Miré nerviosa para todos lados, di la vuelta al parque corriendo, lo confundí con un señor que llevaba una camisa parecida, y ya estaba a punto de volver a casa sola cuando finalmente lo encontré sentado en un banco, leyendo el periódico como si nada. Me senté junto a él y no volví a separarme hasta que volvimos a casa.
Cuando llegamos, pude por fin tumbarme en el sofá, descansé, dejé de temblar. Luis estuvo en casa solo un momento y volvió a irse. Pasé el resto de la mañana sola, comí algo a media mañana y me senté plácidamente al sol. De vez en cuando, el chillido agudo de algún niño que jugaba en el patio del colegio, o el ensordecedor concierto de bocinas causado por un atasco en hora punta, me hacían abrir los ojos y salir de mi estupor. Pero fueron los ladridos de uno de los perros de la vecindad lo que llamó mi atención hasta el punto de incorporarme para intentar ver qué ocurría. Aquel perro pequeño y escuálido intentaba salir de uno de los contenedores que se encontraban situados justo enfrente de casa, con tal desesperación y urgencia que casi se podía sentir su respiración acelerada y el temblor de los huesos de sus patas. Continué observando la fatal escena con los ojos como platos y sin poder si quiera pestañear, cuando de pronto se apoderó de mí un terror indescriptible y una inmensa sensación de angustia. Vinieron a mi cabeza recuerdos de un pasado aún temprano que no podía entender y que sin embargo me asustaban. Volví a entrar en casa sin saber qué hacer, di vueltas por el salón, estaba nerviosa. Al final acabé en la cama de Luis, como si allí estuviera a salvo de todo, a salvo de aquel perro que despertó mis miedos, a salvo del maldito ruido. Allí agazapada me quedé dormida. Soñé que un hombre alto, con ojos saltones y enfurecidos de aspecto sucio y con olor a alcohol me metía en una enorme bolsa de basura y me pateaba mientras me gritaba cosas ininteligibles para que me callara. Luego me tiró a un contenedor y se fue. Cuando logré salir de la bolsa, dolorida y asustada, me encontré dentro de aquel cubo de lata gigante del que parecía imposible salir. Trepé apoyándome en las bolsas que había a mi alrededor, pero el maullido agudo de un gato en celo me asustó y volví a caer cuando ya estaba tan cerca de la salida. Conseguí asomar la cabeza por fin y descubrí una calle solitaria, llena de desperdicios, donde solo se podía ver en la oscuridad el brillo de los ojos de las ratas y la silueta de los gatos con el lomo erizado.  Más tarde, y sin saber cómo llegué ahí, me encontré a mí misma desamparada y sola en medio de una carretera inmunda iluminada a penas por una farola que parpadeaba tristemente. Me quedé paralizada en medio de aquel tétrico y solitario paisaje de asfalto sintiendo cómo el ambiente gris que me rodeaba me engullía poco a poco mientras intentaba a duras penas hacer que mi cuerpo, tembloroso por el frío y el miedo que habitaban en mí, respondiera a algún estímulo y pudiera salir de aquel lugar. De pronto el silencio fue interrumpido por el ruido gastado de un motor y la inmensa oscuridad se vio amenazada por la aparición de dos grande ojos de luz que se dirigían hacia mí a una velocidad pasmosa. A partir de ese punto solo recuerdo la imagen de Luis sujetando mi cabeza con gran cuidado y una dulce voz que decía cosas para mí incomprensibles pero cuyo sonido desvelaba ternura y bondad.
Cuando la puerta se abrió y volvió a cerrarse de golpe desperté, olvidando por completo mi horrible sueño. Lo único que quería era saludar a Luis, y que él me abrazara y me hiciera sentir a salvo de todo; que se quedara siempre a mi lado. “¿Qué te pasa? ¿A qué viene ese entusiasmo? Solo he estado fuera un par de horas, ¿tanto me has echado de menos? ¿Quieres que vayamos a dar una vuelta al campo? Podemos pegarnos un chapuzón en el pantano, hace demasiado calor ¿no crees? Vale, vale... tranquilízate, ya estoy aquí. Aunque te deje sola cada día sabes que volveré tarde o temprano. En casa estás a salvo ¿verdad que sí? ¿Qué me dices entonces? ¿Nos vamos? Allí estaremos solos, no habrá gente a estas horas, ni coches, ni ruidos ni ninguna otra cosa que te pueda asustar. Además, conmigo nunca te pasará nada, ya lo sabes...”
Mientras escuchaba las palabras que Luis pronunciaba yo solo podía dar saltos de alegría, sin entender por qué. Respondí a todos sus interrogantes con sonoros ladridos de euforia y nos fuimos al pantano como un día normal, un día como otro cualquiera, al menos que yo recuerde.

(B.J. Granada, mayo 2014)  
A mi Luna