martes, 24 de septiembre de 2024

Pero qué borde...

Parece que de un tiempo a esta parte me he "espabilao" con muchas cosas. Cosas que antes me hacían sentir incómoda e insegura. Antes pensaba que si alguien dejaba de hablarme era culpa mía: algo malo habría hecho sin darme cuenta, algo malo habría dicho sin pensar. Y me ponía a repasar mentalmente mis posibles errores para entender que la otra persona se haya alejado, molestado, o lo que sea. Normalmente no pasaba nada. No había hecho ni dicho nada malo, simplemente la peña va a lo suyo y no se preocupa (como tú) de mantener buenas relaciones o un contacto regular. Yo sí me preocupaba... me preocupaba que fuera por mi culpa. Desde que me vinieron varias de éstas de golpe, entre mayo y septiembre, he observado un cambio gordo en mi actitud. He notado que me da igual lo que pase ahí afuera, en las cabezas de los demás, pero no como otras veces que he tenido que obligarme a dejar de preocuparme, sino que me ha ido saliendo solo, sin proponérmelo. Simplemente, me empezó a ocurrir un día, y le he pillado la gracia. Se vive mucho mejor cuando no intentas descifrar constantemente los pensamientos ajenos. Y creo que este maravilloso estado se lo tengo que agradecer especialmente a mi muy mejor enemigo, ese que vive en las alturas (desde donde siempre me miró), quien, tras varias y disimuladas idas y venidas, consiguió pulsar la tecla exacta en un descuido a su incoherente manipulación. Fue ahí cuando un día me pregunté por qué una tontería me molestaba tanto de unos, y cosas gordas me molestaban menos de otros. Discriminaba en función de lo que me hacían sentir, independientemente de lo que me hubiesen hecho. Es como si alguien a quien quieres mucho te hace una putada gorda, y alguien a quien quiere menos te hace sólo una gamberrada. Te enfadas a muerte con el segundo porque lo quieres menos, y al primero, que te la ha jugado mal, se lo perdonas todo porque lo quieres más. Y dándole vueltas a esto entendí que no sabemos querer; somos irracionalmente  impulsivos, y terriblemente injustos. Y como el problema no era el qué sino el quién, metí a todos los quiénes en el mismo saco, le hice un nudo, y lo lancé lejos. Y al hacerlo todos los malentendidos, todas las mentiras, todas las palabras vacías, todas las acciones interesadas, todos los egos de mierda de los demás (más o menos queridos) se fueron al mismo lugar, muy lejos de mí. Para que se ordenen solos, sin mi intervención, sin mis preocupaciones, sin mis infinitas preguntas al viento. 

Y fue así como empecé a decirme a mí misma "pero qué borde...", y así fue como me hice fuerte, y me volví más despreocupada, más segura, más lista, más pasota, más yo. Porque ya me daba igual caer bien o mal, ser mejor o peor persona, gustar más o menos. Me daba igual "esa" opinión (que en todos los casos sería errónea). Aprendí a manipular, aprendí a jugar sucio, aprendí estrategia, y aprendí a ser egoísta. En definitiva, aprendí de qué va esto en realidad... Cambié el "trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti", por el "trata a los demás como te tratan a ti". Y al hacerlo eliminé todos los filtros que la peña se había puesto para despistar, luciendo tal como son, y se vinieron abajo. Se les derrumbó esa torre de naipes desde donde me miraban, se les cayó el muro que habían construido a mi alrededor. Ahora ya no tienen cómo pillarme. He jugado con las reglas que ellos mismos impusieron, y he ganado yo.  




miércoles, 4 de septiembre de 2024

Alarmas, nacimientos, y golpes de suerte

Este verano, con sus olas de calor, sus intermitentes días de playa y sus countdown de calendario, ha sido un verano interesante. Durante la primera mitad estuve trabajando, y estar trabajando llama al trabajo. Algo que hace unos meses quise que ocurriera, ocurrió sin más. Me dieron ese bolo que tanto deseaba. Fue como un premio de consolación por el casting que no salió, un sorbo de esperanza en mitad de una crisis de fe. Tuve que rechazarlo porque estaba todo en contra, pero lejos de sentirme mal, aquello me hizo recuperar parte del optimismo perdido, y venirme arriba. Cuando algo es para ti lo sabes, no hay más. Tuve que tomar una decisión y lo hice. Y sabes que aciertas cuando por dentro te sientes bien y aliviada (y con el tiempo suficiente, confirmas tal acierto). 
Otra cosa que hace semanas quise que ocurriera, también ocurrió sin más. Recibí ese mensaje de esa persona. Y me alegré de que ocurriera fuera de plazo, porque pude ver con claridad con quién trataba. Llegó tarde, muy tarde. Y tras meditarlo ligeramente le di la oportunidad de hablar tras su demorada disculpa. Pero no lo hicimos, porque una vez más se retrató, y desapareció. Hace años que esa venía siendo la dinámica, y al principio me torturaba pensando cuáles podían ser las razones. Pero aprendemos por las malas, tropezando mil veces en la misma piedra. Y lo bueno de que todo se haya dado así es que ya no hay piedra alguna con la que tropezar. Porque cuando tropiezas con piedras imbéciles, es mejor darles una patada y sacarlas de tu camino; sólo así te aseguras de no volver a tropezar con ellas. Ahora puedo ponerle palabras, pero en su momento lo hice sin saber lo que estaba haciendo. Simplemente era lo que me pedía el cuerpo. 

Desde que pienso más en mí, y menos en los demás, soy más yo y más feliz. Incluso aunque algunos se hagan los ofendidos. Yo no me peleo con nadie (¡qué gasto de energía!), pero sé cuándo estar y cuándo no. Y sé con quién. A veces tomamos la decisión de hacer algo que sentimos que tenemos que hacer, y hay quien no lo entiende, o quien se ofende, o quien te manda mensajes hipócritas. La peña piensa que puede hacer lo que le de la gana sin consecuencias, pero hay consecuencias. Tu pequeña acción egoísta genera mi pequeña reacción egoísta . No hay más. Todos hacemos lo que "necesitamos" hacer en cada momento. Todos actuamos según percibimos las cosas. Así lo hicieron ellos, así lo hago yo, así lo hacemos todos.  Ponerse a pensar en las salpicaduras de tus actos no es ni medio recomendable. Primero porque nadie se tomará ese trabajo contigo, y segundo porque la intuición no falla, y si la escuchas y le haces caso, estás haciendo lo correcto, le moleste a quien le moleste (pero nunca falta el que se ofende cuando actúas como ellos). Así que, en algún momento de este interesante verano, a la Beba super considerada le sonaron todas las alarmas, una detrás de otra, y decidió apagarlas sin hacer ruido, y sin montar escenas (tu ego no le hace sombra al mío). Y es fácil comprobar que hacías bien en mirar por ti: se han borrado (ay... el ego), se han metido solitos en la papelera de reciclaje, y como yo no soy de escarbar en la basura, ahí se quedarán. No pierdo nada, sólo me alejo de hipócritas, de desconsiderad@s y de un auténtico maltratador. 
Todo esto, que ha simple vista puede parecer un dramón, no es más que pinceladas de algo que solamente venía pinchando y necesitaba sacar. Pero no ha sido importante, porque no lo es, nadie lo es. Y yo no pierdo el tiempo creando enemig@s (como parece ser el hobby de otros). La suerte me la creo yo, me siento más yo que nunca, y yo me comparto con quien me hace sentir bien. Como este verano que he podido pasar cuatro ratos estupendos con un colega que no veía desde hacía demasiado tiempo, y con el que ha sido maravilloso reconectar. Hay personas que son como luces de navidad en mitad del oscuro invierno.

Pero la luz más bonita que apareció en mi vida este verano se llama Hugo. Nació el domingo 18 de agosto sobre las 14:15, y aunque veníamos toda la semana esperando ese momento, cuando por fin llegó el día, me costó creérmelo. Mi hermano me mandó la primera foto que le hizo, y cuando la recibí me puse a llorar. Hacía tiempo que no lloraba riéndome al mismo tiempo. Estaba feliz, y estaba emocionada. Ni siquiera verlo en persona me causó ese efecto. Era un bicho pequeñajo y arrugado, igual a cualquier recién nacido, pero verle la cara por primera vez en esa foto me sacudió. Ahí estaba por fin: era mi sobrino. Era esa otra cosa, de las muchas que he deseado a lo largo de este año, que también se hacía realidad. Una de las más importantes, sin duda. 
Pero la vida te da una de cal y otra de arena, sólo para ver cómo reaccionas, para probar tu actitud, para ver si has aprendido algo. Y así, un domingo estás en el hospital recibiendo a alguien que quieres, y al siguiente estás en otro hospital ingresando a otro alguien que quieres. Los últimos planes del verano se truncan y te resignas. Pero esta vez quieres aprobar el examen y te dices: "qué suerte que pueda volver a casa por su propio pie. Y gracias a esta desgracia, lo mismo se quita de encima una enfermedad de las que sí dan miedo de verdad". Y pensando en que una tiene suerte hasta en los momentos más feos es cuando la vida te da el aprobado, y la palmadita en la espalda, y te manda una tormenta para que te de menos pena no estar en la playa, y te baja las temperaturas para que estés más fresquita en el horno de tu casa, y te regala castings, agencias, entrevistas, festivales y posibilidad de bolos en sólo una semana. Estoy estresada, estoy preocupada, y estoy peor que nunca económicamente, y sin embargo, no dejo de pensar que no pasa nada, que de alguna forma se arreglará. Obviamente no por arte de magia, ni tumbándote en la cama a esperar un milagro. Acción y confianza, ése es el combo del éxito. Y si falla, mejor que te pille con buena actitud. Verte en las peores te hace ponerte las pilas y buscar soluciones. 
Me seguirán pasando cosas feas, me seguirán ocurriendo desgracias, seguiré desencantándome con mucha gente, pero siempre intentaré responder a la única pregunta: para qué. Y cuando la pueda responder, sabré qué hacer. 

A la espera de respuesta de un nuevo casting, demasiado conectado con el último (demasiado para obviar la sintonía), no puedo pensar más que en las posibilidades. Lo encaré a contrarreloj, y equipada con las dos cosas bonitas que llevé aquel grandioso día de abril.  Es cuestión de suerte, todos los castings lo son. Y no queda otra que confiar en la suerte, esa cosa abstracta que no tiene pies ni cabeza, que no se puede explicar, que aparece y desaparece, y que, al final, entiendes que le puedes dar la forma que quieras, que la puedes entender, que la puedes manejar, y que aunque a veces no la veamos, existe, se manifiesta. Y la perspectiva del tiempo, y la inmensa e imperturbable atención propia la deja en evidencia. La suerte, esa cosa que algunos te desean de verdad y otros de mentira, pero que sólo depende de una creérsela o no. Pase lo que pase, no sólo con el casting, sino con todos los hilos de los que he tirados estos últimos días, yo ya tengo suerte: mi enfermito está mejorando, mi perro y mi gato respiran, tengo un sobrino precioso y sanote por malcriar, un piso en la playa por si las moscas, un puñaillo de buenos amig@s y una familia enorme y maravillosa. Y tengo Netflix, y HBO Max, y chocolate, y patatas fritas. 
Y me tengo a mí que cada día me quiero más (obí, obí, obí, obá)
ESO es suerte. 

Y me voy a hacer ejercicio, porque también tengo la suerte de tener un cuerpo con todo en su sitio (y delgadito, aunque resulte algo inexplicablemente perturbador para algun@s) que cuidar y mantener. 

Be happy. Be lucky.



lunes, 5 de agosto de 2024

Despertar

España ganó la Eurocopa. Pero el 2-1 no fue sólo el resultado que le dio la victoria. Era mi resultado, el que me animaba a mirar más allá de los números. Y al día siguiente, mientras aún subyacía la esperanza, pensé que pasara lo que pasara en los próximos días, el cúmulo de rarezas coleccionadas tendría que verlas como el faro que alumbra el mar por la noche. Porque quizás todo encajaba; o quizás no, y sólo se quede en algo anecdótico muy lejos del perseguido resultado final. Pero quería dejarlo registrado antes del temido momento en que me tocara despertar. Y el caso es que, a medida que pasaban los días, fui sintiendo como si algo ya me estuviese queriendo preparar para ello. Despertar con otros ojos, con otra visión, para vivir como si no hubiera un mañana del que temer, aprovechando lo que tengo (mientras lo tenga), divirtiéndome con tonterías, y haciendo lo que quiera sin esperar nada a cambio. Cuando vas bien, en el fondo lo sabes, aunque el camino se haga demasiado largo y cansado y den ganas de tumbarse en cualquier lado y pasar de todo. 

Ayer vi una de las pelis más malas y ridículas que se hayan hecho, con uno de los actores que menos me gustan, y con el humor más simplón del mundo. La vi porque, por casualidad, alguien la comentó; en realidad, comentó su final, y me sentí tentada a comprobar lo que decía. Así que la busqué y me la guardé para verla en alguno de esos momento coñazos y aburridos del verano en los que no sabes qué hacer y te pones “algo ligerito” para pasar el rato. Supongo que tenía que ver esa peli. Nunca lo hubiera hecho por mí misma, así que supongo que tenía que toparme con ese comentario que me llevó a ella. Y sí, es una peli estúpida hecha para estúpidos que, sin embargo, te hacen pensar (suponiendo que no seas estúpido y la vieras por casualidad).

Desde aquella final hasta esta película, pasando por la historia y origen del mundo, he estado intentando reubicar mis ideas, armar un puzle difícil, entender algo que aún no entendía. Tenía pistas, muchas, tenía a mi espejito mágico al otro lado del Canal de la Mancha, pero el faro seguía alumbrando un mar incierto, oscuro, y lleno de peligros y bichos de otros mundos. Hasta que algo por fin ha hecho click, y las piezas del puzle han empezado a encajar, y el faro ya no sólo alumbra el camino, sino que te ilumina.

Todo parece tener un nuevo sentido, pero aún necesito tiempo para creérmelo. Creerme que cuando no esperas nada, llega algo. Que las oportunidades hay que agarrarlas, pero sin someterte a ellas. Que el azar no es controlable y de poco sirve ponerse o quitarse (mejor tomarse una birra y aceptar lo que te toque). Me cuesta porque, en parte, siento que estoy renunciando, que me estoy rindiendo, que me estoy conformando. O igual todo esto es la tormenta que precede a la calma como una especie de esperanza autoinducida. En cualquier caso, ¿cómo ignorar lo que parece obvio? 

Da igual lo que pase, y da igual cómo funcione esto porque no puedo hacer mucho más que intentarlo. Tengo un barco, una tripulación y un faro que funciona. Sólo tengo que aprovechar lo que pueda, y dejarme llevar por las olas. Y confiar en que ÉSE es el camino. Parece fácil. Y hasta suena bien. 

Estamos aquí un segundo. 
Nada es tan importante. 

Pero eso lo entiendes al despertar. 

sábado, 13 de julio de 2024

Red-letter day

La pasada noche de San Juan me armé un plan de ensayos que empezaría el 24 de junio; sin saberlo, un día señalado para otra persona (y de rebote, también para mí), ya que ese día acababan las votaciones de algo que se sabrá en julio, y que, sin saberlo, resulta ser el mismo día en que yo acabo mi plan de ensayos. 
Esa noche de San Juan el directo comenzaba con una intrigante canción (24-25), aunque yo no lo vi hasta el 24, en la víspera del otro día señalado, el 25. Todo muy "conveniente". 

A esas alturas ya estaba entendiendo otra vez (a ver si es la última) algo que ya debería haber entendido en el pasado, pero se me escapaban las razones. ¿Y por qué buscarlas? Tampoco las hubo en su momento. ¿Por qué tiene que haber razones? A veces, las cosas son como son. A veces, la gente es como es. ¿Razones? No creo que las sepa nunca, y si así fuera, no creo que llegase a entenderlas. De hecho, estoy en el mismo sitio por tratar de entenderlas entonces. He necesitado mi tiempo para recoger de nuevo los pedacitos rotos que quedan después de la explosiva verdad. Y he vuelto a construir con ellos una renovada esperanza de éxito. No creo que hagan falta las palabras, las explicaciones, o los reproches. Las cosas siguen pasando hasta que las entiendes. Y cuando lo consigues, aunque haya costado, te ves envuelta en una energía rara que te empuja en otra dirección, y te lleva lejos de los lugares conocidos donde ya sólo quedaba estancarse. Lo que necesito lo tengo, y si necesito más, lo tendré (y con esa ligereza que da el no forzar nada). Y lo sé porque cuando una busca, encuentra. Y si te concentras un poco, lo encuentras rápido, porque está en cada detalle. 

Muchas lecciones aprendidas este último mes. Muchas respuestas. Muchos caminos abiertos. Y mucha responsabilidad para no darle un mal uso a todo lo aprendido, y sobre todo, para no precipitarme y perderlo. Siento como si tuviera que proteger algo muy valioso de todo tipo de amenazas, manteniéndolo a salvo de las garras de bestias incansables. 

Y con esta bombona de oxígeno para el alma, y la certeza de lo indescriptible encaré el último cásting que me entró hace apenas dos días. Un cásting que también traía "mensajes" en su descripción, y que fue lo que hizo que me lo tomara con más optimismo del habitual. Tanto me lo creí, tanto, tanto confié en mi suerte, que al acabar de mandar los vídeos que pedían, me entraron unas inexplicables ganas de llorar. Y no sé si eso tiene más de una lectura, pero para no sabotearme, mejor me despreocupo, y me centro en seguir las indicaciones. Me asusta tanto acertar como equivocarme (aunque, obviamente, hay miedos que saben mejor). 

Mañana se la juegan España e Inglaterra, en esa final de Eurocopa que tanto quería. Acerté con eso, quién sabe... lo mismo vienen más días señalados después. 



domingo, 16 de junio de 2024

Apuntes

Seguimos tropezando en las mismas piedras. 

Seguimos mordiendo los mismos anzuelos (¡picaste!). 

Pero buscamos la excusa para ceder siempre: por dinero, por mamá, por mejorar, por encajar... 

Ayer mismo pensaba en la suerte que tengo teniendo lo que tengo; en realidad, sólo la tengo a ella (los demás ni siquiera me caen bien). 

¿Seré yo? ¿Acaso exijo demasiado? ¿O estoy en una dimensión aparte donde mi lógica no aplica en el mundo real? Sí, puede que sea yo... cada vez más misántropa, cada vez más nihilista, cada vez menos tolerante. Al menos sé usar todo eso para reírme, para darle mi propio sentido a lo que no lo tiene, para crear algo bueno, y para destruir lo malo. 

Puede que navegue en aguas turbulentas, pero sé que dispongo de un buen barco, y que siempre tendré a mano mi cuaderno de bitácora para no perder detalle.

domingo, 26 de mayo de 2024

Egoísmo

¿Y si ya hubiésemos estado aquí? Si existiesen las vidas pasadas (un concepto demasiado irracional, pero no por ello descartable), lo mismo es que no tenemos consciencia de ellas porque fuimos seres inconscientes. No sé... animales, plantas, microorganismos, cualquier tipo de vida que no es consciente de su propia identidad, y que por tanto ahora no puede tener memoria de haber existido, pero queda algo de esas vidas a nivel subconsciente. A lo mejor a veces sabemos lo que va a pasar no sólo por experiencia o intuición sino por sabiduría vieja, de la que no hay memoria pero que quedó instalada. Puede que hayamos venido de otras vidas anteriores y super antiguas, y que hayamos pasado por muchas formas distintas de existencia inconsciente antes de convertirnos en seres conscientes, como última etapa (y puede que tampoco sea la última, quién sabe). 

No sé, me pasan cosas raras últimamente. Raras y curiosas. Y me da por filosofar y darle vueltas a la cabeza, y sacar teorías ridículas (o no) para medio explicar lo difícilmente explicable, lo que no tiene una base lógica ni racional. A veces ocurre que sé muy bien lo que va a pasar. Puede deberse a la experiencia, pero me veo venir cosas que a priori no tienen fundamento, no es para verlas venir tan fácilmente. O tal vez es pura intuición porque conozco bien la naturaleza humana y su comportamiento, y sé que somos seres egoístas, y que actuamos de forma egoísta cuando nos entran berrinches estúpidos si no conseguimos lo que queremos, pataleando como niños chicos, y buscando "vengarnos" de alguna ridícula manera. Por suerte para mí, cuando estas cosas pasan no sólo no me afectan, sino que no me pillan por sorpresa porque ya lo sabía, y eso me hace sentir extrañamente "especial". 

Sabía que mi última ocupación se había acabado incluso antes de que se acabara del todo. Si aguanté un poco más fue por no hacerle un feo a quien no correspondía (es un sol de persona; lástima que esté eclipsado), y obviamente, por egoísmo; si aguanto un poco más, gano un poco más. También sabía que ciertos detalles de amigos, ni eran detalles ni eran de amigos. Y este caso es más extraño porque yo no intervenía de ninguna manera. Iba a pasar justo en los días en que pasó, lo tenía clarísimo. Pero no hay mal que por bien no venga, y lo que me han quitado lo he recibido por otro lado (y sin intereses de por medio). 

Da que pensar. Me recuerda a ese episodio de Friends en el que Joey y Phoebe discuten porque el primero defiende que no existen las buenas acciones desinteresadas, y la segunda intenta demostrar que se equivoca, pero no puede. Siempre queremos conseguir algo a cambio, siempre buscamos ganar, quedar por encima, sentirnos mejor, o (en los casos más despreciables) hacer sentir peor a otros para tratar de equilibrar la balanza. Una acción bastante triste, pero ampliamente extendida. Y suele venir de los que tienes más cerca, y de los que menos te lo esperas, aunque esto último no aplica en mi caso, porque a mí me saltan las alarmas antes, por lo visto. Yo sí me lo espero (a menos que haya malentendidos de por medio, o alguna interferencia rara en la comunicación, que a veces pasa, pero es más raro). El caso es que al final caes en la cuenta de que ya lo sabías, y que además sales ganando tú. Ahora tengo lo que quería: no más ataduras, no más malos rollos, no más consentir, no más pedir permiso, no más falsedad, no más mentiras.

Y he tenido que pararme un poco para centrarme y darme cuenta de que entre las cosas "perturbadoras" que han sucedido en la última semana y media , también ha habido lugar para cosas bonitas: Que por primera vez en 30 años "El Batracio Amarillo" haya sido nominado a los premios Pop Eye a mejor publicación nacional (la gala fue anoche y no ganamos, pero la nominación es un buen motivo de alegría), que me haya salido un bolo para el próximo miércoles, haber vuelto a ver a Juan después de mucho tiempo, el lanzamiento de dos canciones en las que participo haciendo coros (¡quién me lo iba a decir!), mis dos artículos de la revista de este mes, que mi cuñada me haya compartido su cuenta de Max... Cuántas coooosaaaas.

Me voy a andar. Que a pesar de la mala calidad del aire, y el calorazo que sigue haciendo a las 20h de la tarde, las mejores coooosaaaas están ahí afuera. Sólo hay que saber mirar (y ser un poco egoísta). 

"MALDITO DYLAN"

                                           "COMO LAS MEJORES COSAS"

martes, 7 de mayo de 2024

El final del camino

Ya se acabó. El domingo hice mi última semana de "rehab". Han sido tres meses tan intensos y bonitos que casi tengo miedo de haber terminado, y que de pronto todo se derrumbe. Pero no es eso lo que he aprendido. He aprendido más bien lo contrario: a tener suerte, a creer para crear, a dedicarme el tiempo necesario (con sus ratos de "aburrimiento" incluidos), a esperar lo mejor, a tirarme (porque aparecerá la red), a ponerme delante de la montaña y subirla sin mirar arriba, a estar atenta, a pedir y (mágicamente) recibir, a ocuparme de la cantidad y confiar en la calidad... Y no lo he aprendido por leerlo en las páginas de un libro; lo he aprendido porque me ha pasado, porque lo he experimentado, porque lo he vivido tal cual. Me tomarían por loca si me pongo a contar la de cosas "raras" e increíbles que me han pasado en los tres últimos meses. De hecho, perderían sentido si las cuento. Hay que vivirlo. Hay que estar ahí para entenderlo. Como el chiste: Un judío llega al cielo, le cuenta a dios un chiste sobre el holocausto, y dios le dice "no lo pillo, no le veo la gracia" y el judío le contesta "supongo que tenías que haber estado allí". 

Estos dos días ya no he escrito nada. De hecho venía haciéndolo de forma muy escueta las últimas veces. Igual cambio los cuadernos por el Word y continúo con la práctica. Salen cosas interesantes a veces.
También seguiré, ahora de forma más consciente, buscando ratos de esparcimiento para mí sola. La buena temperatura acompaña. 
Lo más destacable de la semana es que el domingo me encontré en la calle algo que cuatro días antes había pensado que quería encontrar. Así de bizarra está mi vida últimamente. Encuentro las cosas que quiero encontrar (esa moneda, aquella piedra) sin buscarlas, sólo estando atenta. Me tropecé literalmente con ellas. Y llegan dentro del plazo, pero rozando el final. La paciencia es algo que también he aprendido. Llegar, llega, pero a su tiempo. 
Tengo que dejar los malos vicios y la procrastinación. Esos hábitos de mierda que me absorben el tiempo y la energía. Puedo hacerlo (¡puedo hacer lo que quiera!), pero tengo que querer hacerlo, buscar las razones adecuadas, las que a mí me sirvan... (siempre estará mi "vieja, gorda y cansada obsesión" de por medio para ayudar). 

IDEAS. Tengo la cabeza llena de ideas. Y lo más loco de todo es que creo que hasta las más absurdas, ridículas e improbables pueden acabar sucediendo. 


¡GRACIAS ECDA!