Mañana se la juegan España e Inglaterra, en esa final de Eurocopa que tanto quería. Acerté con eso, quién sabe... lo mismo vienen más días señalados después.
sábado, 13 de julio de 2024
Red-letter day
Mañana se la juegan España e Inglaterra, en esa final de Eurocopa que tanto quería. Acerté con eso, quién sabe... lo mismo vienen más días señalados después.
domingo, 16 de junio de 2024
Apuntes
Seguimos tropezando en las mismas piedras.
Seguimos mordiendo los mismos anzuelos (¡picaste!).
Pero buscamos la excusa para ceder siempre: por dinero, por mamá, por mejorar, por encajar...
Ayer mismo pensaba en la suerte que tengo teniendo lo que tengo; en realidad, sólo la tengo a ella (los demás ni siquiera me caen bien).
¿Seré yo? ¿Acaso exijo demasiado? ¿O estoy en una dimensión aparte donde mi lógica no aplica en el mundo real? Sí, puede que sea yo... cada vez más misántropa, cada vez más nihilista, cada vez menos tolerante. Al menos sé usar todo eso para reírme, para darle mi propio sentido a lo que no lo tiene, para crear algo bueno, y para destruir lo malo.
Puede que navegue en aguas turbulentas, pero sé que dispongo de un buen barco, y que siempre tendré a mano mi cuaderno de bitácora para no perder detalle.
domingo, 26 de mayo de 2024
Egoísmo
¿Y si ya hubiésemos estado aquí? Si existiesen las vidas pasadas (un concepto demasiado irracional, pero no por ello descartable), lo mismo es que no tenemos consciencia de ellas porque fuimos seres inconscientes. No sé... animales, plantas, microorganismos, cualquier tipo de vida que no es consciente de su propia identidad, y que por tanto ahora no puede tener memoria de haber existido, pero queda algo de esas vidas a nivel subconsciente. A lo mejor a veces sabemos lo que va a pasar no sólo por experiencia o intuición sino por sabiduría vieja, de la que no hay memoria pero que quedó instalada. Puede que hayamos venido de otras vidas anteriores y super antiguas, y que hayamos pasado por muchas formas distintas de existencia inconsciente antes de convertirnos en seres conscientes, como última etapa (y puede que tampoco sea la última, quién sabe).
No sé, me pasan cosas raras últimamente. Raras y curiosas. Y me da por filosofar y darle vueltas a la cabeza, y sacar teorías ridículas (o no) para medio explicar lo difícilmente explicable, lo que no tiene una base lógica ni racional. A veces ocurre que sé muy bien lo que va a pasar. Puede deberse a la experiencia, pero me veo venir cosas que a priori no tienen fundamento, no es para verlas venir tan fácilmente. O tal vez es pura intuición porque conozco bien la naturaleza humana y su comportamiento, y sé que somos seres egoístas, y que actuamos de forma egoísta cuando nos entran berrinches estúpidos si no conseguimos lo que queremos, pataleando como niños chicos, y buscando "vengarnos" de alguna ridícula manera. Por suerte para mí, cuando estas cosas pasan no sólo no me afectan, sino que no me pillan por sorpresa porque ya lo sabía, y eso me hace sentir extrañamente "especial".
Sabía que mi última ocupación se había acabado incluso antes de que se acabara del todo. Si aguanté un poco más fue por no hacerle un feo a quien no correspondía (es un sol de persona; lástima que esté eclipsado), y obviamente, por egoísmo; si aguanto un poco más, gano un poco más. También sabía que ciertos detalles de amigos, ni eran detalles ni eran de amigos. Y este caso es más extraño porque yo no intervenía de ninguna manera. Iba a pasar justo en los días en que pasó, lo tenía clarísimo. Pero no hay mal que por bien no venga, y lo que me han quitado lo he recibido por otro lado (y sin intereses de por medio).
Da que pensar. Me recuerda a ese episodio de Friends en el que Joey y Phoebe discuten porque el primero defiende que no existen las buenas acciones desinteresadas, y la segunda intenta demostrar que se equivoca, pero no puede. Siempre queremos conseguir algo a cambio, siempre buscamos ganar, quedar por encima, sentirnos mejor, o (en los casos más despreciables) hacer sentir peor a otros para tratar de equilibrar la balanza. Una acción bastante triste, pero ampliamente extendida. Y suele venir de los que tienes más cerca, y de los que menos te lo esperas, aunque esto último no aplica en mi caso, porque a mí me saltan las alarmas antes, por lo visto. Yo sí me lo espero (a menos que haya malentendidos de por medio, o alguna interferencia rara en la comunicación, que a veces pasa, pero es más raro). El caso es que al final caes en la cuenta de que ya lo sabías, y que además sales ganando tú. Ahora tengo lo que quería: no más ataduras, no más malos rollos, no más consentir, no más pedir permiso, no más falsedad, no más mentiras.

Y he tenido que pararme un poco para centrarme y darme cuenta de que entre las cosas "perturbadoras" que han sucedido en la última semana y media , también ha habido lugar para cosas bonitas: Que por primera vez en 30 años "El Batracio Amarillo" haya sido nominado a los premios Pop Eye a mejor publicación nacional (la gala fue anoche y no ganamos, pero la nominación es un buen motivo de alegría), que me haya salido un bolo para el próximo miércoles, haber vuelto a ver a Juan después de mucho tiempo, el lanzamiento de dos canciones en las que participo haciendo coros (¡quién me lo iba a decir!), mis dos artículos de la revista de este mes, que mi cuñada me haya compartido su cuenta de Max... Cuántas coooosaaaas.
Me voy a andar. Que a pesar de la mala calidad del aire, y el calorazo que sigue haciendo a las 20h de la tarde, las mejores coooosaaaas están ahí afuera. Sólo hay que saber mirar (y ser un poco egoísta).
"COMO LAS MEJORES COSAS"
martes, 7 de mayo de 2024
El final del camino
Ya se acabó. El domingo hice mi última semana de "rehab". Han sido tres meses tan intensos y bonitos que casi tengo miedo de haber terminado, y que de pronto todo se derrumbe. Pero no es eso lo que he aprendido. He aprendido más bien lo contrario: a tener suerte, a creer para crear, a dedicarme el tiempo necesario (con sus ratos de "aburrimiento" incluidos), a esperar lo mejor, a tirarme (porque aparecerá la red), a ponerme delante de la montaña y subirla sin mirar arriba, a estar atenta, a pedir y (mágicamente) recibir, a ocuparme de la cantidad y confiar en la calidad... Y no lo he aprendido por leerlo en las páginas de un libro; lo he aprendido porque me ha pasado, porque lo he experimentado, porque lo he vivido tal cual. Me tomarían por loca si me pongo a contar la de cosas "raras" e increíbles que me han pasado en los tres últimos meses. De hecho, perderían sentido si las cuento. Hay que vivirlo. Hay que estar ahí para entenderlo. Como el chiste: Un judío llega al cielo, le cuenta a dios un chiste sobre el holocausto, y dios le dice "no lo pillo, no le veo la gracia" y el judío le contesta "supongo que tenías que haber estado allí".
lunes, 29 de abril de 2024
Combustible
Ya casi en el último tramo de este viaje.
Sigo escribiendo cada mañana, y sigo parando cuando lo considero, casi siempre por falta de tiempo o de ideas, pero en cualquier caso, menos de lo recomendado.
No he tenido la paz necesaria para organizar cosas diferentes (no la he tenido desde marzo), pero aprovecho cada rato de soledad para "jugar". El tiempo no ha venido acompañando mucho para tirarse a la calle últimamente.
Prestar atención es lo que más he sacado en claro desde que empecé con todo esto. De hecho, desde que curro los findes, mi atención está más dispersa, y lo he notado mucho. Sobre todo en los pequeños detalles. Esos que saben tan bien. Es algo a tener en cuenta.
Ayer, como siempre, estaba demasiado cansada para pensar y por eso no escribí. Llegué pronto a casa (los tres días he llegado pronto a casa) y desconecté del mundo un par de horas. Sólo cuando despegué el culo de la silla y me di una ducha larga, volví al mundo de los vivos, para ascender a los cielos momentos después, cuando entré en X (un placer volver a verte, y a oírte, dear). Y ahí sí... ahí me olvidé del bar, de la gente estúpida, y de la posibilidad de verme de nuevo sin rumbo, porque la ducha y los chistes "dobles" me llevaron a otro sitio mejor. Al sitio perfecto. Ese en el que me inspiro y me ayuda a escribir, a estudiar, a sonreír, y a vivir mejor.
Y si ocurre que de nuevo sobro, que de nuevo no encajo, que de nuevo no estoy en mi lugar, sólo tengo que buscar donde sé que está lo bueno. Tan cerca y tan lejos, pero tan a mano. Combustible. Y a seguir...
martes, 23 de abril de 2024
Feliz de estar aquí
Hoy es martes. Lo sé... el domingo me dediqué a descansar, y el lunes se me fue en otros quehaceres. Pero no quería hacer el registro sólo porque tenía que hacerlo. Quería dedicarle el tiempo que se merece, porque justamente la semana pasada fue la semana clave. La semana que, sin duda, HABÍA QUE REGISTRAR. Y no porque toque, sino porque todo este trayecto, todas estas semanas de aprendizaje, lecturas, tareas y ejercicios de fe ciega tenían un claro objetivo, y ese objetivo se cumplió el sábado.
Terminé de escribir Beba al Desnudo el 25 de junio del año pasado. Unas páginas con las ideas ordenadas, con coherencia y con una longitud considerable. Pero estaba en bruto. Había que pulir mucho, y eso me llevó varios meses más. Puliendo, reescribiendo, reestructurando, quitando y añadiendo estuve hasta este mes de marzo. Ese era mi mes para dejar el papel y empezar a levantar el material, a ponerlo de pie, a darle vida. Pedí ayuda, pero no la recibí. Y tuve que resignarme a montar esto yo sola. Me iba a llevar más tiempo, pero ya está. Cuando me llegó la convocatoria para mostrar 15 minutos vi la gran oportunidad de demostrarme si esto era algo viable, o tendría que darme por vencida. Era la ocasión perfecta para probarme. Y esa ocasión la vi perdida cuando empecé a trabajar los fines de semana, pero una vez más TODO me llevaba por el mismo camino: estrenar. Me dieron el día libre en el curro, y no me quedó otra que ponerme las pilas. En menos de cinco días monté una pequeña parte del espectáculo, un monólogo de 15 minutos sacado de un todo que dura como hora y media. Si podía hacer ese trozo, podía hacer el resto. Y lo hice (mejor "cita" ever). Con todos los nervios, con todas las dudas, con todo el miedo del mundo. Por primera vez me ponía delante de un montón de gente a mostrar algo exclusivamente mío. Un monólogo escrito por mí, dirigido por mí e interpretado por mí. Me metí "la luna" en el bolsillo, y salí con una fingida confianza en mí misma ("porque soy una actriz de puta madre") a comerme el escenario, cuando unos minutos antes estaba convencida de que el escenario me comería a mí.
No puedo describir tantas cosas buenas, no sé hacerlo. Yo estoy acostumbrada a quejarme, no a celebrar (eso lo hago en los bares). Decir que todo fue bien sería quedarme corta. Porque fue bien, pero lo que significó para mí, más allá de los aplausos, las risas y las felicitaciones, no tengo forma de explicarlo. Mi alegría, más que a nivel profesional, era a nivel personal. Por fin la respuesta. Por fin la recompensa. Por fin un camino seguro sobre el que pisar, sin minas imaginarias ni bifurcaciones.
Lo mejor que hice por mí toda la semana pasada fue concentrarme en mí, y ensayar, y fijar el texto. Y sí que hubo cosas "raras", las hay todo el tiempo. Como el viernes en el bar. "Si puedo hacer un huevo de codorniz sin que se me rompa... ". Y lo hice. "Tírate y aparecerá la red" (me lo repito como un puto mantra). ¿Qué podía salir mal entonces?
Me quedan dos semanas. Vamos a aprovecharlas.
Insignificante en esta inmensidad, pero con super poderes para atravesar el multiverso. Porque hasta en el día mas oscuro se puede encontrar el camino (y hasta te puede llegar la canción perfecta que ya lo dice todo por ti).
lunes, 15 de abril de 2024
Ventregada
Vuelvo a hacer el registro en lunes porque (bendita suerte) ayer estaba demasiado acelerada para escribir. La semana fue relajada en general, dejé oficialmente el curso de inglés y esperé lo más pacientemente que pude a que llegara el miércoles para recibir noticias del bar: ¿"gracias pero no vamos a contar contigo"?, ¿"vuelve el finde otra vez"?... me esperaba cualquier cosa. Y el miércoles se acabó la incertidumbre: "Buenas tardes, Beba, ¿te vienes el viernes para las 12:30?", y con ese mensaje se me abrieron las puertas del cielo.
En medio de esos tres días pasé por distintos estados. No me centraré en los detalles, pero el domingo estaba convencida de que sería mi último día allí, porque iba a poner algunas condiciones para continuar que no esperaba que aceptaran. Pide y se te dará es la frase que mejor resume un domingo glorioso tras dos días de dudas, autocompasión y al borde del colapso. No puse una condición, puse varias. Todas aceptadas. Incluso, ¡incluso! me han dado el próximo sábado libre para estrenar el trocito de monólogo, una fecha que tenía cerrada desde marzo, y que tendría que cancelar con esto del trabajo. Pensé que después de que me aceptaran todo lo que pedí, no era recomendable apretar más a la suerte pidiendo un sábado entero libre. Pero no lo di por hecho y probé. Algo me decía que preguntara. Algo me decía que TENÍA que preguntar. Y sí... este sábado estreno, porque tengo el mejor jefe del mundo. Y, últimamente, la mejor suerte del mundo. Llegué a casa más temprano de lo que esperaba, con los bolsillos llenos, y sin poder creerme tanta buena racha, tanta recompensa, tantos regalos caídos del cielo.
Cuando leí mis páginas el lunes descubrí cosas interesantes, patrones, quejas sistemáticas... fue el ejercicio más iluminador. Como también lo fue hacer memoria de miedos y resentimientos. Y todo lo que me viene pasando me encamina a aquello que quiero, al lugar soñado. Poner mis prioridades en su sitio (o sea, lo primero), y tratarme como "lo que soy" nunca me ha salido tan jodidamente bien. Va a ser verdad que todo es cuestión de fe. Incluso si la cosa se torciera en algún momento, ahora sé que significaría algo bueno, algo mejor... (¿sólo con creerlo?). Parece que es así... que no es suerte, ni magia.. Es querer, creer y confiar, por lo visto.
La de cosas que estoy aprendiendo...
La de cosas que estoy recibiendo...
Hoy, metida ya en una semana nueva, he empezado con las nuevas directrices. Tomarme el día de descanso ha sido lo primero. Un día para recapitular, para no imponerme nada, y, muy especialmente, para aliviar tensiones, lo que no me ha dejado capacidad para más. Hay días así; y me encantan. Por más tortuoso que sea en el fondo.



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