Si algo me apena de que se acabe el año es sentir que quedan asuntos pendientes que no he podido cerrar. Al menos uno. Sé que no es importante y que se arreglará pronto, pero me hubiera gustado no llevármelo al 2016, aunque como suele pasar, no solo depende de mi. Sea como sea, dejo el 2015 colmada de atenciones, plena por el trabajo y agradecida (por no decir flipando) de la buena suerte que me ha acompañado, a pesar de que también ha habido momentos feillos.
Hoy ha sido un día raro, casi vacío, pero con detalles que presiento que van a determinar el resto del año en muchos sentidos, y estoy tan intrigada como temerosa... Y no solo hoy. Creo que los últimos acontecimientos de este mes que ya muere van a marcar un camino que a saber a dónde me llevará.
La navidad, época que cada año me gusta menos, se lleva mejor con trabajo, y mejor aún con amigos que te dan sorpresas. Yo soy muy dejada para los detalles, a menos que algo me obsesione, sin embargo he recibido detalles por todos lados. "La vie en rose" sonará para siempre en mi cajita de música. Los bombones del karma han dejado una dulce intención cósmica. Las fotos de las navidades pasadas no quedarán en fantasmas. Y ese doble "reencuentro" abre ahora las puertas de un teatro (quién sabe si habrá más puertas).
Me voy a Madrid en enero para ver a muchas personas que con suerte me ayudarán a meter la cabeza en otra cosa, pero antes hago una parada en Oriente y me vuelvo a subir a las carrozas de la cabalgata de Granada. Y a tientas y expectante, comienzo nuevos proyectos y continuo con los que creo que valen la pena, aun a riesgo de la decepción y el fracaso. Intentando no fallar a nadie pero sobre todo no fallarme a mi. Parece fácil... pero no lo es en absoluto. Y como new year's resolutions voy a ver si me quito de fumar que no se puede cantar con tanto humo, y voy a aprender a tocar el ukelele (con cervezas incluidas, quizás...), y voy a seguir montando a caballo hasta que controle los saltos, y voy a tomar clases de teatro gestual, y voy a dejarme el alma en todo lo que haga, ya sea en la calle, en un hotel, en frente de un micrófono o delante de una cámara. Construyo la escalera y la haré tan alta como quiera, el límite es el cielo, tanto en lo profesional como en lo personal.
En compañía se sube mejor.
FELIZ 2016
jueves, 31 de diciembre de 2015
viernes, 18 de diciembre de 2015
De gorra
Hace un par de días conocí mejor a una señora llamada Edith Piaf. La película, "La vida en rosa", me llegó en el mejor momento posible (encima hoy le han dedicado un programa especial en "Saber y Ganar").
Los mejores artistas, o la gran mayoría, empezaron en la calle, a la gorra, a merced de la voluntad de los viandantes, muchos de los cuales ni siquiera se paran a mirar quién es esa persona que se atreve a mostrarse sin ningún reparo ante el público; qué hace, por qué lo hace. Algunos curiosos se detienen un momento antes de reanudar su camino, otros prestan atención, unos pocos incluso se conmueven, o se divierten, o aprenden y entonces dejan su monedita, se interesan por el/la artista y aprecian que existan, que se muestren "gratis", porque quizás algún día cobren un pastón por el mismo espectáculo y ya no lo puedan pagar. Edith Piaf, como tantos y tantas más, empezó cantando en la calle y al terminar pasaba la gorra, y quizás malvivía, pero alguien la vio y se la llevó a cantar a un local, donde otra persona también la vio y la convirtió en algo mucho más valioso, tanto que al final llegó a convertirse en icono. Ya no era una cría desaliñada cantando en la calle, era la Piaf.
Mañana me voy a la calle con dos de los mejores actores que hay en Granada, a pasar la gorra. Puede que no saquemos un duro, o que como mucho nos dé para irnos de cervezas, pero en ese caso brindaremos por ser lo que somos, y hacer lo que nos gusta, sin pudor y sin pretensiones. Será mi primera experiencia "a la gorra" y la voy a disfrutar pase lo que pase. No se disfruta solamente en un gran teatro rebosante de público. Si haces lo que te gusta lo disfrutas donde sea que lo hagas, y no es más artista el que está en los escenarios, ni mejor el que se licencia en las escuelas. Es artista el que demuestra su arte y el que lo defiende, ya esté en el Carnegie Hall o a pie de calle. Y este fin de semana, esta insignificante artista con todo por aprender, se tira a la calle a hacer lo que le gusta y "de gorra".
Con esta escena de la película, me despido, con esta pedazo de actriz que es Marion Cotillard, y con este canto, que es el mío, de la enorme Edith Piaf.
Los mejores artistas, o la gran mayoría, empezaron en la calle, a la gorra, a merced de la voluntad de los viandantes, muchos de los cuales ni siquiera se paran a mirar quién es esa persona que se atreve a mostrarse sin ningún reparo ante el público; qué hace, por qué lo hace. Algunos curiosos se detienen un momento antes de reanudar su camino, otros prestan atención, unos pocos incluso se conmueven, o se divierten, o aprenden y entonces dejan su monedita, se interesan por el/la artista y aprecian que existan, que se muestren "gratis", porque quizás algún día cobren un pastón por el mismo espectáculo y ya no lo puedan pagar. Edith Piaf, como tantos y tantas más, empezó cantando en la calle y al terminar pasaba la gorra, y quizás malvivía, pero alguien la vio y se la llevó a cantar a un local, donde otra persona también la vio y la convirtió en algo mucho más valioso, tanto que al final llegó a convertirse en icono. Ya no era una cría desaliñada cantando en la calle, era la Piaf.
Mañana me voy a la calle con dos de los mejores actores que hay en Granada, a pasar la gorra. Puede que no saquemos un duro, o que como mucho nos dé para irnos de cervezas, pero en ese caso brindaremos por ser lo que somos, y hacer lo que nos gusta, sin pudor y sin pretensiones. Será mi primera experiencia "a la gorra" y la voy a disfrutar pase lo que pase. No se disfruta solamente en un gran teatro rebosante de público. Si haces lo que te gusta lo disfrutas donde sea que lo hagas, y no es más artista el que está en los escenarios, ni mejor el que se licencia en las escuelas. Es artista el que demuestra su arte y el que lo defiende, ya esté en el Carnegie Hall o a pie de calle. Y este fin de semana, esta insignificante artista con todo por aprender, se tira a la calle a hacer lo que le gusta y "de gorra".
Con esta escena de la película, me despido, con esta pedazo de actriz que es Marion Cotillard, y con este canto, que es el mío, de la enorme Edith Piaf.
martes, 8 de diciembre de 2015
Reencuentros
"El Reencuentro" es el título de la pieza que tenemos en cartel en Microteatro Granada durante el mes de diciembre pero no es el único reencuentro. Estos días me he reencontrado con viejos amigos, con sentimientos enterrados, con el enigma indescifrable de ciertos ojos que miran pero no ven... y me he reencontrado conmigo misma en situaciones olvidadas. Pero estoy contenta por muchas cosas. El fin de semana de estreno hemos tenido lleno absoluto, y con el dinero que saque podré comprarme un ukelele. Ya me lo podría comprar con lo recaudado estos dos días pero quiero uno bueno porque es para tocarlo con mi banda ¡y mi banda es buena! Tengo que aprender un par de canciones, muy chulas ambas, y sobre todo soltarme lo suficiente para poder tocar en público. Con suerte, estaremos estrenando en el mes de marzo.
Y esto de que se esté acabando el año no me entristece para nada esta vez. El 2015 ha sido increíblemente bueno en general, pero tengo ganas de que se acabe y descubrir qué está por venir. Lo bueno queda para siempre y lo malo, que también lo ha habido, me da un poco igual. Sé que debe haber alguna razón cósmica incomprensible para que ocurran ciertas cosas que a priori consideramos malas, como personas que se quedan en el camino y desaparecen de mi vida, el tener que aceptar que Luna se hace mayor, que proyectos y compañeros por los que he apostado pasen de todo, o no interesarle en absoluto a quienes más desearía impresionar. Y haciendo acopio de orgullo he "reencontrado" razones para dejar pasar la oportunidad perfecta con quien nunca me dará esa oportunidad (y que hasta eso me parezca bien).
Con este teaser os invito a tod@s a acompañarnos el próximo finde en Microteatro Granada. Somos unas bajunas pero estamos graciosas.
Y esto de que se esté acabando el año no me entristece para nada esta vez. El 2015 ha sido increíblemente bueno en general, pero tengo ganas de que se acabe y descubrir qué está por venir. Lo bueno queda para siempre y lo malo, que también lo ha habido, me da un poco igual. Sé que debe haber alguna razón cósmica incomprensible para que ocurran ciertas cosas que a priori consideramos malas, como personas que se quedan en el camino y desaparecen de mi vida, el tener que aceptar que Luna se hace mayor, que proyectos y compañeros por los que he apostado pasen de todo, o no interesarle en absoluto a quienes más desearía impresionar. Y haciendo acopio de orgullo he "reencontrado" razones para dejar pasar la oportunidad perfecta con quien nunca me dará esa oportunidad (y que hasta eso me parezca bien).
Con este teaser os invito a tod@s a acompañarnos el próximo finde en Microteatro Granada. Somos unas bajunas pero estamos graciosas.
domingo, 29 de noviembre de 2015
Sin "peros" en la lengua
Los juegos que la gente juega pueden dar para un inquietante análisis psicológico de la actitud del ser humano. Una radiografía de la sociedad y de las relaciones personales. Cuidamos cada detalle al milímetro, escogemos cuidadosamente el vestido más adecuado, el calzado que mejor combina, el peinado e incluso el color de los labios. Con un par de pinceladas somos capaces de ocultar lo que no queremos que se vea, y con otras dos, resaltar lo que queremos destacar. Es el ritual de un típico sábado por la noche, y el empeño depende del juego al que se juegue. Yo, no sé si por lucidez o por experiencia, entiendo las reglas de casi todos, y como suele ocurrir en los juegos siempre hay algún tramposo. Y a veces, aún conociendo las trampas, nos animamos a jugar. Ganarle al tramposo es la motivación que necesitamos para "resplandecer", y una juega sus mejores cartas, incluso se las muestra al contrincante en un intento de decirle "si me ganas es porque haces trampas Y LO SÉ". Perder nunca es tan gratificante como en estos casos.
Ayer me dijo un amigo "si te curras mucho algo y trabajas para conseguirlo, cuando llegue la oportunidad te pillará preparada", y no podría estar más de acuerdo. Volviendo a casa pensé en el significado de muchas cosas, y de esta frase en particular, y llegué a conclusiones paradójicas acerca del rechazo y las muchas cosas que nos sugiere, y lo bien que sienta conocer el terreno que pisamos, y sabernos capaces de reaccionar, entender, asumir y descartar. Y justo antes de llegar al portal, con la sensación de estar dándome contra un muro y casi convencida de los muchos caminos alternativos que hay, me acordé de ese nombre, Warren Beatty (yo también tengo mis propios juegos).
¿Cuáles serán los factores para que te valoren positivamente? Y no me refiero al típico "nos ha encantado pero...", como ocurre en los castings. ¿Qué es lo que hay que hacer para eliminar el "pero"? ¿Qué hay que decir, vestir, responder o cantar? ¿Cómo hay que moverse, mirar o sonreír? ¿Cuál es la clave para llegar a "nos ha encantado" y punto? Y lo más gracioso... ¿por qué cuanto menos empeño le pones a algo mejor te valoran? ¿Es esa la actitud? ¿Pasar de todo? ¿Algo en plan "esta soy yo y si no te gusta me da igual"? Porque parece que así se consiguen muchas más cosas... y ahora resulta que los conocimientos juegan en mi contra, que tengo que olvidar lo que tanto ha costado aprender. Pues no sería yo entonces. Sé por experiencia que quien te quiere te busca. Ocurre en los castings, y ocurre en la vida. Y probablemente la vida no sea más que un gran casting multitudinario donde no a todo el mundo le encantas... "sin peros en la lengua".
Ayer me dijo un amigo "si te curras mucho algo y trabajas para conseguirlo, cuando llegue la oportunidad te pillará preparada", y no podría estar más de acuerdo. Volviendo a casa pensé en el significado de muchas cosas, y de esta frase en particular, y llegué a conclusiones paradójicas acerca del rechazo y las muchas cosas que nos sugiere, y lo bien que sienta conocer el terreno que pisamos, y sabernos capaces de reaccionar, entender, asumir y descartar. Y justo antes de llegar al portal, con la sensación de estar dándome contra un muro y casi convencida de los muchos caminos alternativos que hay, me acordé de ese nombre, Warren Beatty (yo también tengo mis propios juegos).
¿Cuáles serán los factores para que te valoren positivamente? Y no me refiero al típico "nos ha encantado pero...", como ocurre en los castings. ¿Qué es lo que hay que hacer para eliminar el "pero"? ¿Qué hay que decir, vestir, responder o cantar? ¿Cómo hay que moverse, mirar o sonreír? ¿Cuál es la clave para llegar a "nos ha encantado" y punto? Y lo más gracioso... ¿por qué cuanto menos empeño le pones a algo mejor te valoran? ¿Es esa la actitud? ¿Pasar de todo? ¿Algo en plan "esta soy yo y si no te gusta me da igual"? Porque parece que así se consiguen muchas más cosas... y ahora resulta que los conocimientos juegan en mi contra, que tengo que olvidar lo que tanto ha costado aprender. Pues no sería yo entonces. Sé por experiencia que quien te quiere te busca. Ocurre en los castings, y ocurre en la vida. Y probablemente la vida no sea más que un gran casting multitudinario donde no a todo el mundo le encantas... "sin peros en la lengua".
martes, 24 de noviembre de 2015
Zurgena
El pasado fin de semana me fui hasta Zurgena, en Almería, para rodar mi primer spot publicitario. Fue Ángel Rueda Pozo quien me metió en esto. Nos conocimos en el rodaje del corto "Pasando Consulta" hace un par de años, y fue una alegría que todo coincidiera para que pensara en mí en esta ocasión. Cuando me contó la idea del anuncio (para un almacén de muebles) no se me ocurrió nadie mejor que mi amigo Nando Rivas para protagonizarlo conmigo. Y allá nos fuimos el sábado para reunirnos con el equipo. El director, Pablo Miralles, ha sido todo un descubrimiento para mí. Un chaval con las ideas muy claras, profesional y responsable. Fue muy fácil rodar con él y con el resto del equipo técnico. El dueño de Mueble Hogar Milenium, Andrés, se esmeró en detalles con nosotros, y después del rodaje tuvimos asado argentino y todo. Un lujazo de fin de semana. Una de las cosas que más valoro de mi trabajo es conocer a tanta gente, y eso que yo no soy una persona super sociable que digamos, pero me encanta descubrir a las personas; siempre me dejan algo dentro.
Ahora estoy a dos semanas de estrenar una obra en Microteatro Granada con Marina Brox, "El Reencuentro", y si todo va bien ayer mismo audicioné para un micromusical en enero que ojalá me saliera. Y puestos a desear, ojalá lo comparta con mi compañero Juan Megías, que es de esas personas con las que sé que puedo trabajar (no todo el mundo está tan dispuesto) y además da el perfil perfectamente.
Estoy tan metida en tantas cosas de trabajo que no tengo ni tiempo ni ganas de enfrascarme en lo personal, lo cual no significa que no me jodan ciertas actitudes, o me emocione con algunas personas. Me pasa. Y me pasa casi a diario. Daría para otra entrada...
miércoles, 11 de noviembre de 2015
En el noveno cielo

El pasado 25 de octubre, con el cambio de hora, yo cambiaba también las paredes de mi casa. Se convirtió en algo urgente cuando la loca de mi perra intentó subirse de un salto a un seto y se cayó de culo, acabando así con la movilidad que ya había recuperado. Pero no hay mal que por bien no venga, y en cuestión de dos días encontramos un piso maravilloso, enorme, nuevo y con vistas privilegiadas, perfectamente situado para la comodidad de todos, con doble ascensor, más cerca del centro (¡ya no tengo que hacer transbordos!) y encima el casero nos rebajó el precio y pasó de cobrarnos fianza. Luna se ha recuperado a fuerza de cortisona y ya entra solita al ascensor (los primeros días hubo que empujarla porque le daba miedo). Y a tres semanas desde que nos instalamos, después del lío y el estrés que supone una mudanza, el desorden, el proceso de adaptación y los papeleos por el cambio de domicilio (sin contar que en medio de todo este caos he tenido ensayos y bolos) hoy por fin me siento en casa. Me hubiese metido en cualquier zulo de mala muerte con tal de que reuniese las condiciones imprescindibles: ascensor, precio asequible y buena zona para pasear a la perra. Sin embargo he ido a parar al noveno cielo, que no solo cuenta con esas condiciones sino que ofrece mucho más. Tengo armarios gigantes con espejos gigantes (soy muy feliiiiiiiz), tengo vitrocerámica, y mampara, y dos sofás, y una nevera enorme, y aire acondicionado y calefacción, y la Alhambra enfrente iluminada hasta las 2:00 de la mañana, y la sierra, y toda la ciudad, y, y... y no me creo que esté viviendo aquí. Debe ser la recompensa de los dioses por haber aguantado estoicamente durante 8 años en un quinto sin ascensor, situado en la Chana profunda, donde había que poner la fregona junto a la ducha para que el agua no llegara al pasillo, donde las cristaleras del balcón no cerraban bien y entraba la muerte hecha frío, donde tenía que sentarme en un sillón duro y destartalado si quería "ponerme cómoda" o donde siempre se estaba estropeando algo (la lavadora, la nevera, el calentador, la antena de la tele, la lampara del salón que siempre estaba en corto...). Y a pesar de todo, los mejores años de mi vida los pasé allí, en la calle Tulipán, con todos sus peros e imperfecciones. No quería irme... odio los cambios, pero cuando los cambios son a mil veces mejor es fácil acostumbrarse.
viernes, 23 de octubre de 2015
Lo que no se ve
Hoy he tomado mi primera clase de equitación. Una experiencia chulísima montar a caballo aunque ahora me duela el culo un montón, je... Creo que me siento más feliz viviendo entre animales que entre personas. No soy buena para comunicarme con las personas, en cambio con los animales me entiendo muy bien. Ellos no te malinterpretan, ni te juzgan, ni te guardan rencor; entienden perfectamente que si estás con ellos es porque así lo has elegido, y lo agradecen y no te piden más, y cuando no piden más es cuando una lo da todo.
Últimamente me dicen mucho eso de que soy una persona muy fuerte y a mi me entra la risa floja cuando lo escucho. Fuerte yo... puede que en el fondo lo sea, no sé... De ser así tengo que agradecérselo a muchísima gente: los egoístas, los mentirosos, los interesados, los rencorosos, los imbéciles, los arrogantes, los desconsiderados, los pasotas, los que tienen mala sangre, los envidiosos, los chantajistas, los aprovechados... hijos de puta en general. Todos ellos me han enseñado algo, pero sobre todo, me han hecho fuerte. No sé exactamente qué es la fortaleza ni qué es lo que define a una persona fuerte. A mí me duele mucho casi todo y supongo que a la gente fuerte le resbala, pero no lo tengo claro... Quizás la fortaleza sea llorar cuando no te ven, secarte las lágrimas y seguir adelante sin ayuda de nadie (y sin ayuda de nada). Si es así, entonces soy super fuerte...
Puede que la gente vaya a saco conmigo porque me ven fuerte, lo cual es muy irónico pero tiene bastante sentido. Trato siempre de quitarle tanto peso a todo que habrá quien piense que las cosas me resbalan. Y quizás sea un poco así. Las cosas me resbalan cuando ya no me interesan, es verdad, como a todo el mundo. Pero antes de que me resbalen me han importado y si lo dejo correr es porque creo que no vale la pena. Es un mecanismo de defensa; me hago fuerte para que no puedan conmigo, pero lo que hay debajo de la armadura solo lo veo yo.
Así que seguiré cuidando a mis animales, que no me piden nada porque saben (y lo saben porque son listos, mucho más que las personas) que los quiero más que a nada y con eso se conforman, que no es poco (por no decir que lo es todo); y a esas pocas personas que todavía me aguantan y van de frente conmigo y son capaces de ver lo que no se ve. Soy mucho más dependiente de lo que me gustaría y sin embargo qué bien me las apaño sola; eso es lo que transmito... Por eso me acabo despegando de todo el que no es capaz de ver más allá, y si no lo hago yo, ya lo hacen ellos, pero a fin de cuentas viene a ser lo mismo, da igual quién dé el primer paso.
En el fondo es hasta gracioso por la poca importancia que tiene. Necesito muy poquito para cambiar el rumbo y siempre, siempre, siempre he llegado a puerto. Si me lanzo al mar es porque sé que antes de ahogarme toco tierra otra vez. No necesito más de lo que me dan, pero quizá mi error sea empeñarme en que lo entiendan.
Últimamente me dicen mucho eso de que soy una persona muy fuerte y a mi me entra la risa floja cuando lo escucho. Fuerte yo... puede que en el fondo lo sea, no sé... De ser así tengo que agradecérselo a muchísima gente: los egoístas, los mentirosos, los interesados, los rencorosos, los imbéciles, los arrogantes, los desconsiderados, los pasotas, los que tienen mala sangre, los envidiosos, los chantajistas, los aprovechados... hijos de puta en general. Todos ellos me han enseñado algo, pero sobre todo, me han hecho fuerte. No sé exactamente qué es la fortaleza ni qué es lo que define a una persona fuerte. A mí me duele mucho casi todo y supongo que a la gente fuerte le resbala, pero no lo tengo claro... Quizás la fortaleza sea llorar cuando no te ven, secarte las lágrimas y seguir adelante sin ayuda de nadie (y sin ayuda de nada). Si es así, entonces soy super fuerte...
Puede que la gente vaya a saco conmigo porque me ven fuerte, lo cual es muy irónico pero tiene bastante sentido. Trato siempre de quitarle tanto peso a todo que habrá quien piense que las cosas me resbalan. Y quizás sea un poco así. Las cosas me resbalan cuando ya no me interesan, es verdad, como a todo el mundo. Pero antes de que me resbalen me han importado y si lo dejo correr es porque creo que no vale la pena. Es un mecanismo de defensa; me hago fuerte para que no puedan conmigo, pero lo que hay debajo de la armadura solo lo veo yo.
Así que seguiré cuidando a mis animales, que no me piden nada porque saben (y lo saben porque son listos, mucho más que las personas) que los quiero más que a nada y con eso se conforman, que no es poco (por no decir que lo es todo); y a esas pocas personas que todavía me aguantan y van de frente conmigo y son capaces de ver lo que no se ve. Soy mucho más dependiente de lo que me gustaría y sin embargo qué bien me las apaño sola; eso es lo que transmito... Por eso me acabo despegando de todo el que no es capaz de ver más allá, y si no lo hago yo, ya lo hacen ellos, pero a fin de cuentas viene a ser lo mismo, da igual quién dé el primer paso.
En el fondo es hasta gracioso por la poca importancia que tiene. Necesito muy poquito para cambiar el rumbo y siempre, siempre, siempre he llegado a puerto. Si me lanzo al mar es porque sé que antes de ahogarme toco tierra otra vez. No necesito más de lo que me dan, pero quizá mi error sea empeñarme en que lo entiendan.
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