lunes, 15 de mayo de 2023

Libertad de expresión

En marzo, El Batracio Amarillo sacó un número especial sobre la libertad de expresión. El tema, amplio por donde lo mires, da tanto juego que me vine arriba, y los artículos se me quedaron más largos de lo habitual, pero fueron aceptados por ser... eso, un número especial. Ocupé dos páginas de la revista. Tenía material ya escrito, y sólo era cuestión de ordenarlo con cierto sentido. Es lo que, de hecho, vengo haciendo desde hace meses: escribir todo lo que se me ocurre, sin orden ni concierto, e ir dándole forma de "algo" cuando surge la ocasión, o me inspiro un poco. Para mí, esa es la parte difícil. Requiere concentración, tiempo, ganas, disciplina... todo lo que yo no tengo últimamente. Miento. El tiempo sí que lo tengo, pero sin todo lo demás, lo acabo invirtiendo en vaguear todo el puto día. Sólo cuando me veo presionada con fechas límite, me siento a hacer algo de provecho. Por esa razón, me he puesto mi propia fecha límite para un proyecto personal que llevo demasiado tiempo arrastrando. Quise quitármelo en marzo, pero una serie de desafortunados acontecimientos, unido a mi pereza habitual, no me dejó pasar de un par de páginas medio en condiciones. Se me hizo bola, y todavía hoy, tiemblo con meterle mano otra vez. He intentado cambiar de ambiente, uno sin distracciones, pero no ha habido suerte. He intentado ponerme una rutina diaria, una especie de trabajo de oficina, pero siempre me surge "algo mejor que hacer". Y lo último que se me ha ocurrido es lo que me va a llevar a terminarlo por fin: una fecha límite. Pero no una fecha límite cualquiera... una que significa algo para mí. Ese es el secreto, y no hay más. Para ese día tiene que estar listo. Sí o sí. 

Siempre hay que buscar la motivación en lo que se hace, si no, al menos en mi caso, es casi imposible llegar a buen puerto con algo. La motivación lo es todo. Por rara o estúpida, que sea. Si tú te lo crees, es el motor que necesitas. Y si hay algo por lo que yo vivo es que aquello en lo que creo, me lo creo de verdad. Así que en poco más de un mes, tendré al menos tres razones por las que brindar. 

Este año no está yendo muy bien de trabajo, parece más un año de siembra que de cosecha. Con Nacho Castillo tengo algunos proyectos, pero tienen que crecer, la revista no es que me deje mucho dinero, el monólogo está en proceso, y lo único medio en condiciones que encontré, sólo me dio una alegría y numerosos dolores de cabeza. Y yo no soy de aguantar mierdas. En cuanto me vi desperdiciando un día entero en darle mil vueltas a un asunto, supe que ese asunto se tenía que acabar. Aguanté un poco más, porque no era un buen momento para mandar a personas y trabajos a la mierda. Me parecía más inteligente morderme la lengua un tiempo y ver qué pasaba en medio, aunque soy de pensar que las cosas insostenibles caen por su propio peso, y que en esos casos, cuanto antes caigan mejor. Y así fue. Porque la vida y sus vueltas, me llevaron al mismo sitio desde el que partí, y me dio la oportunidad de oro de ser yo misma. Y eso (perdona, mamá) vale más que todo el dinero del mundo. Por otro lado, el empujón que necesitaba para ponerme con lo mío, para no depender de nadie, para que no me digan una cosa y hagan otra, para que no me tomen por tonta, para no mendigar, para no regalar mi trabajo, ni tragar con lo intragable. Haciendo uso de mi libertad de expresión, dije todo lo que tenía que decir, gané en salud, y salí por la puerta grande. Se queda una en la gloria, en serio. Y a fin de cuentas, como decía un amigo, en mi hambre mando yo. 

Pero no fue una decisión fácil. Tememos perder aquello que nos gusta y por eso no decimos las cosas, y tragamos con todo para conservarlo. Me ha pasado mil veces. Pero la última vez que temí perder algo, fue la última…. Entendí que no se puede mantener aquello que te hace sentir mal (por mucho que te guste). Mirar para otro lado sólo alarga el sufrimiento, pero decir las cosas desde la verdad, desde la honestidad, sin traicionarse a una misma (que es lo peor que te puedes hacer como persona), así siempre se gana. Porque si después de eso, conservo el trabajo, será un trabajo en el que me sienta cómoda y valorada, y si lo pierdo, habré perdido un trabajo en el que me trataban mal. ¿Ves? Siempre se gana. No hay forma de perder. La mejor manera de demostrar que algo te importa es arriesgándote a perderlo. Y al final, la experiencia me sirvió para abrir otras puertas. Y a las puertas de esas puertas estoy, y este vídeo era todo lo que necesitaba, por lo visto. Castings, trabajos en inglés, escuelas en Londres... Porque buscando la manera de irme encontré la RADA, y un curso accesible. Pero necesito 2000 pavos. Así que empezaré a ahorrar, para ver si el año que viene, por las mismas fechas por las que este año estaré brindando, puedo estar paseando por el Thames. 




 

 

miércoles, 12 de abril de 2023

En bucle

Tan estancada. Sin poder hacer nada que requiera un mínimo de concentración, en esos días en los que esta dulce condena me atrapa por completo. Más angustiosa cuanto más dulce. Sin aire, y sin más ganas que las que me empujan a estar allí. 

La noche de la tormenta es mi preferida. Las calles vacías y mojadas, los truenos y los relámpagos, el agua resbalando, el apagón. Y siempre en bucle probando cosas nuevas: distintas palabras, distintas estrategias, distintos movimientos. Hasta que amanece por fin, pero nunca del todo. Y ahí entra el bucle repitiendo una y otra vez las mismas imágenes. 

Y duele. 

Y asfixia. 

Y paraliza. 

Y así, entre expresiones y preposiciones, podcasts, historias humorísticas, trabajos precarios y guiones que llegan mal y tarde voy pensando en ese rincón lejano que, sin embargo, está mas cerca de mí que ninguna otra cosa en el mundo en estos momentos. 

La casa amurallada, el enorme sofá, el jardín con piscina... dejándome llevar (cuando parece inevitable no hacerlo) por ese enigmático rostro que, como mi propia sombra, me acompaña allá donde voy, y duerme conmigo, y todo es perfecto siempre. 

Puede que entrar en bucle en mi acogedor espacio sea lo único que me ayude a aguantar un poco más en esta estúpida y miserable vida que he escogido. 

Aunque duela.

Aunque asfixie.

Aunque paralice.


jueves, 16 de marzo de 2023

Retos

El pasado viernes fue el último día de toda una semana recibiendo mensajes de voz de distintas partes del mundo, gracias a una cosa llamada Speaking Challenge, a la que me enganché sin tener mucha idea de lo que era exactamente. La experiencia fue genial. A pesar del resfriado gordo que me agarré, la semana fue llevadera, en gran parte, gracias a este “experimento”. Me levantaba cada día con varios audios en mi móvil, y con un nuevo tema que discutir. A lo largo del día escuchaba los audios de los demás, gente de todas partes (Argentina, Brasil, Francia, República Checa, Italia, Congo, Tailandia…). Ell@s escuchaban el mío, y Matt nos enviaba el feedback al día siguiente. Parecía como si no estuviera sola, que es como de hecho estoy, y estaré, hasta el 31 de marzo. Sola y ocupadísima. Grabando, ensayando, escribiendo, moviendo el coche, haciendo la compra, sacando al perro, estudiando… Se me va a quedar corto el mes. 

El lunes nos despedimos por videoconferencia, donde Christian (ese australiano tan guay que sólo conocía a través de Youtube) habló con nosotr@s, y a mí me hizo hablar también. Me preguntó cosas que supe responder, y otras que supe improvisar. Hasta le presenté a mi perro. Comunicación fluida. Esa asignatura pendiente, ese reto que me autoimpuse, por fin está dando buenos resultados. También el lunes grabé mi primer vídeo en inglés. 

Y el domingo antes, como casi todos los domingos, tuve otro chat online, pero con Aly. Con él encontré una ranura por la que podía entrar, y me metí. Puede que hagan falta muchos domingos para hacerme más visible, pero no pierdo nada por "estar ahí". Al fin y al cabo forma parte de mi hoja de ruta.  Puede que sólo sea cuestión de tiempo, y de sutil insistencia. 

Parece como que todo lo que me pasa últimamente me acerca más a ese lugar. Todo son retos enfocados hacia el mismo objetivo. Y todos ellos requieren dinero, tiempo y paciencia para hacerlo bien. De hecho, Harrison lo describe perfectamente. He aquí la banda sonora de mis días, desde hace muchos días, y por muchos días más. 

Sí... tengo mi mente puesta en ti, niño, con tu nombre y renombre propio. 


I know if I put my mind to it

I know that I really can do it

Got my mind set on you (G. Harrison)

lunes, 13 de febrero de 2023

En camino

Hace apenas dos años creía que se me había acabado todo lo bueno que me había estado pasando hasta entonces. De hecho fue así. Lo que en esos momentos no podía ver es que vendrían cosas aún mejores, porque de pronto un día, empezó a salir muy poco a poco el sol. Un sol que no asomaba por el Este sino por el Norte, iluminando el escenario más bonito del mundo; desvelando la cara más amable, divertida y sincera que jamás haya visto; ofreciendo unos ojos en los que perderse, arriesgándolo todo, si hace falta. Y un largo camino por recorrer se abrió ante mí. Al fin un camino que transitar. Al fin un destino al que llegar. Desde entonces, mi vida ha estado enfocada en dar pequeños pasos por ese camino para llegar a ese lugar. 

Pero estamos muy lejos aún, muuuuy lejos. Tan lejos que entre medias se siente la necesidad vital de hacer alguna que otra parada. Aunque de momento, entre el “I wish!”, el “meh” y el “qué pereza” probablemente me acabe quedando como estoy por mucho más tiempo. Es como si no hubiera nada para mí en el menú porque lo que realmente me apetece no lo puedo pagar. 

Hace meses que toda mi actividad se reduce a escribir. Y con dos fechas límite en marzo necesitaba  concentrarme. Para ello, empecé por hacer una limpieza profunda de mi casa que, según los vídeos que he visto para inspirarme, la armonía en el hogar ayuda, y eso implica reorganizar también el espacio para quitar lo que los minimalistas modernos llaman “ruido visual”: un cojín mal puesto, ropa amontonada en la cama, cacharros en el fregadero... Lo que toda la vida de dios ha sido quitar cosas del medio. Sea como sea, necesitaba una actividad física para no explotar a mi cerebro. Y funcionó. Escribo a diario, y en los ratos libres estudio. Cuando ninguna de las dos cosas me apetece, salgo a andar, bajo al bar, o apelmazo cojines. Esa es mi vida. 

Y cuando pensaba que no se puede estar más aburrida y más tiesa, me llega una oferta de trabajo ("Buscamos actriz con inglés en Granada"), hago la entrevista, y consigo el curro. Nada que me vaya a sacar de pobre, pero sí la señal que necesitaba para no desviarme del mencionado camino, y una línea vistosa en un CV que empieza a significar algo allá donde sale el sol. 




jueves, 12 de enero de 2023

Apenas resucitando

El final de 2022 y el principio de 2023 ha sido lo mismo para mí: una puta basura. Amigdalitis, conjuntivitis, regla descontrolada, dolor en las articulaciones, un virus recurrente, y TODO a la vez, sin contar los múltiples desencantos y preocupaciones (desencadenantes, casi seguro, de todo lo anterior). Más que un médico me tenía que haber visto un exorcista... Es lo que tiene una bajada de defensas, que tus puntos débiles se ven amenazados. Ver a mi padre incapacitado (espero que temporalmente) por un dolor en la pierna, a mi madre sobrecargada por la responsabilidad y la preocupación, y tener que aceptar (una vez más) que no todo el mundo valora las cosas como lo harías tú, me ha afectado más de lo que debería permitir. Y por más pastillas efervescentes que tome una, la realidad golpea más fuerte. 
La navidad en general ha sido bastante fea para mí. A pesar de los esfuerzos de casi toda mi familia por mantener la normalidad y celebrar cosas, la verdad es que todo se ha empañado. Y todavía queda un largo mes de enero (como mínimo). 
Con todo, el 2022 ha sido un buen año, si no contamos la precariedad laboral de los últimos meses. Ha estado marcado por celebraciones familiares (cumpleaños importantes, jubilaciones, y hasta un baby shower), la elaboración de mi primer cortometraje (ya para exportar, a falta de cuatro detalles), la incorporación a la plantilla de El Batracio Amarillo, y el descubrimiento de esa persona que me ha inspirado a hacer todo lo que tengo entre manos ahora, y que me ha dado el combustible vital en una etapa complicada. Para el 2023 tengo demasiados propósitos, pero como he estado sonándome los mocos, viendo dragones y cagándome en mi puta vida los diez primeros días, tendré que empezar a meterles mano más tarde. Básicamente, tengo que sentarme a escribir. Casi todo lo que tengo por delante requiere de una escritura previa. A corto plazo tengo los artículos para la revista (en el número de navidad me publicaron dos, vamos ascendiendo en la empresa...), y tengo un espectáculo de comedia en pañales que me urge terminar, pero además hay un par de guiones dando vueltas, un microteatro, y piezas sueltas que no sé ni cómo catalogar, y que supongo que dejaré para más adelante por no volverme loca del todo. 
Podría ahondar algo más en esta entrada y hablar de un tal Aly, que me ha hecho los días de mierda un poco más llevaderos, de una tal Marian, que me ha contado cómo funciona lo que no se ve, de lo terrible que es verte en medio de personas que quieres y que entre ellas no se quieran, de un pasado que mi cuerpo no olvida y de un futuro con mucho ADN que barrer... podría hablar de todo eso. Pero hoy, tan descentrada, tan desganada, y apenas resucitando, hoy no es el día. 




                                                 Making of "La Caverna"



jueves, 1 de diciembre de 2022

Work in progress

A lo largo del otoño me han surgido varios cástings para publicidad, he pasado filtros, me han pillado para una peli, conseguí un curro de extra que después se cayó... O sea que sigo sin un duro, pero las posibilidades de trabajo están más presentes que nunca. De hecho, parece que tendré continuidad en la revista (adjunto el artículo de octubre; en noviembre no participé porque era un número temático que desconocía), y además estoy en la última fase del proceso de selección para un trabajillo que me daría algo de oxígeno. Y si no sale, seguiré buscando. O puede que me toque la lotería de navidad como recompensa a tanto dinero que se me ha escapado de las manos, cuando casi lo estaba tocando. Ése sería el mejor de los escenarios, porque entonces podría dedicarme 24/7 a los nuevos proyectos, uno de los cuales quisiera tener listo para mayo, como tarde. Y para sacarlo adelante necesito paciencia, disciplina, atención y una buena inversión de energía y tiempo. Quizás con todo eso junto pueda vencer la pereza, que siempre ha sido, y será, mi mayor lacra. 

Y mientras espero los cástings, la BSO para terminar mi corto, la llamada de mi posible jefe, o la deseada inspiración para meterle mano al nuevo espectáculo, me entretengo llenando mi vision board de cosas imposibles, haciendo inmersiones en inglés para ir andando mi parte del camino a Wonderland (why not?!), y practicando coritos.

Elegí esta canción por varias razones. La más obvia es que mezcla tres voces distintas, y eso viene genial para practicar coros. La segunda razón es el mensaje (tan apropiado para mí desde finales de agosto), y la tercera es que este tema ya lo tenía premezclado y sonaba genial, salvo por un detalle que no podía cambiar. Y me ha llevado un año decidirme a regrabarla. O quizá algo menos... no sé en qué momento ocurrió el tan deseado cambio. Pero un día, por fin, pude escuchar aquellas "antiguas" canciones sin que me supusiera una tortura. Y hace bastante tiempo de esto, solo que entonces me era tan indiferente y tenía cosas infinitamente más absorbentes en la cabeza en esos momentos, que ni dejé constancia de algo que, hace mucho tiempo, me hubiera gustado leer lo antes posible. Y sí... de pronto podía (y hasta me apetecía) escuchar esas canciones, y ver esos vídeos, y regodearme, y sentirme orgullosa. Y casi a la vez en el tiempo, reapareció un viejo amigo de Madrid, y un nuevo documental en los cines. Así es como funciona el enrevesado engranaje de esta cosa rara y efímera que llamamos vida. 



bebajimenez · Teach Your Children Cover



domingo, 20 de noviembre de 2022

Polvo de estrellas

Ayer empecé a ver una serie documental que me habían recomendado. Se titula “Cosmos”. No es un peñazo científico infumable como puede parecer de entrada. Es una puta maravilla. La música es de Alan Silvestri (el de "Forrest Gump"), y en la producción está Seth MacFarlane (el de "Padre de Familia"). Sólo voy por el primer episodio y te vuela la cabeza observar lo ridículamente pequeños que somos. Nuestro planeta (tan inmenso como nos parece) es un grano de arena en un desierto infinito. ¡Un grano de arena en un desierto! Lo que equivale a… nada, prácticamente. Y sin embrago, cuántas cosas contiene esa nimiedad que llamamos vida. De la misma explosión cósmica con la que se formaron los planetas, nació la vida. Y eso somos, porquería cósmica. Energía. Estamos formados de los mismos elementos que una estrella. Venimos de la misma explosión de partículas. 

Interiorizar todo esto te hace entender mejor esa frase de Sócrates de “sólo sé que no sé nada”. El ser humano es lo mejor y lo peor que le ha podido pasar a la creación. Cuando te das cuenta de lo azaroso del universo, casi te da miedo pisar sin querer una hormiga andando por la calle. Porque para que esa hormiga estuviera ahí han tenido que pasar infinitas combinaciones de cosas. Y nosotros, creadores como somos por naturaleza, también destruimos. Somos la única especie que destruye por placer, o por ignorancia, o por sadismo y no por mera supervivencia. Estamos en un equilibrio increíblemente frágil con todo lo que nos rodea, pero no somos conscientes de ello. Y con todo lo que nos rodea me refiero, no sólo a eso que podemos percibir con los sentidos, sino a lo que está más allá de nuestros alcance, lo que no veremos en nuestra puta vida, lo que ni siquiera la ciencia ha podido conocer aún. 

Es muy loco saberse parte de algo tan indescriptiblemente grande y, a la vez, es de lo más revelador. Y en nuestra torpe simpleza, es hasta entendible que en su momento (y hasta hoy) inventáramos un dios, un ser sobrenatural que lo hizo todo. Es normal que inventáramos un cielo para no cagarnos de miedo. Porque nuestra mente diminuta no es capaz de albergar tanta inmensidad, ni entender la complejidad del cosmos.  

Nuestra azarosa existencia no es nada si nos comparamos con tanto, por eso lo único que le da sentido, y que te empuja a ir mas allá de la vida es aquello que te eleva por encima de ella. Le escuché hace poco a José Sacristán decir “el arte está ahí porque la vida no es suficiente”. No se puede expresar mejor una idea con tan pocas palabras. A mí el mundo físico me interesa más bien poco, a menos que contribuya a mi existencia como algo más que un mero ser que nace, crece y muere. El arte, en todas sus múltiples formas, es una expresión de lo que llevamos dentro, de lo que no se puede decir y punto, porque va más allá de la simpleza. Transmite lo impalpable. Y tiene un poder sobrenatural tanto para el emisor como para el receptor. Te hace sentir cosas. Esa es la vida dentro de la complejidad que no podemos entender. Sin eso, sólo eres algo que respira. No te diferencias mucho de esa hormiga que pisaste. Sentir cosas (agradables o no) y dejar que te guíen... eso es estar vivo. Y crear. Y cuidar lo que ya se ha creado. Y así, con suerte, al morir entenderemos mejor nuestro lugar en el universo antes de regresar a él como el polvo que somos. Polvo de estrellas. De eso estamos hechos, y a eso volveremos para seguir creando el infinito universo. 

PD. Vamos a rematar esta paja mental escuchando a David Bowie. Cierra los ojos...