Ésta ha sido una semana terriblemente larga. He logrado "matar" muchas horas con ensayos, únicos momentos en los que podía concentrarme en algo y no darle tantas vueltas a las cosas, pero el resto del tiempo no he sido capaz de desconectar, y ese tiempo pasaba muy lento, demasiado lento, tan lento que no me veo capaz de afrontar la semana que entra de la misma manera. Y es por esto que he llegado a una determinación (indeseada) que me permita cerrar.
Creía que necesitaba respuestas pero me he dado cuenta de que la ausencia de respuestas en una respuesta en sí. Y en lugar de esperar a que decidan por mí, he tomado el control de mi rumbo, el control de mis pensamientos (que no el de mis sentimientos), y he acabado con el rayo de esperanza que me tenía agonizando. Los acertijos emocionales me absorben demasiada energía, y bastante energía me absorbe ya el tener que aguantar comportamientos ajenos, mal hacer, y estupidez infinita, sin contar la desagradecida tarea de buscar bolos por cuatro duros.
Si tengo que concentrar mi atención en algo, mejor que sea en algo productivo en lo que al menos tenga yo algo de control.Y si tengo que perder, lo haré con dignidad aunque para ello tenga que morderme la lengua y dejar correr el agua fría hasta quedarme helada. La vida está llena de caminos y algunos deciden tomar los más ridículos mientras que otros van demasiado a saco. Lo cual es irónico porque los que deberían ir a saco son los que no lo hacen y viceversa. Supongo que lo único que nos queda es lidiar con cada cual, tal cual son y tal cual actúan, nos guste o no... Hay que estar en la piel de los demás para entender el motor que los mueve a tirar por un camino u otro. Y si se trata de piel tengo la exclusiva, pero renuncio a ella en defensa propia.
Me voy a donde me lleve el viento...
Where hunger is ugly, where souls are forgotten
Where black is the color, where none is the number
And I’ll tell it and think it and speak it and breathe it
And reflect it from the mountain so all souls can see it
Then I’ll stand on the ocean until I start sinkin’
But I’ll know my song well before I start singin’
Bob Dylan
domingo, 29 de enero de 2017
domingo, 22 de enero de 2017
Expectativas
Dijo Woody Allen una vez que cuando hace una película intenta buscar la perfección pero que no cree haberla encontrado aún, lo cual es bueno porque si un día hace una película absolutamente perfecta ya no tendría motivos para hacer la siguiente. El instinto de superación es el motor que nos mueve. Cuando uno alcanza la cima, cuando ya no puedes subir más, solo queda bajar, y nadie quiere eso. En ese sentido es razonable que nos pongamos metas casi inalcanzables porque en el intento constante de llegar a ellas está la vida y están los éxitos, aunque no sean perfectos.
Podría aplicar esta teoría a muchos ámbitos de mi vida, no solo al profesional. Se queda un vacío profundo e inexplicable cuando por fin conseguimos alcanzar aquello con lo que soñamos porque después... ¿qué hay? ¿cuál es el siguiente paso? Si alcanzas la cima y te gustan las vistas ¿por qué no quedarse a vivir ahí? ¿Para qué bajar? ¿Para buscar cimas más altas? ¿Estamos siempre en la incansable búsqueda de lo inalcanzable por superación personal? ¿Por morbo? ¿Por masoquismo a secas? Quizás todo esté sujeto a nuestras propias expectativas y seamos los únicos capaces de entender los vacíos del éxito aunque nos cueste ponerle palabras a esos sentimientos.
Llevo todo este mes intentando abordar los temas que me rondan pero no sé si por pereza o por no querer darle muchas vueltas al coco, he pasado de autoanalizarme y escribir lo que siento. Se me hace difícil cuando ni siquiera tengo claro lo que me pasa. Pero hoy me he levantado con una superproducción de pensamientos que si nos los suelto reviento. Si no fuera porque existe la esperanza superar este mes sería una misión complicada. La cuesta de enero se me está haciendo más empinada de lo normal con un solo bolo cerrado (que encima es a taquilla) y un pago anterior que no termina de llegar. Lo juntado en la navidad me ha dado para pagar el alquiler y alguna factura. Es la primera vez en mucho tiempo que realmente me veo apurada, así que intento hacer todo lo posible por reducir gastos: no fumar, ir andando a los sitios en lugar de tomar el autobús, duchas rápidas para no gastar butano y comer moderadamente y por supuesto en casa (nada de salir por ahí). Supongo que febrero se presentará mejor porque cobraré lo de Dólar y tengo tres bolos cerrados, pero con todo, andaré justa... Lo único alentador de este mes de mierda es que me tomo con ilusión todo lo que hago, desde generar posibilidad de curro hasta planificar una salida. Además me he propuesto ponerme firme con la gente que me rodea aunque con ello ponga en peligro la mitad de mi sustento. Pero por más que tiemblen los cimientos las cosas hay que decirlas cuando hay que decirlas y como hay que decirlas, cosa que no llevo muy bien pero que trato de recordar para que ese temblor no llegue a un derrumbamiento sin previo aviso.
En otras cuestiones ando más perdida todavía... Me dijo un amigo en noche vieja "Todo lo bueno está por venir. Y el 2017 es el principio de todo lo bueno". Esa fue la primera (o segunda) causa de que mi cabeza no pare ahora de imaginar "cosas buenas" que, por otro lado, no necesariamente tienen que ser las mismas para todos. El bien y el mal están demasiado juntos a veces y es fácil cruzar la línea y equivocarse. De entre todas las cosas buenas que me he podido imaginar, alcanzar una en concreto me ha creado más dudas y nuevas metas y ya no sé si eso es tan bueno. Es difícil de comprobar cuando no depende solo de ti.
¿Física? ¿Química? ¿Muros...? Hay quien llama feeling a ese sentimiento de armonía y naturalidad entre las personas, algo difícil de encontrar, por cierto. Y como suele pasar, lo encuentras si no lo buscas. Tal vez mi vacío actual tenga que ver con eso. Las cosas no son buenas solo porque sean buenas, tiene que haber feeling. Ahí debe residir la perfección famosa... Entonces te sientes especial, no dudas, no cuestionas nada; es perfecto. Cuando llegas a casa y le das vueltas a todo, y no entiendes tus propios sentimientos, y te preguntas si no hubiera sido mejor esperar o qué hubiera pasado si... o qué hubiera pasado si no... entonces algo va mal. Y se vuelve más complejo cuando aparentemente no hay razones para pensar todo eso y aún así lo piensas. Y te acuestas y sueñas con las mismas preguntas sin respuesta, y al despertar solo tienes ganas de tirarte en el sofá y seguir durmiendo para que el tiempo se ocupe del resto. Expectativas... ellas son la causa de tanto vacío general. Debe ser como cuando un niño espera ansioso el día de reyes y se pasa la navidad con una felicidad hiperactiva imaginando ese día con impaciencia, con expectativas... y luego llega el 6 de enero (por fin) y dura un segundo, se acaba y queda un año entero por delante para experimentar esa ilusión de nuevo. ¿Que te queda al principio? Un vacío enorme. Da igual que te hayan traído todos lo regalos que esperabas, da igual que el día haya sido perfecto. La ilusión se desvanece, se acaban las expectativas, y el resultado es nada; vacío total. Claro que a un niño eso le importa un choto porque no se cuestiona estas cosas. Cuando creces y tienes un mínimo de inquietudes, y en mi caso una cabeza que no para ni aunque la golpee contra una pared, es fácil caer en tanta duda, en tantos porqués, y en tanto vacío.
Y quizás el secreto sea convertirte tú en la cima de los demás, ser inalcanzable como las estrellas glamurosas de Hollywood, pero ni siquiera eso se puede elegir. Esa etiqueta te la cuelgan ellos y depende más de la visión que tengan de ti que de la que tú muestres. A mí me atrae más la persona que el personaje, así que seguiré paseando a mi perra en pijama, y seguiré pasando del maquillaje para ir a comprar el pan, y seguiré disfrutando del placer de ver una peli en bragas tirada en el sofá con una cerveza. No es esa la imagen que le vendo al mundo, pero es la imagen real de mí misma y es la que quiero que aprecien los que de verdad me interesan. Y al hacerlo desnudas tanto el alma que te vuelves vulnerable y ahí es donde entra en juego el bien, el mal, el feeling, el vacío, la física y la química. Y ahí te vienes arriba o te derrumbas. Y ahí estoy ahora, en ese punto intermedio de comerme el mundo o dejarme comer. Y por alguna razón... no tengo hambre.
Podría aplicar esta teoría a muchos ámbitos de mi vida, no solo al profesional. Se queda un vacío profundo e inexplicable cuando por fin conseguimos alcanzar aquello con lo que soñamos porque después... ¿qué hay? ¿cuál es el siguiente paso? Si alcanzas la cima y te gustan las vistas ¿por qué no quedarse a vivir ahí? ¿Para qué bajar? ¿Para buscar cimas más altas? ¿Estamos siempre en la incansable búsqueda de lo inalcanzable por superación personal? ¿Por morbo? ¿Por masoquismo a secas? Quizás todo esté sujeto a nuestras propias expectativas y seamos los únicos capaces de entender los vacíos del éxito aunque nos cueste ponerle palabras a esos sentimientos.
Llevo todo este mes intentando abordar los temas que me rondan pero no sé si por pereza o por no querer darle muchas vueltas al coco, he pasado de autoanalizarme y escribir lo que siento. Se me hace difícil cuando ni siquiera tengo claro lo que me pasa. Pero hoy me he levantado con una superproducción de pensamientos que si nos los suelto reviento. Si no fuera porque existe la esperanza superar este mes sería una misión complicada. La cuesta de enero se me está haciendo más empinada de lo normal con un solo bolo cerrado (que encima es a taquilla) y un pago anterior que no termina de llegar. Lo juntado en la navidad me ha dado para pagar el alquiler y alguna factura. Es la primera vez en mucho tiempo que realmente me veo apurada, así que intento hacer todo lo posible por reducir gastos: no fumar, ir andando a los sitios en lugar de tomar el autobús, duchas rápidas para no gastar butano y comer moderadamente y por supuesto en casa (nada de salir por ahí). Supongo que febrero se presentará mejor porque cobraré lo de Dólar y tengo tres bolos cerrados, pero con todo, andaré justa... Lo único alentador de este mes de mierda es que me tomo con ilusión todo lo que hago, desde generar posibilidad de curro hasta planificar una salida. Además me he propuesto ponerme firme con la gente que me rodea aunque con ello ponga en peligro la mitad de mi sustento. Pero por más que tiemblen los cimientos las cosas hay que decirlas cuando hay que decirlas y como hay que decirlas, cosa que no llevo muy bien pero que trato de recordar para que ese temblor no llegue a un derrumbamiento sin previo aviso.
En otras cuestiones ando más perdida todavía... Me dijo un amigo en noche vieja "Todo lo bueno está por venir. Y el 2017 es el principio de todo lo bueno". Esa fue la primera (o segunda) causa de que mi cabeza no pare ahora de imaginar "cosas buenas" que, por otro lado, no necesariamente tienen que ser las mismas para todos. El bien y el mal están demasiado juntos a veces y es fácil cruzar la línea y equivocarse. De entre todas las cosas buenas que me he podido imaginar, alcanzar una en concreto me ha creado más dudas y nuevas metas y ya no sé si eso es tan bueno. Es difícil de comprobar cuando no depende solo de ti.
¿Física? ¿Química? ¿Muros...? Hay quien llama feeling a ese sentimiento de armonía y naturalidad entre las personas, algo difícil de encontrar, por cierto. Y como suele pasar, lo encuentras si no lo buscas. Tal vez mi vacío actual tenga que ver con eso. Las cosas no son buenas solo porque sean buenas, tiene que haber feeling. Ahí debe residir la perfección famosa... Entonces te sientes especial, no dudas, no cuestionas nada; es perfecto. Cuando llegas a casa y le das vueltas a todo, y no entiendes tus propios sentimientos, y te preguntas si no hubiera sido mejor esperar o qué hubiera pasado si... o qué hubiera pasado si no... entonces algo va mal. Y se vuelve más complejo cuando aparentemente no hay razones para pensar todo eso y aún así lo piensas. Y te acuestas y sueñas con las mismas preguntas sin respuesta, y al despertar solo tienes ganas de tirarte en el sofá y seguir durmiendo para que el tiempo se ocupe del resto. Expectativas... ellas son la causa de tanto vacío general. Debe ser como cuando un niño espera ansioso el día de reyes y se pasa la navidad con una felicidad hiperactiva imaginando ese día con impaciencia, con expectativas... y luego llega el 6 de enero (por fin) y dura un segundo, se acaba y queda un año entero por delante para experimentar esa ilusión de nuevo. ¿Que te queda al principio? Un vacío enorme. Da igual que te hayan traído todos lo regalos que esperabas, da igual que el día haya sido perfecto. La ilusión se desvanece, se acaban las expectativas, y el resultado es nada; vacío total. Claro que a un niño eso le importa un choto porque no se cuestiona estas cosas. Cuando creces y tienes un mínimo de inquietudes, y en mi caso una cabeza que no para ni aunque la golpee contra una pared, es fácil caer en tanta duda, en tantos porqués, y en tanto vacío.
Y quizás el secreto sea convertirte tú en la cima de los demás, ser inalcanzable como las estrellas glamurosas de Hollywood, pero ni siquiera eso se puede elegir. Esa etiqueta te la cuelgan ellos y depende más de la visión que tengan de ti que de la que tú muestres. A mí me atrae más la persona que el personaje, así que seguiré paseando a mi perra en pijama, y seguiré pasando del maquillaje para ir a comprar el pan, y seguiré disfrutando del placer de ver una peli en bragas tirada en el sofá con una cerveza. No es esa la imagen que le vendo al mundo, pero es la imagen real de mí misma y es la que quiero que aprecien los que de verdad me interesan. Y al hacerlo desnudas tanto el alma que te vuelves vulnerable y ahí es donde entra en juego el bien, el mal, el feeling, el vacío, la física y la química. Y ahí te vienes arriba o te derrumbas. Y ahí estoy ahora, en ese punto intermedio de comerme el mundo o dejarme comer. Y por alguna razón... no tengo hambre.
martes, 3 de enero de 2017
Inquieta felicidad
Ya hemos cambiado de dígito y creo que es el primer año que no me termino las 12 uvas a causa de un ataque de risa. Precisamente este año, que tenía pensado un deseo de los que deseas muy mucho. Quizás sea una señal, quizás sea un "cuidado con lo que deseas porque puede cumplirse". De todos modos, el 2016 no quiso irse sin darme una recompensa por un año tan... inquietante. Adelantándose a mis deseos, me ofreció uno de esos regalos que no esperas, que ya dabas por perdido, que ya dejaste de buscar porque encontrarlo era misión imposible. Y empiezo el año con una felicidad que reconozco y que me acojona mucho. La felicidad siempre me ha dado miedo, es la peor droga que hay. Aceptable en pequeñas dosis, pero toda de golpe me lleva fuera de mí. Por suerte, la vida se apiada de mí a veces y me saca de lo establecido de un empujón sin ni siquiera verlo venir. Y a pesar del miedo, nunca he rechazado un regalo, y menos aún cuando tiene un poder incontrolable. Con miedo o sin él me rindo a mis instintos. Acabé el año inquieta, y lo empiezo igual. Es una inquietud buena porque todo lo que me haga "sentir", me gusta, pero no puedo adelantarme, no sé lo que va a pasar en ningún aspecto de mi vida, pero lo que venga lo afrontaré.
Quiero sacar valor para tomar decisiones y que todo lo que he acumulado en el 2016 tenga por fin una razón de ser. Decir "no" a lo que no quiero y decir "sí" a todo lo demás, tanto en lo personal como en lo profesional. Y quiero divertirme en el escenario y fuera de él, y que la diversión no tenga una doble cara. Quiero elegir bien mis palabras, y medir menos mis acciones. Quiero quitarme de fumar porque lo "semi" nunca me ha gustado, y quiero dejar de contradecirme.
Ahora, casi una semana después, puedo intentar expresarme más con la cabeza que con el corazón pero no puedo dejar de pensar en lo próximo, y lo he pensado de tantas formas que estoy más inquieta de lo habitual, y no sé si tan feliz. Quizás hay cosas que se hacen sin pensar, y que significan más para unos que para otros. Un regalo, pero sin ticket de devolución. Solo puedo esperar, y me espero cualquier cosa.
Pero ni lo bueno es tan bueno ni lo malo es tan malo. Y entre el bien y el mal me encuentro. En tierra de nadie, y en medio de ningún sitio. Con la certeza de saber lo que tengo que hacer pero sin medios para hacerlo. Con la esperanza de un rescate y en mala disposición para pedirlo. Y con unas ganas locas de delinquir aunque solo sea para volver a sentir esa inquieta felicidad.
Ahora que he sido descubierta ni siquiera me animo a dar señales, no vaya a ser que lo bueno deje de ser bueno y lo malo lo ocupe todo. Y como las cosas casi nunca depende de una misma, habrá que esperar a ver qué dice la parte contratante de la segunda parte. Quizás en un mes. Quizás ni eso. Quizás la primera parte no aguante un día más...
Quiero sacar valor para tomar decisiones y que todo lo que he acumulado en el 2016 tenga por fin una razón de ser. Decir "no" a lo que no quiero y decir "sí" a todo lo demás, tanto en lo personal como en lo profesional. Y quiero divertirme en el escenario y fuera de él, y que la diversión no tenga una doble cara. Quiero elegir bien mis palabras, y medir menos mis acciones. Quiero quitarme de fumar porque lo "semi" nunca me ha gustado, y quiero dejar de contradecirme.
Ahora, casi una semana después, puedo intentar expresarme más con la cabeza que con el corazón pero no puedo dejar de pensar en lo próximo, y lo he pensado de tantas formas que estoy más inquieta de lo habitual, y no sé si tan feliz. Quizás hay cosas que se hacen sin pensar, y que significan más para unos que para otros. Un regalo, pero sin ticket de devolución. Solo puedo esperar, y me espero cualquier cosa.
Pero ni lo bueno es tan bueno ni lo malo es tan malo. Y entre el bien y el mal me encuentro. En tierra de nadie, y en medio de ningún sitio. Con la certeza de saber lo que tengo que hacer pero sin medios para hacerlo. Con la esperanza de un rescate y en mala disposición para pedirlo. Y con unas ganas locas de delinquir aunque solo sea para volver a sentir esa inquieta felicidad.
Ahora que he sido descubierta ni siquiera me animo a dar señales, no vaya a ser que lo bueno deje de ser bueno y lo malo lo ocupe todo. Y como las cosas casi nunca depende de una misma, habrá que esperar a ver qué dice la parte contratante de la segunda parte. Quizás en un mes. Quizás ni eso. Quizás la primera parte no aguante un día más...
miércoles, 28 de diciembre de 2016
El año de mi primera vez
A los que habéis accedido a mi blog atraídos por el título de la entrada, ya podéis dejar de leer porque no va por ahí la cosa. A los demás, os cuento... Siempre hay algo que hacemos por primera vez, pero yo en un año, he hecho por primera vez muchísimas cosas. Y como al año le quedan cuatro días es buen momento para hacer balance.
El 2016 ha sido intenso, ni mejor ni peor, intenso. La palabra es ambigua, lo sé, y abarca mucho... Este año que se nos va me ha brindado la oportunidad de bailar en un escenario, interpretar un micromusical, tocar el ukelele en directo, cantar con un grupo de música, hacer de camarera infiltrada, guiar a turistas por una ruta de tapas, montar a caballo, presentarme a castings publicitarios... y todo por primera vez. Sí, he hecho muchas cosas por primera vez en solo un año y si me pongo a pensarlo bien, tengo hasta mérito. Porque ahora, a toro pasado, una piensa que tampoco es para tanto, pero hay que darle a las cosas el valor que merecen. Sí es para tanto, es para mucho. Hasta pocos segundos antes de hacer todas esas cosas pensaba que no podía, que la iba a cagar, que no era para mí. Sin embargo lo hice, tiré palante, y eso por sí solo ya vale mucho. Tuve dudas, infinitas dudas, con casi todo: "yo no soy bailarina profesional, me va a salir fatal", "yo no voy a poder hacer un micromusical, es mucha tralla, muchos pases, me voy a quedar afónica", "yo no sé qué hace una camarera infiltrada, para qué me meteré en estas cosas", "yo me caigo del caballo seguro, nunca voy a aprender a galopar y menos a saltar", "yo no soy cantante, no puedo afrontar todo un concierto"... Todo eran dudas, todo inseguridad, todo yo misma tal cual... Pero yo misma tal cual también despejo las dudas, también insegura me tiro a la piscina, y con miedo o sin miedo, me animo a hacer lo que haga falta. Tiemblo al principio, pero basta con hacer algo por primera vez para que todo lo malo desaparezca (miedo, dudas, inseguridad, nervios) y a la segunda me vengo arriba. Y no soy la mejor en nada de lo que hago, eso seguro, pero lo hago, y al menos ese mérito me lo voy a reconocer (que siempre me estoy tirando piedras, carajo). Y cabezona que es una, si veo que puedo hacer algo, el siguiente paso es hacerlo mejor, y en eso también me anoto un tanto. Soy muy curranta yo, y eso resulta que se acaba notando. Y sin ser la mejor, consigo no ser mala.
A otro nivel más personal el año ha tenido de todo, pero no como novedad: no me han puteado por primera vez, no me he sentido traicionada por primera vez, no me han dado con la verdad en las narices por primera vez; tampoco me han felicitado por primera vez, ni me he enamorado de tonterías por primera vez, ni me he sentido especial y querida por primera vez. Así que en ese terreno, seguimos como siempre, que al fin y al cabo, es como tiene que ser; la vida sin más. Con sus cosas buenas y sus cosas malas.
Creo que en general ha sido un año de siembra, de aprender a golpes, de valorar y tomar decisiones que no he sabido tomar. Un año de desengaños y de ilusiones corrompidas, que en cualquier caso no cambiaría. Quizás el 2017 toque recoger y todo lo aprendido me sirva para algo.
Pero quedan cuatro días, y el mundo puede cambiar en un segundo en realidad. En estos cuatro días tengo una nueva prima, tengo un bolo en Dólar con Jalea Teatro, y un encuentro que no sé muy bien si hará que me pierda más, pero que estoy deseando descubrirlo. Siempre para mí, para mis adentros, para mi imaginación. El norte queda por allí, lo tengo claro, pero deja que vea lo que hay por este lado... He encontrado muchas respuestas en el fondo del vaso, que si algo bueno tiene, es la sinceridad más sincera. Así que lo mismo hay suerte, y el vino me acompaña en estos últimos días de un año tan intenso, y puedo anotar en la lista otra "primera vez".
El 2016 ha sido intenso, ni mejor ni peor, intenso. La palabra es ambigua, lo sé, y abarca mucho... Este año que se nos va me ha brindado la oportunidad de bailar en un escenario, interpretar un micromusical, tocar el ukelele en directo, cantar con un grupo de música, hacer de camarera infiltrada, guiar a turistas por una ruta de tapas, montar a caballo, presentarme a castings publicitarios... y todo por primera vez. Sí, he hecho muchas cosas por primera vez en solo un año y si me pongo a pensarlo bien, tengo hasta mérito. Porque ahora, a toro pasado, una piensa que tampoco es para tanto, pero hay que darle a las cosas el valor que merecen. Sí es para tanto, es para mucho. Hasta pocos segundos antes de hacer todas esas cosas pensaba que no podía, que la iba a cagar, que no era para mí. Sin embargo lo hice, tiré palante, y eso por sí solo ya vale mucho. Tuve dudas, infinitas dudas, con casi todo: "yo no soy bailarina profesional, me va a salir fatal", "yo no voy a poder hacer un micromusical, es mucha tralla, muchos pases, me voy a quedar afónica", "yo no sé qué hace una camarera infiltrada, para qué me meteré en estas cosas", "yo me caigo del caballo seguro, nunca voy a aprender a galopar y menos a saltar", "yo no soy cantante, no puedo afrontar todo un concierto"... Todo eran dudas, todo inseguridad, todo yo misma tal cual... Pero yo misma tal cual también despejo las dudas, también insegura me tiro a la piscina, y con miedo o sin miedo, me animo a hacer lo que haga falta. Tiemblo al principio, pero basta con hacer algo por primera vez para que todo lo malo desaparezca (miedo, dudas, inseguridad, nervios) y a la segunda me vengo arriba. Y no soy la mejor en nada de lo que hago, eso seguro, pero lo hago, y al menos ese mérito me lo voy a reconocer (que siempre me estoy tirando piedras, carajo). Y cabezona que es una, si veo que puedo hacer algo, el siguiente paso es hacerlo mejor, y en eso también me anoto un tanto. Soy muy curranta yo, y eso resulta que se acaba notando. Y sin ser la mejor, consigo no ser mala.
A otro nivel más personal el año ha tenido de todo, pero no como novedad: no me han puteado por primera vez, no me he sentido traicionada por primera vez, no me han dado con la verdad en las narices por primera vez; tampoco me han felicitado por primera vez, ni me he enamorado de tonterías por primera vez, ni me he sentido especial y querida por primera vez. Así que en ese terreno, seguimos como siempre, que al fin y al cabo, es como tiene que ser; la vida sin más. Con sus cosas buenas y sus cosas malas.
Creo que en general ha sido un año de siembra, de aprender a golpes, de valorar y tomar decisiones que no he sabido tomar. Un año de desengaños y de ilusiones corrompidas, que en cualquier caso no cambiaría. Quizás el 2017 toque recoger y todo lo aprendido me sirva para algo.
Pero quedan cuatro días, y el mundo puede cambiar en un segundo en realidad. En estos cuatro días tengo una nueva prima, tengo un bolo en Dólar con Jalea Teatro, y un encuentro que no sé muy bien si hará que me pierda más, pero que estoy deseando descubrirlo. Siempre para mí, para mis adentros, para mi imaginación. El norte queda por allí, lo tengo claro, pero deja que vea lo que hay por este lado... He encontrado muchas respuestas en el fondo del vaso, que si algo bueno tiene, es la sinceridad más sincera. Así que lo mismo hay suerte, y el vino me acompaña en estos últimos días de un año tan intenso, y puedo anotar en la lista otra "primera vez".
miércoles, 14 de diciembre de 2016
Maneras de insistir
Muchas veces he sentido las ganas y la necesidad de abandonar ciertas cosas, de desistir en el empeño de alcanzar algo (o a alguien), pero siempre acabo encontrando razones para continuar. No sé si es una buena cualidad porque a efectos prácticos sería más fácil dejar de tragar y empezar de nuevo cuando notas que algo no funciona. Me gustaría pensar que soy de las que cortan de raíz con cualquier situación o persona que te hacen la vida complicada, pero descubro cada día que estoy lejos de ser así, y no sé si me gusta mucho... en realidad depende de cada caso.
A veces está bien no decaer y ser insistente aunque te golpees con el mismo muro una y otra vez, pero otras veces siento que no es correcto dar mil oportunidades a lo que claramente no te lleva por buen camino. Es una cuestión de percepción intuitiva. Yo insisto en entrar en el circuito de Madrid, me rechazan en los castings, pero no tengo la sensación de estar perdiendo, al contrario, creo que gano algo de cada experiencia y que seguir insistiendo es el único camino para llegar a donde quiero. Pero en otras situaciones, cuando veo que algo no avanza, que me estanca, que me frustra o que me complica la vida, debería ser de las que se plantan, de las que no pasan ni una, de las que no tragan con cualquier cosa, y sin embargo encuentro razones para seguir. Cabezona que es una... porque no es que a mí me guste pasarlo mal o hacer permisiones inadecuadas, pero es tal la necesidad, una necesidad casi espiritual, vital y por supuesto económica, que acabas por cerrar los ojos, la boca, y todos los sentidos, aprietas los puños y tiras palante. Claro que en estos casos va una resignada, sin ilusión, sin expectativas, y eso tarde o temprano acaba por quemar. Supongo que cuando me queme del todo ya no encontraré razón alguna para seguir insistiendo. Ahora mis razones son poderosas, más que mi frustración, pero todos tenemos un límite (el mío debe estar muy lejos...).
La insistencia tiene muchas caras y muchas maneras de actuar. A veces viene en forma pasiva, no motivas algo, no lo generas, no estás encima, y sin embargo salta un resorte dentro de ti cuando llega alguna señal que estimula cómo seguir "ahí", propiciando el momento ideal para alcanzar esa meta. Decir que no y ponerte firme es lo que mejor funciona en estos casos, al menos a mí. Es una negativa camuflada. Soy más orgullosa en lo personal que en lo profesional, claramente. Siempre he dicho que a mí es muy fácil hacerme daño pero es igual de fácil hacerme feliz, así que no sé muy bien en que rango de orgullo me muevo... Lo que sí tengo claro es que el fin debe ser muy valioso para que los medios estén justificados. Algo que no sirve para todo tipo de situación pero sí para algunas.
¿Hasta dónde nos hacemos valer? Yo me valoro menos de lo que debería, pero yo soy yo, y me doy permiso para hacer lo que me dé la gana conmigo misma; no se lo permito a los demás. Y debe estar ahí el motivo de mi descontento a la hora de tragar saliva ante circunstancias y personas que no me dejan ser yo misma, pero que "me hacen falta" de alguna manera. Y entonces hago permisiones que no debería hacer pero que hago a regañadientes por el hecho de insistir. Seguir insistiendo. Insistentemente.
Insisto en seguir subida a un escenario, insisto en ser juzgada en los casting, insisto en esa cita que no llega, insisto en mantener con vida a Luna así me cueste la mía, insisto en domesticar a mi gato y que deje de arañarlo todo, e insisto en quedármelo pese a la alergia que me da. Insisto en personas que valen la pena pero insisto más en que entiendan que yo valgo la pena mucho más (por arrogante que suene), insisto en la felicidad de lo cotidiano aunque no tenga claro si estoy equivocada y la felicidad tiene otro nombre. No insistiré donde claramente no tengo cabida porque eso no es ser insistente, es ser pesado, y la diferencia, aunque sutil, separa una virtud de un defecto. En todo lo demás seguiré inventando maneras de insistir.
jueves, 1 de diciembre de 2016
La vida de "bee"
En mi último viaje a Madrid tuve la suerte de que tanto en la ida como en la vuelta el autobús contaba con tablets y cuando no estaba durmiendo podía ver pelis. Tuve que tragarme un par de bodrios antes de dar con una realmente buena. No pude terminarla así que me la pillé para verla bien al llegar a casa. Se trata de "La Vida de Pi", una de esas pelis que te dejan dándole vueltas al coco, como cuando vi por primera vez "2001. Una Odisea del Espacio". En mi caso, las pelis que me hacen pensar me llevan casi a la obsesión. Estuve varios días, con sus noches, intentando responder a todas las preguntas que me rondaban: ¿existía el tigre?, ¿existía la isla?, ¿existe dios?... ¡¡¿¿¿los plátanos flotan???!! Supongo que a veces la vida nos pone en situaciones extremas de las que solo podemos salir por nosotros mismos, aferrándonos a lo que sea que nos pueda ayudar, ya sea real o imaginario, se llame Dios o Richard Parker, sea válido para los demás o no... y que en el fondo, solo importa lo que signifique para ti, y que cada uno piense lo que quiera. Hay que quedarse con la belleza de las cosas, incluso con la belleza que reside en las peores situaciones, en los peores sentimientos y en lo más feo que nos pueda pasar. Mientras haya colores, sol, música, un pez nadando, estrellas en el cielo, poesía.., hay vida, y encararla es una elección y depende de gustos, genes, inclinaciones y circunstancias. Mejor o peor, la vida es así y nuestras decisiones (voluntarias o involuntarias) nos llevan a la deriva por un mar a veces alborotado y otras veces tan en calma que te puedes reflejar en él, y te ves, y lo entiendes todo. Momentos de lucidez lo llaman. Alguno he tenido.
Y de estas cosas que tiene la vida, me he reencontrado con un viejo amigo. Un chico que conocí con 15 años, cuando estuve de intercambio en Manchester y con el que estuve manteniendo correspondencia durante varios años, hasta que un día se cortó la comunicación. Ahora, casi 20 años después, nos hemos encontrado por Facebook. Vive en un pueblecito del sur de Francia, trabaja de guía turístico, tiene casa, novia y animalitos y está hecho un hombre, aunque se sigue pareciendo a aquel chaval con espinillas que me llevó a ver "Titanic" a un cine inglés e intentó meterme mano. Recuerdo una frase que me escribió en una de nuestras infinitas cartas: "Mientras vivamos bajo el mismo cielo puede que nos volvamos a encontrar", y ahora la tecnología nos ha acercado tanto que sé seguro que nos veremos, tarde o temprano. Es genial comprobar cómo cada uno ha encaminado su vida a lo que le gusta. Él siempre me enviaba fotos de sus escaladas por las montañas, y de los viajes que hacía, y ver que ahora se dedica a hacer eso me ha encantado. Lo mismo le ha pasado a él conmigo, que lo ha flipado al ver que he tirado por el mundo del artisteo. Recuerdo que cuando vinieron los ingleses a Motril hicimos una fiesta en una discoteca y una amiga y yo preparamos una canción, ella al piano y yo cantando. El único que me prestó atención fue él, que me miraba embelesado y con una gran sonrisa en la boca y que cuando terminé aplaudió como un descosido, y me dije que era una artista y que cantaba muy bien, jajaja... críos...
Y es así, la vida te da sorpresas. Como que de pronto te escriba alguien a quien tú ya creías fuera de tu vida, y que se disculpe (más vale tarde que nunca) y que todo ese mal rollo que tenías con ella y que te llevó a echarla de tu vida, desaparezca como si no hubiera pasado nada. Si algo bueno tengo es que no soy rencorosa, aunque a veces me gustaría ser más firme y más fría a la hora de perdonar, aunque solo sea para eliminar la sensación de blandengue que se queda cuando te rindes a las buenas palabras sin recordar las malas acciones. Pero supongo que es mejor ser blandengue que vivir envenenada, y a fin de cuentas, si estoy donde estoy es también por "culpa" de esas malas experiencias que acaban por llevar a cada uno a su lugar. Será un rollo kármico...
Seguramente el 2017 me seguirá dando una de cal y otra de arena, pero la cal y la arena del 2016 ha sido necesaria, y si echo la vista atrás creo que ha sido un buen año aunque apretado a nivel económico y con más desengaños de lo habitual. Así y todo, he logrado superar tantos rollos personales que no cambiaría ni un grano de esa arena (ni de esa cal). Ya estamos en diciembre, y antes de que el año termine me queda un mes entero por llenar. Tengo un nuevo bolo con The Happy Fish y otro con Jalea Teatro, un corto, un videoclip, y me van a entrevistar en EsRadio Granada, donde ya concedí una entrevista para promocionar el último concierto que hice con mi grupo el pasado 26 de noviembre. He aquí la entrevista en cuestión. Y fue a raíz de ella, que me propusieron ir al estudio este mes para una entrevista personal, así que allí estaré hablando un poco de todo lo que me ocupa. Y antes de meterme de lleno en trabajo, este finde me lo dedico al ocio más ocioso, a las relaciones sociales de placer, y a eso de jugar con fuego sin quemarme.
Entrevista en EsRadio Granada. The Happy Fish
lunes, 14 de noviembre de 2016
Brillar en la oscuridad
Hoy tenemos una de esas lunas que llaman "super lunas" y que se ven cada no sé qué panzá de años... Desde mi balcón se aprecia perfectamente como si fuera un foco iluminando la negritud de la noche, brillando en la oscuridad (algo que todos deseamos alguna vez).
Tras mi última experiencia en Madrid me quedé desencantada con esto del "artisteo". Tanta gente detrás de lo mismo, buscando una oportunidad (SU oportunidad), presentándose diariamente a castings y soportando negativas, rechazos, palabras hirientes y la desmotivación que todo ello acarrea. Yo me hice un viaje de ida y vuelta en el mismo día para eso... para encontrarme con una prueba de cámara tonta, a la que se presentaron muchísimas chicas con el mismo perfil que yo y esperando que entre todas ellas, la directora del casting se fijase precisamente en mí. Es como comprar lotería y creer que te va a tocar porque te lo mereces, porque te hace mucha falta o porque llevas mucho tiempo comprando; es una cuestión de azar. Todos quieren (y necesitan) que les toque la lotería. Allí mismo, mientras esperaba a que dijeran mi nombre, conocí a una chica que se había pegado también un viaje de autobús solo para eso (en su caso desde Alicante) y se volvía en cuanto acabara la prueba, igual que yo. Que te vuelvan a llamar tampoco es garantía de nada, al menos en este caso.
Me presenté porque el trabajo (en caso de conseguirlo) está muy bien pagado y necesito dinero, pero el dinero huye de mí... he tenido una segunda oportunidad de ganar pelas con un bolo de los Happy Fish, muy bien pagado también, y he tenido que rechazarlo porque mis compañeros no podían hacerlo ese día. Rodeada como estoy de gente que no piensa como yo, ni tiene las mismas necesidades, ni las mismas aspiraciones, ni nada de nada, pues qué quiero... Con Jalea no vamos mejor (siempre económicamente hablando): esto de ir de legales es un asco, Hacienda se queda con mi dinero, y entre retenciones varias, tantos por ciento a repartir, etc... acabas ganando un mojón.
Así que entre esto de querer destacar y darte cuenta que eres un grano de arena en el desierto, y trabajar para ganar dinero y no ganar una mierda estoy en plena crisis existencial, replanteándome mi vida o, mejor dicho, la forma de tomármela. Mañana tengo otro casting, éste en Granada. Así que sigo comprando lotería, pero ya no espero que me toque, ni espero que reduzcan el 21% de IVA cultural y dejen de robarme, ni espero ganar dinero con la música, ni espero brillar como la super luna. Pero no estoy triste. En realidad tengo más ganas que nunca de trabajar y de aprender. La falta de dinero es un problema pero también me hace apreciar más lo que hago, tomármelo en serio pero sin que eso me afecte negativamente, y me anima a seguir intentándolo. Igual es hora de ponerme en el lugar que me corresponde y empezar a construir una buena escalera en lugar de dar saltos.
Tras mi última experiencia en Madrid me quedé desencantada con esto del "artisteo". Tanta gente detrás de lo mismo, buscando una oportunidad (SU oportunidad), presentándose diariamente a castings y soportando negativas, rechazos, palabras hirientes y la desmotivación que todo ello acarrea. Yo me hice un viaje de ida y vuelta en el mismo día para eso... para encontrarme con una prueba de cámara tonta, a la que se presentaron muchísimas chicas con el mismo perfil que yo y esperando que entre todas ellas, la directora del casting se fijase precisamente en mí. Es como comprar lotería y creer que te va a tocar porque te lo mereces, porque te hace mucha falta o porque llevas mucho tiempo comprando; es una cuestión de azar. Todos quieren (y necesitan) que les toque la lotería. Allí mismo, mientras esperaba a que dijeran mi nombre, conocí a una chica que se había pegado también un viaje de autobús solo para eso (en su caso desde Alicante) y se volvía en cuanto acabara la prueba, igual que yo. Que te vuelvan a llamar tampoco es garantía de nada, al menos en este caso.
Me presenté porque el trabajo (en caso de conseguirlo) está muy bien pagado y necesito dinero, pero el dinero huye de mí... he tenido una segunda oportunidad de ganar pelas con un bolo de los Happy Fish, muy bien pagado también, y he tenido que rechazarlo porque mis compañeros no podían hacerlo ese día. Rodeada como estoy de gente que no piensa como yo, ni tiene las mismas necesidades, ni las mismas aspiraciones, ni nada de nada, pues qué quiero... Con Jalea no vamos mejor (siempre económicamente hablando): esto de ir de legales es un asco, Hacienda se queda con mi dinero, y entre retenciones varias, tantos por ciento a repartir, etc... acabas ganando un mojón.
Así que entre esto de querer destacar y darte cuenta que eres un grano de arena en el desierto, y trabajar para ganar dinero y no ganar una mierda estoy en plena crisis existencial, replanteándome mi vida o, mejor dicho, la forma de tomármela. Mañana tengo otro casting, éste en Granada. Así que sigo comprando lotería, pero ya no espero que me toque, ni espero que reduzcan el 21% de IVA cultural y dejen de robarme, ni espero ganar dinero con la música, ni espero brillar como la super luna. Pero no estoy triste. En realidad tengo más ganas que nunca de trabajar y de aprender. La falta de dinero es un problema pero también me hace apreciar más lo que hago, tomármelo en serio pero sin que eso me afecte negativamente, y me anima a seguir intentándolo. Igual es hora de ponerme en el lugar que me corresponde y empezar a construir una buena escalera en lugar de dar saltos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)