jueves, 28 de agosto de 2025

Absurdas coincidencias

Casi todas las cosas aparentemente absurdas que me han pasado este año me han llevado a las cosas más chulas que me han pasado este año. Es como si, ante cada puerta, hubiera que hacer algo absurdo para poder atravesarla. Y una vez que lo haces, te alegras, pero vas a ciegas, sin saber exactamente a dónde conduce. Tú sólo te dejas llevar por una extraña inercia de estupidez mal contenida, luego te dices “qué absurda coincidencia”, y al final entiendes que de otra manera igual no hubiera pasado. Y agradeces lo absurdo de todo.

Sea como sea, a lo largo de este año ha habido muchos momentos en los que me he sentido absurda, o han pasado cosas absurdas. El 90% de esos momentos han llevado, directa o indirectamente, un denominador común (o, en mi caso, un “común dominador”). Y justo cuando ya ni me acordaba de cuál era, vuelve a ocurrir lo absurdo. “Paso” fue el primer pensamiento, y aún más importante, el primer sentimiento; pasaba de verdad. Y, de pronto, la coincidencia. Y, con ella, lo absurdo de nuevo. 

Te llega de repente algo que te habían recomendado, algo que últimamente veías y oías por todas partes, algo para seguir avanzando, para no quedarte atrás. Pero eso no es lo absurdo; esa es la coincidencia. Lo absurdo es la circunstancia. Ese 90%.

Hoy se me mezcla el color naranja y morado con esa sensación absurda, y acabas entendiendo que esto es una lucha de poder, una guerra de egos, algo que no se parece en nada a lo que fue en su origen, algo que se ha ido desvirtuando con el tiempo, con la ausencia, con el silencio, con la lejanía, con el calor… No estoy dispuesta a pasar por ese aro. Lo supe después, pero más vale tarde. Hoy me ha llegado lo mismo, pero desde otra fuente, y esa opción desbanca lo absurdo, y sólo me deja la maravillosa coincidencia. 

Este verano he tenido mucho tiempo para pensar (todo el que no tendré en los próximos dos o tres meses). Y en todo ese tiempo he entendido cosas importantes, cosas que de primeras no se encajan tan fácil, pero que, con un poquito de voluntad, no sólo se encajan, sino que te hacen infinitamente libre. A veces lo que queremos es justo lo contrario a lo que necesitamos. Y yo, entre las muchas cosas que quiero, empiezo a distinguir lo que no necesito en absoluto, los caprichos estúpidos, esos detalles que, en vez de sumar, restan. 

Y luego están las absurdas coincidencias para dar un pasito más. 


No hay comentarios: