sábado, 7 de diciembre de 2024

De lo que construimos, destruimos y reconstruimos

Tengo mil notas esturreadas sobre las últimas dos semanas con cosas que escribo para que no se me olviden, y con cosas que escribo para olvidarlas, si fuera necesario. Y se ha hecho necesario. Algunas de estas últimas cosas tienen demasiada carga emocional como para volcarlas en algo coherente y comprensible como una simple lectura de repaso, pero voy a intentar reunirlo todo sin obviar las partes idílicas (detonantes de todo lo demás) y, a la vez, sin despegar los pies del suelo. Porque para escribir hay que posicionarse (a menos que estés dando las noticias), y mi posición de hoy es distinta a la de ayer, y distinta a la de la semana pasada. Se escribe desde una emoción, y ha habido muchas y muy cambiantes en poco tiempo. Hoy, sin emoción definida, me limito a narrar dándole el peso justo a cada palabra; si me paso o me pierdo en detalles, es cosa mía (pasarme, por lo visto, se me da bien).

Ayer no podía controlar mi cuerpo (antes de ayer tampoco, pero por razones distintas). Temblaba solo, como cuando tienes fiebre que te retuerces, y te estiras, y te acurrucas, y te das la vuelta, y otra vuelta, y otra vuelta sin poder controlar la respuesta natural de un cuerpo que agoniza entre espasmos y tiriteras. Se hacía hasta difícil respirar de manera normal estando así. Y cuando conseguía tomar algo de control, volvían de pronto las imágenes en blanco y negro, y esas desacertadas palabras, y sentía de nuevo los pinchazos por el cuerpo, el vientre en pie de guerra, y las ganas de gritar. Me fui, con imperiosa necesidad, a tirarme al sol sobre un manto de hojas marrones no muy lejos de mi casa, a ver si así se me pasaba el tembleque, me perdonaba por los abusos, y entendía de alguna manera que, a pesar de lo que pesa todo, es mejor agarrarse a una verdad que no mola, que a una maravillosa mentira. Y aunque todo parecía estar muy claro, mi cabecita nunca hubiera soltado esa imagen basándose sólo en lo que había. Necesitaba un golpe de realidad para hacerlo bien, para hacerlo en serio, para hacerlo sin vacilar un segundo. Pero se me hacía casi imposible con todo el frío en el cuerpo, y estando tan al límite. 

Los últimos cuatro años me he estado centrando únicamente en mí y en mi trabajo. Hice cursos, estudié muchísimas cosas distintas, produje un corto, escribí un espectáculo de humor, me saqué cuatro duros trabajando aquí y allí, grabé canciones, me procuré un camino seguro lejos de los lazos familiares, y me dediqué a observar el lado “mágico” de la vida. El resto del mundo me importaba poco. Nada ni nadie, fuera de lo que yo había creado, despertaba mi interés. Y las necesidades (siempre las hay), las supe cubrir sin hacer ruido, tirando de mucha imaginación y colocándome en ese lugar perfecto, aunque imaginario, donde no te la juegas, donde no te pueden hacer daño. Estaba todo bien, todo en su sitio. No había que buscar nada porque ni quería encontrar, ni lo necesitaba. Parece obvio que, entonces, te descoloque lo que aparece sin buscarlo. Y lo vi venir. Lo vi venir porque me conozco, y porque no es algo que pase todos los días. Conocía los riesgos, pero no me dio tiempo a recular. Y mi naturaleza curiosa quiso entender por qué (me dieron esa pregunta metida en un sobre; así de importante debe ser…). La cosa es que, para responder a esa pregunta, hay que investigar, y hay que meterse en el barro hasta el fondo. Y yo me he metido tan al fondo que lo he traspasado. Ahora está el fondo, veintitrés capas de lodo, y yo. Lo peor es que ni siquiera ahí encontraba la respuesta. Todo parecía haber sido algo meramente anecdótico. Pero con muchísimo esfuerzo he conseguido ver más allá, y he cambiado el objeto de estudio; el por qué tenía que ver conmigo, con nadie más. Y yo, aunque soy complicada de cojones, me consigo entender a veces, y resulta mucho más fácil que tratar de entender todo lo demás. 

Durante unos días muy inciertos, muy tensos y muy confusos me permití dudar, llorar, cabrearme, agarrarme a la esperanza, soltarla de nuevo, y de últimas, llegar a límites absurdos. Y todo (literalmente, todo) me llevó a ese sitio. Porque yo lo estaba haciendo bien, no había más tiempo, y con lo que tenía hasta ese último día, sólo podía hacer una cosa: seguir mi camino, y cerrar esa puerta que no llevaba a ningún lado. Pero la vida no te pone las cosas fáciles… Y así salté del 2 al 5 con nuevos interrogantes, con nuevas dudas, y con toda la curiosidad del mundo; la misma que me llevó al subsuelo. El 5 de ese 25 (sabía que ese número iba más allá de todo), yo me sentía la más guapa, la más segura, la más atrevida… y la más vulnerable. Un outfit defectuoso ya anunciaban el frío inminente. Y se fue metiendo el frío, mucho frío, a pesar de que no hacía tanto. Ese lugar llamado primavera me recordó que, en realidad, estábamos rozando el invierno. Y se escarchó el paisaje, y todo se volvió de un gris oscuro cuando perdí el miedo a perder, y me la jugué a todo o nada. Descubrí mis cartas, aposté (demasiado) fuerte… y perdí la partida. Así es el juego. No se gana siempre, pero siempre pierdes si no lo intentas. En mi burbuja maravillosa, que tanto me había esmerado en construir, se estaba demasiado bien para arriesgarme a salir, así que no sé en qué momento (o con cuántos vinos), pensé que romperla era la mejor idea del mundo. Sobre todo, teniendo los datos sobre la mesa gritando “¡no es por ahí!”. No me lo creí. No me fie de los datos (me han enseñado a chequearlos siempre), y supongo que necesitaba creerme algo que no me gustara, a seguir dudando de todo lo que sí. 

Tuve que esperar a que amaneciera el día siguiente para “perdonarme” por eso, y para conseguir alegrarme por ser valiente, aunque la valentía lleve consigo una buena dosis de masoquismo. Debo decir que, a lo largo de mi vida, siempre he funcionado igual, que he ido a por aquello que quería (en todos los ámbitos de la vida) incluso cuando parecían quimeras inalcanzables, y que nueve de cada diez veces he tenido éxito (y a más difícil, mejores resultados). Por supuesto que he perdido en otras ocasiones; las menos, pero suficientes para ser consciente de que esa posibilidad existe. Para ganar hay que estar dispuesta a perder… Cuando sea vieja y esté a punto de morir (previo pago de impuestos) me alegraré al recordar, si aún me queda memoria (y si no, para eso escribo), que tuve miedo a perder en muchos momentos de mi vida, pero que afortunadamente, le tuve más miedo a no intentar ganar. Eso me ha llevado a los mejores lugares. Y puestas a ser optimistas, la ausencia de memoria sensorial, y la palpable indiferencia hacen más fácil el camino de vuelta a casa. Todos los pedazos rotos de mi burbuja se pueden recolocar dedicándole un poquito de esfuerzo diario. Me doy lo que queda de puente al ocio, al descanso y a la lectura; a partir del martes ya me pondré con los mapas, el inglés, el monólogo y el resto de tareas pendientes. El tiempo no está para perderlo. 

Y creo que con esto ya está hecho el resumen de lo que pudo haber sido y no fue, de un viaje a ninguna parte (aunque muy enriquecedor), y de un casi fin de año tan lleno de cosas bonitas, (incluyendo esa voz y esos ojos que se quedaron conmigo el tiempo suficiente). No puedo más que sentirme agradecida, obviando el pequeño vacío en el corazón, por haber llegado tan lejos en casi todo lo que me he propuesto. Y, como buena inconformista, quiero más. Lo quiero todo. Algunas cosas las buscaré, pero, las mejores, llegarán por casualidad. A veces, sin hacer nada; a veces, dejando hacer a otros; y, a veces, porque un amigo te recomienda hacer algo en un sitio que queda muy cerca de tu casa.


Vamos a brindar por las noches perdidas...



lunes, 2 de diciembre de 2024

Huir es de cobardes

Que todo sea importante, pero que nada sea trascendente. Hoy, después de haber pulsado cuatro teclas aleatorias durante el fin de semana, haber hecho la hoja de ruta (hay que practicar) de un destino poco probable, haber cambiado el paseo por el barrio sin perderme mientras en un bar de otro barrio encontraba el pk de la victoria, y haber promovido un último intento de comunicación, me he levantado con el único pensamiento de soltar lastre y no esperar a mañana para redefinir un mes de diciembre que cada año me va gustando menos. 

Se me ha caído el único bolo a caché cerrado que tenía, y es mi último día “ocupada” pero, lejos de desanimarme, he hecho los deberes para que el final de algo bueno signifique el principio de algo mejor (pase lo que pase). No creo que llegue a esos 2000€ que tanto quería tener ahorrados, a menos que surgiera algún trabajazo muy bien pagado de la nada. Pero tampoco preveo muchos gastos esta navidad, y sí algún ingreso para quitarme, aunque sea, las deudas; tiraremos con eso este mes. Con eso, y con la fe ciega en el “no desaparecer” (al menos unos días); puede que el próximo lunes, tras cruzar un puente lleno de interrogantes, cambie mi discurso, y me vea obligada a tomar otros caminos. 

Hoy sería un buen día para tener superpoderes y que sea yo quien desaparezca, ahorrándome así un dolor de estómago que viene amenazando desde que asomé la cabeza por la ventana esta mañana, y me puse a limpiar la bombilla del mate pensando en los múltiples detalles. Pero como no tengo superpoderes, me lo tomaré con calma para que todo sea importante, sin que nada sea trascendente. Huir es de cobardes. Y hasta existe la posibilidad de que, a última hora, no haya incluso nada de lo que huir. 


miércoles, 27 de noviembre de 2024

Acción - Reacción

Tomar decisiones no es lo mío. Tomar decisiones rápidas, menos aún. Y después de pasar la mañana masticando de bulla las opciones, acabé diciendo NO. Un poco por rebeldía, un poco por evitar enfrentamientos innecesarios, y un mucho por la acción-reacción. Minutos más tarde supe que había acertado cuando ese corazoncito apareció para quitarle valor a aquel que revolucionó el mío en su momento. “No eres especial”, gritaba el mensaje. Pero esa frase está incompleta. Porque el 1.111 que relucía en la pantalla, más o menos a la misma hora en que alguien también andaba entre números no muy lejos de aquí, me recordó esas palabras acartonadas en el interior del armario. Las que últimamente había olvidado, y que por haberlas olvidado fue que me hice pequeñita durante unos días. “Pequeñita” es el calificativo suave que empleo yo para sustituir al de “niñata caprichosa” que seguramente emplearían otros. La imagen que he querido mantener se acabó desmoronando por la ausencia de oportunidades, por ignorancia y por cabezonería (todo intensificado por la famosa falta de tiempo). Y, probablemente, con mis acertadas decisiones he remarcado la contraria, comunicando, pues, lo contrario a lo que querría 

Pero lo bueno de que las cosas no signifiquen lo que parecen (o lo que tú quieres que parezcan) es que una deja de anticiparse, y se despreocupa, y le da a las cosas el valor que realmente tienen, ni más ni menos. Entonces relees el cartón y te vienes arriba “se acaba el camino, pero es un camino de doble sentido”. Y esta idea encajaría super bien si no fuera por la certeza de que yo voy en sentido contrario (para variar). Queda poco para volver a la rutina de esa vida que elegí en su momento, y que parece no casar con el resto de vidas. Y molaría volver a ella un poco más entera, previa limpieza mental, de lo que estoy y estaré en los próximos días. 

“No eres especial… AHÍ”. Ésa es la frase completa. Y era de esperar; el día y la noche, lo técnico y lo artístico, los números y las letras. Era de esperar… es lo que tiene ir siempre detrás de lo más inconveniente. 

domingo, 24 de noviembre de 2024

Entre flashes y tinieblas

Hoy, domingo, le pongo fin a una semana de prisas, estrés, agobios, y cosas raras. Una semana llena de espejismos; con su cal y con su arena. 

Empezó con una luz verde preciosa tras un fin de semana muy desalentador. Habiendo dado cosas por perdidas (algunas queriendo y otras sin querer), me vi cambiando planes a última hora, dejando en manos del destino todo el peso de la suerte. Con la firme intención de quitarme del medio sin llamar la atención, cumpliendo únicamente con "lo que había que hacer", el semáforo se puso en verde, y crucé sin miramientos, pero no vi el ámbar de la precaución hasta unos días después (se nota que me he estudiado la historia del semáforo). Crucé sin pararme a pensar que, lo mismo, al otro lado no había nada. Y eso fue lo que me encontré: la nada... llena de semáforos rojos. 

Y en medio del trayecto estaba la gala de Talentos Granadinos del Festival de Cine. Una noche para el recuerdo, en la que pude confirmar que esa parte de la profesión no me gusta. Es una celebración del ego que queda lejos de mis intereses, especialmente cuando vas más de relleno que de otra cosa. Mi corto fue concebido como un proyecto personal del que no esperaba sacar más que autosatisfacción. Todo lo demás era surrealismo puro y duro, aunque no estuvo mal vivirlo tan de cerca, reencontrarme con colegas, hacer contactos y conocer en persona a gente que admiro. Lo más bonito que me llevé fue la opinión de un cineasta que vio mi corto el lunes en el cine, y me felicitó con entusiasmo. Lo demás fue mero postureo, y llevarme el premio a la mejor vestida.

Pasarme el sábado por la fiesta de fin de festival estaba aún en el aire. Ya no había que estar en la gala, así que podía centrarme exclusivamente en mi viaje a Córdoba y Antequera, y luego... ya improvisaríamos... pero tenía bastante claro que el final del viaje era mi casa. Porque aquellas luces verdes se empezaron a apagar los días previos y, durante un buen rato, me vi a oscuras. Salí del paso en lo esencial, pero acabé perdida en todo lo demás (no sé leer mapas, ni acertar con los caminos; la vida misma...). Y en algún punto kilométrico (algo que también se me da genial) cerca de Luque, el sol se coló entre la niebla y empecé a saber dónde estaba y, lo más importante, quién no estaba allí. Ese sol, que luego se hizo grande, me mostró con claridad meridiana todos los contras, que no son pocos. Y tras muchos tropiezos en el viaje, volvimos a Granada con todo el tiempo del mundo, y con todas las ganas de dormir. Y hubiera dormido una semana más, si eso fuera posible. Sin embargo, pasé las horas previas recogiendo los pedazos se una semana engañosa, y tratando de hacer algo con ellos. Cogí la lista y, siendo honesta, tuve que reconocer que ni lo bueno es tan bueno, ni lo malo es tan malo. Y eso me puso aún más triste. Porque el resultado de esa ecuación es cero, que dadas las circunstancias, sienta aún peor, que un número negativo. "No es viable, ni realista, ni lógico", fue mi conclusión. Pero, cuándo he ido yo buscando lo realista o lo lógico... Me meto sola en los mismos jardines. Y tras mil vueltas de tuerca, improvisaciones desesperadas, y el vuelco en el corazón de una última mirada al infinito, me quedé con la que parece la única opción viable. Y por ahí empecé a ver de nuevo algo de luz. La que me lleva al único sitio que queda, al destino último del trayecto, al punto final de los finales. 



domingo, 17 de noviembre de 2024

No hay tiempo

Nunca he estado tan mal de dinero. Pero mal de verdad. 
Y sin embargo... 

Metidos ya en la semana del Festival de Cine de Granada, y queriendo centrar mis pensamientos sólo en eso, he tenido que tomar la decisión de hacer un viaje el mismo día de la gala de clausura del sábado. Un viaje que no pensaba hacer, porque es una práctica del curso que cuesta más de lo que podía permitirme, y que encima me coincidía con lo otro. Pero los caminos de la vida son raros... Esa práctica es importante para que luego optes a que te llamen para trabajar, nos han dado facilidades de pago, y en mi caso particular, también la facilidad de apuntarme el último día (porque hasta el jueves por la noche, en la Gala Especial de los Talentos Granadinos, no sabré si mi corto está nominado para el sábado). Con todo, el dinero seguía siendo un problema, por más que pudiera pagarlo a plazos (así de mal estoy), pero por estas cosas raras que me pasan últimamente, me pusieron el dinero encima de la mesa hace apenas unos días. Y digo raro porque yo ni siquiera lo pedí, ni lo insinué, ni hablé del tema. Simplemente me dijo un amigo "por todas las veces que me has cuidado al perro", y pum, ya tenía el dinero (incluso un poco más de lo que necesitaba). Me quedé  blanca como la leche. ¡Cómo se dan las cosas! Muy loco todo, porque yo quería disponer de ese dinero, que me llegara de alguna forma, que me lo encontrara por la calle, yo que sé... como una señal de que tenía que hacerlo. Muy loco. En fin, que me apunto al viaje, pero aún me queda el tema del festival. Si mi corto es nominado el jueves, prácticamente tengo que volver del viaje el sábado y salir corriendo para la gala (y aún así llegaría un poco tarde). Pero si me cambio en el autobús y me tomo un taxi, llego dentro de lo razonable. Aunque no me preocupa mucho, porque las probabilidades de que me nominen son ínfimas. Si me llevo un galardón el jueves ya me puedo dar con un canto en los dientes. Aunque todo puede pasar, y hay que prever todas las eventualidades. 

Pero dejando a un lado las señales y la magia, hoy he decidido acelerar el proceso de lo que irremediablemente se viene, y creo que es lo mejor que he hecho, aunque no siente bien de entrada. Nada como un golpe de realidad para que se te quite la ensoñación. Podía haber dejado que se fraguara poco a poco, saboreando cada pequeño detalle, deleitándome en el no saber, pero no hay tiempo para eso. Y en lugar de avivar el fuego y acabar quemadísima, he pensado que es mejor ir enfriando ya el ambiente, por si acaso, y acelerar el proceso para llegar antes al desenlace (sea cual sea éste). No hay tiempo para tomarlo con calma, para movimientos meditados, ni siquiera para improvisar. Simplemente no hay tiempo. Y como no hay tiempo, he hecho lo que había que hacer para acelerar las cosas, y obtener pronto el resultado. Y el resultado ha dado negativo. La lista de los no tan buenos parece pesar más. Y supongo que así es más fácil. Me quedo con el par de cosas buenas que sí me han hecho ilusión, y me las tomo como mis pequeños grandes logros. Hay cosas que aún despistan, y en ese despiste me puedo quedar unos minutos, pero ya... sólo eso, sólo hasta ahí. Porque no hay tiempo para más. 

domingo, 10 de noviembre de 2024

"Hoy es un gran día"

He acumulado un buen montón de momentos inolvidables en el último mes y pico. Momentos que no he tenido tiempo ni disposición de relatar porque necesitaba que se asentaran un poco. Septiembre se diluyó entre esperanza y buena actitud, dejando paso a una normalidad que anhelaba, pero que no ha sido en absoluto tan normal; ha sido mejor. 

Podría empezar diciendo que invertí mi tiempo en casa con una ilusión impropia de mí porque, por lo que sea, estaba confiando plenamente en que todo lo turbio era sólo algo pasajero, y que lo que viniera después lo agarraría con la mayor de las alegrías. Mi mayor deseo estaba claro, pero mientras tanto, en la espera, mi cabeza echó a volar e imaginó cosas (¿qué perdemos por probar?), e imaginó un globo rojo con su hilito flotando en el aire para ver si, más tarde, podía imaginarme bañándome en la playa una vez más antes de que acabara el año. Vi ese globo rojo pocos días después, con su hilito flotando en el aire y, por si quedaba alguna duda, vi varios más al día siguiente. Acababa de releer un libro que me regaló un amigo, y quise probar lo que decía. Ese fue el detonante. Después de eso, volvió la salud a mi casa, me llamaron para inaugurar una nueva sala de teatro en La Zubia, me encontré una bicicleta como nueva en la calle (check!), y el 31 de septiembre, coincidiendo con el veranillo de San Miguel, me bajé a la playa; el 1 de octubre (magia) me estaba sumergiendo en el Mediterráneo. Lo que parecía imposible unas semanas antes, con tanta tormenta, lluvia y frío otoñal, resultó en un auténtico y caluroso día de verano (el mejor de todos). Esos dos días, y ese gran momento en la playa, era algo demasiado bonito para arriesgarme a que "alguien" lo arruinara. Y como si de una revelación se tratase, reculé en los planes con la familia y me decidí a cumplir con mi único plan: YO. Pude comprobar que fue la decisión acertada cuando, semanas después, me reuní con ese "alguien" para comer y, efectivamente, arruinó la comida. Pero ese momento, aunque también doliera, me daba más igual...

Con tanta benevolencia cósmica a mi alrededor, quise ir un paso más allá y centrar mi energía en mi verdadera carencia: el dinero. Dos mil euros es mucho, pero está dentro de lo razonable. Mis bolos en la Zubia fueron maravillosos, la gente quedó encantada, mi monólogo evolucionaba de un pase a otro, pero la taquilla no ha sido suficiente. No sólo no me ha dado para ahorrar, sino que ni siquiera me ha alcanzado para cubrir los gastos más inmediatos. Pero, al margen de lo meramente económico, la experiencia ha sido de diez. He aprendido muchas cosas, he constatado otras, y he tenido que respirar mucho para no caerme redonda por estar sola en un escenario, echando de menos, con más rabia que tristeza, a quien estuvo conmigo tantas veces y con el que me sentía capaz de cualquier cosa. Da miedo saltar sola sin red de seguridad, pero lo mejor del mundo está al otro lado del miedo, y cuando lo vives en primera persona y superas esos momentos de mierda, casi que te resbala lo que hagan, o lo que digan que van a hacer, te resbalan las ausencias, te resbala la indiferencia. El aplauso final es el que una se da así misma. Y en este caso vino acompañado de muchísimas otras manos que aplaudían, y de nuevos seguidores, y de recomendaciones, y de un boca a boca que me ha dado dos bolos más para los próximos meses en distintos puntos de la provincia (y otros pendientes de cerrar). Da miedo estar sola, pero da más miedo necesitar no estarlo. Ahora me puedo colgar esa medalla. 

Y durante mi paso por esta sala recogí algo más: amistades casi perdidas, reencuentros bonitos, el perdón que no se pide ni se exige, pero que se concede sin olvidar y sin intoxicarnos demasiado. Tomé la iniciativa con uno de esos amigos, y como si se tratase de un karma extraño, otra amiga la tomó después conmigo. It feels nice, doesn't it?

Entremedias, durante ese tiempo "vacío" antes de que empezara el ajetreo de octubre, hice un par de cosas más, ambas por probar suerte, ambas sin mucha convicción, ambas por otras personas, ambas por poder decir "lo he intentado". La primera fue mandar mi corto al Festival de Cine de Granada, el único por el que pagué tasas extras sólo por inscribirlo, y que tras haber sido rechazado anteriormente en otros seis festivales, no le tenía ninguna fe. Pero mi madre, con una confianza ciega, y con la ilusión que a mí me faltaba, me dio el empujón para hacerlo. Y más o menos por la misma fecha, otra persona que también me quiere me insistió para apuntarme a un curso para ser guía de ruta y que me podía dar trabajo en el futuro. Me apunté al curso y al festival de cine sin ninguna convicción, casi segura de que ninguna de esas cosas era para mí. Cuán equivocada estaba...

Mi corto fue seleccionado en la categoría de cortos granadinos, cosa que ya me parecía suficiente porque eso significaba que lo proyectarían en los cines y lo vería mucha más gente que si lo cuelgo en YouTube para que sólo lo vean cuatro. Pero no ha quedado ahí la cosa. "La Caverna" ha sido nominada, junto a otros cortos, a Mejor Innovación Visual (que debe ser una forma elegante de decir "qué corto más raro"). Ni sabía que existía esa categoría... Así que ahora, a la alegría de que mi corto se vea en cines, le añado un posible galardón que no voy a ganar, pero que no me importa. Al menos tendré la ocasión de estar en la gala con mi "equipeitor" el 21 de noviembre, ponerme (demasiado) guapa por una noche y, con suerte, crear una red de contactos.  

Y en cuanto al curso, cuando me contactaron para ver si era "buena candidata", fui muy sincera y les dije que habría días que tendría que faltar por compromisos varios, y por bolos, pero que (habiéndolo ya pensado mejor) me encantaría poder hacerlo. ¿Y si se me da bien? ¿Y si realmente hay trabajo en ese campo? ¿Y si resulta que puedo compaginarlo todo? ¿Y si mi colega tiene razón? Sí... quería hacerlo, quería probar suerte (esa suerte que empiezo a conocer y que estoy aprendiendo a controlar). Y no sé si puedo llamar suerte todavía a conseguir la plaza y llevar ya dos semanas y pico de curso, porque no sé a dónde me llevará después, pero sí sé que estoy donde tenía que estar (pase lo que pase). Lo sé por muchas razones: por lo que estoy aprendiendo, por lo que necesito mejorar, por el desafío que supone para mí meterme en terreno desconocido (literalmente), pero, sobre todo, lo sé por la misma razón por la que se saben esas cosas que no se pueden explicar: porque tenía que ser así. Certezas. Simplemente eso. 

Me gusta asistir a clase porque los contenidos son totalmente de mi interés, estoy motivada (cosa imprescindible), y tengo un grupito de compas muy maj@s. Como suele pasar, conectas más con unas personas que con otras, pero lo que no esperaba era conectar tanto... De hecho, hasta la eterna imagen ha cambiado estos días (ganó por cercanía), y ni siquiera lo vi venir. Fue colándose poco a poco, sin hacer mucho ruido. Y, de pronto un día, "el dibujito animado" ya estaba dentro. Son muchas las carencias, pero a la única que de verdad me tengo que preocupar ahora se le suma el elemento sorpresa. Ese que no deja pensar con claridad (o que sólo te hace pensar con claridad en una única cosa). Está en fase 0 (¿se podría recular todavía...?) pero la fase 0 es la más puñetera, y la más peligrosa. Es esa fase de no saber, de niebla, de inquietud. Vas a ciegas, intentando sortear lo bueno y lo malo, porque ambas cosas te empujan irremediablemente al filo del mismo barranco. Y si no hay forma de pararlo, al final te resignas: un mes de caída libre, y luego un tiempo de convalecencia antes de volver a la normalidad, a ese camino tranquilo y solitario del que me había desviado por sorpresa. Con mi vieja y querida imagen lejana ocupando de nuevo el lugar que le corresponde. Ahí no hay niebla, es un lugar seguro, y piso terreno "conocido" en lugar de andar por arenas movedizas. Llegará, queda poco. Y ya que la caída es irremediable, mientras recorro ese espacio de vacío, al menos planearé un poquito, mediré los tiempos, disfrutaré de las vistas, y experimentaré la adrenalina de estar en el aire antes de llegar al suelo de un mes de diciembre de incertidumbres, despedidas, bolsillos vacíos, y bolos por armar. Y lo haré sin que se note que se nota, tratando de estar en la misma página, intentando hablar el mismo idioma, y lo que sería más interesante: tirando de todo para convertirme en la mejor. 


Sólo podía arrancarme a contar tantas cosas bonitas cuando algo "inquietante" me obligara a sentarme a escribir. La carta de la muerte, rescatada de la caja de la persiana, con su número XIII (claro que sí), anunciaba nuevos comienzos. "Hoy es un gran día", y cada día puede serlo...

Esta frase me ha abierto mil puertas.

No seré yo quien las cierre. 


Mis últimos artículos para El Batracio (los próximos serán ya navideños).





Vídeo promo "Como ser más productiva" (Octubre, Sala Bambalinas, La Zubia)


martes, 24 de septiembre de 2024

Pero qué borde...

Parece que de un tiempo a esta parte me he "espabilao" con muchas cosas. Cosas que antes me hacían sentir incómoda e insegura. Antes pensaba que si alguien dejaba de hablarme era culpa mía: algo malo habría hecho sin darme cuenta, algo malo habría dicho sin pensar. Y me ponía a repasar mentalmente mis posibles errores para entender que la otra persona se haya alejado, molestado, o lo que sea. Normalmente no pasaba nada. No había hecho ni dicho nada malo, simplemente la peña va a lo suyo y no se preocupa (como tú) de mantener buenas relaciones o un contacto regular. Yo sí me preocupaba... me preocupaba que fuera por mi culpa. Desde que me vinieron varias de éstas de golpe, entre mayo y septiembre, he observado un cambio gordo en mi actitud. He notado que me da igual lo que pase ahí afuera, en las cabezas de los demás, pero no como otras veces que he tenido que obligarme a dejar de preocuparme, sino que me ha ido saliendo solo, sin proponérmelo. Simplemente, me empezó a ocurrir un día, y le he pillado la gracia. Se vive mucho mejor cuando no intentas descifrar constantemente los pensamientos ajenos. Y creo que este maravilloso estado se lo tengo que agradecer especialmente a mi muy mejor enemigo, ese que vive en las alturas (desde donde siempre me miró), quien, tras varias y disimuladas idas y venidas, consiguió pulsar la tecla exacta en un descuido a su incoherente manipulación. Fue ahí cuando un día me pregunté por qué una tontería me molestaba tanto de unos, y cosas gordas me molestaban menos de otros. Discriminaba en función de lo que me hacían sentir, independientemente de lo que me hubiesen hecho. Es como si alguien a quien quieres mucho te hace una putada gorda, y alguien a quien quiere menos te hace sólo una gamberrada. Te enfadas a muerte con el segundo porque lo quieres menos, y al primero, que te la ha jugado mal, se lo perdonas todo porque lo quieres más. Y dándole vueltas a esto entendí que no sabemos querer; somos irracionalmente  impulsivos, y terriblemente injustos. Y como el problema no era el qué sino el quién, metí a todos los quiénes en el mismo saco, le hice un nudo, y lo lancé lejos. Y al hacerlo todos los malentendidos, todas las mentiras, todas las palabras vacías, todas las acciones interesadas, todos los egos de mierda de los demás (más o menos queridos) se fueron al mismo lugar, muy lejos de mí. Para que se ordenen solos, sin mi intervención, sin mis preocupaciones, sin mis infinitas preguntas al viento. 

Y fue así como empecé a decirme a mí misma "pero qué borde...", y así fue como me hice fuerte, y me volví más despreocupada, más segura, más lista, más pasota, más yo. Porque ya me daba igual caer bien o mal, ser mejor o peor persona, gustar más o menos. Me daba igual "esa" opinión (que en todos los casos sería errónea). Aprendí a manipular, aprendí a jugar sucio, aprendí estrategia, y aprendí a ser egoísta. En definitiva, aprendí de qué va esto en realidad... Cambié el "trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti", por el "trata a los demás como te tratan a ti". Y al hacerlo eliminé todos los filtros que la peña se había puesto para despistar, luciendo tal como son, y se vinieron abajo. Se les derrumbó esa torre de naipes desde donde me miraban, se les cayó el muro que habían construido a mi alrededor. Ahora ya no tienen cómo pillarme. He jugado con las reglas que ellos mismos impusieron, y he ganado yo.  




miércoles, 4 de septiembre de 2024

Alarmas, nacimientos, y golpes de suerte

Este verano, con sus olas de calor, sus intermitentes días de playa y sus countdown de calendario, ha sido un verano interesante. Durante la primera mitad estuve trabajando, y estar trabajando llama al trabajo. Algo que hace unos meses quise que ocurriera, ocurrió sin más. Me dieron ese bolo que tanto deseaba. Fue como un premio de consolación por el casting que no salió, un sorbo de esperanza en mitad de una crisis de fe. Tuve que rechazarlo porque estaba todo en contra, pero lejos de sentirme mal, aquello me hizo recuperar parte del optimismo perdido, y venirme arriba. Cuando algo es para ti lo sabes, no hay más. Tuve que tomar una decisión y lo hice. Y sabes que aciertas cuando por dentro te sientes bien y aliviada (y con el tiempo suficiente, confirmas tal acierto). 
Otra cosa que hace semanas quise que ocurriera, también ocurrió sin más. Recibí ese mensaje de esa persona. Y me alegré de que ocurriera fuera de plazo, porque pude ver con claridad con quién trataba. Llegó tarde, muy tarde. Y tras meditarlo ligeramente le di la oportunidad de hablar tras su demorada disculpa. Pero no lo hicimos, porque una vez más se retrató, y desapareció. Hace años que esa venía siendo la dinámica, y al principio me torturaba pensando cuáles podían ser las razones. Pero aprendemos por las malas, tropezando mil veces en la misma piedra. Y lo bueno de que todo se haya dado así es que ya no hay piedra alguna con la que tropezar. Porque cuando tropiezas con piedras imbéciles, es mejor darles una patada y sacarlas de tu camino; sólo así te aseguras de no volver a tropezar con ellas. Ahora puedo ponerle palabras, pero en su momento lo hice sin saber lo que estaba haciendo. Simplemente era lo que me pedía el cuerpo. 

Desde que pienso más en mí, y menos en los demás, soy más yo y más feliz. Incluso aunque algunos se hagan los ofendidos. Yo no me peleo con nadie (¡qué gasto de energía!), pero sé cuándo estar y cuándo no. Y sé con quién. A veces tomamos la decisión de hacer algo que sentimos que tenemos que hacer, y hay quien no lo entiende, o quien se ofende, o quien te manda mensajes hipócritas. La peña piensa que puede hacer lo que le de la gana sin consecuencias, pero hay consecuencias. Tu pequeña acción egoísta genera mi pequeña reacción egoísta . No hay más. Todos hacemos lo que "necesitamos" hacer en cada momento. Todos actuamos según percibimos las cosas. Así lo hicieron ellos, así lo hago yo, así lo hacemos todos.  Ponerse a pensar en las salpicaduras de tus actos no es ni medio recomendable. Primero porque nadie se tomará ese trabajo contigo, y segundo porque la intuición no falla, y si la escuchas y le haces caso, estás haciendo lo correcto, le moleste a quien le moleste (pero nunca falta el que se ofende cuando actúas como ellos). Así que, en algún momento de este interesante verano, a la Beba super considerada le sonaron todas las alarmas, una detrás de otra, y decidió apagarlas sin hacer ruido, y sin montar escenas (tu ego no le hace sombra al mío). Y es fácil comprobar que hacías bien en mirar por ti: se han borrado (ay... el ego), se han metido solitos en la papelera de reciclaje, y como yo no soy de escarbar en la basura, ahí se quedarán. No pierdo nada, sólo me alejo de hipócritas, de desconsiderad@s y de un auténtico maltratador. 
Todo esto, que ha simple vista puede parecer un dramón, no es más que pinceladas de algo que solamente venía pinchando y necesitaba sacar. Pero no ha sido importante, porque no lo es, nadie lo es. Y yo no pierdo el tiempo creando enemig@s (como parece ser el hobby de otros). La suerte me la creo yo, me siento más yo que nunca, y yo me comparto con quien me hace sentir bien. Como este verano que he podido pasar cuatro ratos estupendos con un colega que no veía desde hacía demasiado tiempo, y con el que ha sido maravilloso reconectar. Hay personas que son como luces de navidad en mitad del oscuro invierno.

Pero la luz más bonita que apareció en mi vida este verano se llama Hugo. Nació el domingo 18 de agosto sobre las 14:15, y aunque veníamos toda la semana esperando ese momento, cuando por fin llegó el día, me costó creérmelo. Mi hermano me mandó la primera foto que le hizo, y cuando la recibí me puse a llorar. Hacía tiempo que no lloraba riéndome al mismo tiempo. Estaba feliz, y estaba emocionada. Ni siquiera verlo en persona me causó ese efecto. Era un bicho pequeñajo y arrugado, igual a cualquier recién nacido, pero verle la cara por primera vez en esa foto me sacudió. Ahí estaba por fin: era mi sobrino. Era esa otra cosa, de las muchas que he deseado a lo largo de este año, que también se hacía realidad. Una de las más importantes, sin duda. 
Pero la vida te da una de cal y otra de arena, sólo para ver cómo reaccionas, para probar tu actitud, para ver si has aprendido algo. Y así, un domingo estás en el hospital recibiendo a alguien que quieres, y al siguiente estás en otro hospital ingresando a otro alguien que quieres. Los últimos planes del verano se truncan y te resignas. Pero esta vez quieres aprobar el examen y te dices: "qué suerte que pueda volver a casa por su propio pie. Y gracias a esta desgracia, lo mismo se quita de encima una enfermedad de las que sí dan miedo de verdad". Y pensando en que una tiene suerte hasta en los momentos más feos es cuando la vida te da el aprobado, y la palmadita en la espalda, y te manda una tormenta para que te de menos pena no estar en la playa, y te baja las temperaturas para que estés más fresquita en el horno de tu casa, y te regala castings, agencias, entrevistas, festivales y posibilidad de bolos en sólo una semana. Estoy estresada, estoy preocupada, y estoy peor que nunca económicamente, y sin embargo, no dejo de pensar que no pasa nada, que de alguna forma se arreglará. Obviamente no por arte de magia, ni tumbándote en la cama a esperar un milagro. Acción y confianza, ése es el combo del éxito. Y si falla, mejor que te pille con buena actitud. Verte en las peores te hace ponerte las pilas y buscar soluciones. 
Me seguirán pasando cosas feas, me seguirán ocurriendo desgracias, seguiré desencantándome con mucha gente, pero siempre intentaré responder a la única pregunta: para qué. Y cuando la pueda responder, sabré qué hacer. 

A la espera de respuesta de un nuevo casting, demasiado conectado con el último (demasiado para obviar la sintonía), no puedo pensar más que en las posibilidades. Lo encaré a contrarreloj, y equipada con las dos cosas bonitas que llevé aquel grandioso día de abril.  Es cuestión de suerte, todos los castings lo son. Y no queda otra que confiar en la suerte, esa cosa abstracta que no tiene pies ni cabeza, que no se puede explicar, que aparece y desaparece, y que, al final, entiendes que le puedes dar la forma que quieras, que la puedes entender, que la puedes manejar, y que aunque a veces no la veamos, existe, se manifiesta. Y la perspectiva del tiempo, y la inmensa e imperturbable atención propia la deja en evidencia. La suerte, esa cosa que algunos te desean de verdad y otros de mentira, pero que sólo depende de una creérsela o no. Pase lo que pase, no sólo con el casting, sino con todos los hilos de los que he tirados estos últimos días, yo ya tengo suerte: mi enfermito está mejorando, mi perro y mi gato respiran, tengo un sobrino precioso y sanote por malcriar, un piso en la playa por si las moscas, un puñaillo de buenos amig@s y una familia enorme y maravillosa. Y tengo Netflix, y HBO Max, y chocolate, y patatas fritas. 
Y me tengo a mí que cada día me quiero más (obí, obí, obí, obá)
ESO es suerte. 

Y me voy a hacer ejercicio, porque también tengo la suerte de tener un cuerpo con todo en su sitio (y delgadito, aunque resulte algo inexplicablemente perturbador para algun@s) que cuidar y mantener. 

Be happy. Be lucky.



lunes, 5 de agosto de 2024

Despertar

España ganó la Eurocopa. Pero el 2-1 no fue sólo el resultado que le dio la victoria. Era mi resultado, el que me animaba a mirar más allá de los números. Y al día siguiente, mientras aún subyacía la esperanza, pensé que pasara lo que pasara en los próximos días, el cúmulo de rarezas coleccionadas tendría que verlas como el faro que alumbra el mar por la noche. Porque quizás todo encajaba; o quizás no, y sólo se quede en algo anecdótico muy lejos del perseguido resultado final. Pero quería dejarlo registrado antes del temido momento en que me tocara despertar. Y el caso es que, a medida que pasaban los días, fui sintiendo como si algo ya me estuviese queriendo preparar para ello. Despertar con otros ojos, con otra visión, para vivir como si no hubiera un mañana del que temer, aprovechando lo que tengo (mientras lo tenga), divirtiéndome con tonterías, y haciendo lo que quiera sin esperar nada a cambio. Cuando vas bien, en el fondo lo sabes, aunque el camino se haga demasiado largo y cansado y den ganas de tumbarse en cualquier lado y pasar de todo. 

Ayer vi una de las pelis más malas y ridículas que se hayan hecho, con uno de los actores que menos me gustan, y con el humor más simplón del mundo. La vi porque, por casualidad, alguien la comentó; en realidad, comentó su final, y me sentí tentada a comprobar lo que decía. Así que la busqué y me la guardé para verla en alguno de esos momento coñazos y aburridos del verano en los que no sabes qué hacer y te pones “algo ligerito” para pasar el rato. Supongo que tenía que ver esa peli. Nunca lo hubiera hecho por mí misma, así que supongo que tenía que toparme con ese comentario que me llevó a ella. Y sí, es una peli estúpida hecha para estúpidos que, sin embargo, te hacen pensar (suponiendo que no seas estúpido y la vieras por casualidad).

Desde aquella final hasta esta película, pasando por la historia y origen del mundo, he estado intentando reubicar mis ideas, armar un puzle difícil, entender algo que aún no entendía. Tenía pistas, muchas, tenía a mi espejito mágico al otro lado del Canal de la Mancha, pero el faro seguía alumbrando un mar incierto, oscuro, y lleno de peligros y bichos de otros mundos. Hasta que algo por fin ha hecho click, y las piezas del puzle han empezado a encajar, y el faro ya no sólo alumbra el camino, sino que te ilumina.

Todo parece tener un nuevo sentido, pero aún necesito tiempo para creérmelo. Creerme que cuando no esperas nada, llega algo. Que las oportunidades hay que agarrarlas, pero sin someterte a ellas. Que el azar no es controlable y de poco sirve ponerse o quitarse (mejor tomarse una birra y aceptar lo que te toque). Me cuesta porque, en parte, siento que estoy renunciando, que me estoy rindiendo, que me estoy conformando. O igual todo esto es la tormenta que precede a la calma como una especie de esperanza autoinducida. En cualquier caso, ¿cómo ignorar lo que parece obvio? 

Da igual lo que pase, y da igual cómo funcione esto porque no puedo hacer mucho más que intentarlo. Tengo un barco, una tripulación y un faro que funciona. Sólo tengo que aprovechar lo que pueda, y dejarme llevar por las olas. Y confiar en que ÉSE es el camino. Parece fácil. Y hasta suena bien. 

Estamos aquí un segundo. 
Nada es tan importante. 

Pero eso lo entiendes al despertar. 

sábado, 13 de julio de 2024

Red-letter day

La pasada noche de San Juan me armé un plan de ensayos que empezaría el 24 de junio; sin saberlo, un día señalado para otra persona (y de rebote, también para mí), ya que ese día acababan las votaciones de algo que se sabrá en julio, y que, sin saberlo, resulta ser el mismo día en que yo acabo mi plan de ensayos. 
Esa noche de San Juan el directo comenzaba con una intrigante canción (24-25), aunque yo no lo vi hasta el 24, en la víspera del otro día señalado, el 25. Todo muy "conveniente". 

A esas alturas ya estaba entendiendo otra vez (a ver si es la última) algo que ya debería haber entendido en el pasado, pero se me escapaban las razones. ¿Y por qué buscarlas? Tampoco las hubo en su momento. ¿Por qué tiene que haber razones? A veces, las cosas son como son. A veces, la gente es como es. ¿Razones? No creo que las sepa nunca, y si así fuera, no creo que llegase a entenderlas. De hecho, estoy en el mismo sitio por tratar de entenderlas entonces. He necesitado mi tiempo para recoger de nuevo los pedacitos rotos que quedan después de la explosiva verdad. Y he vuelto a construir con ellos una renovada esperanza de éxito. No creo que hagan falta las palabras, las explicaciones, o los reproches. Las cosas siguen pasando hasta que las entiendes. Y cuando lo consigues, aunque haya costado, te ves envuelta en una energía rara que te empuja en otra dirección, y te lleva lejos de los lugares conocidos donde ya sólo quedaba estancarse. Lo que necesito lo tengo, y si necesito más, lo tendré (y con esa ligereza que da el no forzar nada). Y lo sé porque cuando una busca, encuentra. Y si te concentras un poco, lo encuentras rápido, porque está en cada detalle. 

Muchas lecciones aprendidas este último mes. Muchas respuestas. Muchos caminos abiertos. Y mucha responsabilidad para no darle un mal uso a todo lo aprendido, y sobre todo, para no precipitarme y perderlo. Siento como si tuviera que proteger algo muy valioso de todo tipo de amenazas, manteniéndolo a salvo de las garras de bestias incansables. 

Y con esta bombona de oxígeno para el alma, y la certeza de lo indescriptible encaré el último cásting que me entró hace apenas dos días. Un cásting que también traía "mensajes" en su descripción, y que fue lo que hizo que me lo tomara con más optimismo del habitual. Tanto me lo creí, tanto, tanto confié en mi suerte, que al acabar de mandar los vídeos que pedían, me entraron unas inexplicables ganas de llorar. Y no sé si eso tiene más de una lectura, pero para no sabotearme, mejor me despreocupo, y me centro en seguir las indicaciones. Me asusta tanto acertar como equivocarme (aunque, obviamente, hay miedos que saben mejor). 

Mañana se la juegan España e Inglaterra, en esa final de Eurocopa que tanto quería. Acerté con eso, quién sabe... lo mismo vienen más días señalados después. 



domingo, 16 de junio de 2024

Apuntes

Seguimos tropezando en las mismas piedras. 

Seguimos mordiendo los mismos anzuelos (¡picaste!). 

Pero buscamos la excusa para ceder siempre: por dinero, por mamá, por mejorar, por encajar... 

Ayer mismo pensaba en la suerte que tengo teniendo lo que tengo; en realidad, sólo la tengo a ella (los demás ni siquiera me caen bien). 

¿Seré yo? ¿Acaso exijo demasiado? ¿O estoy en una dimensión aparte donde mi lógica no aplica en el mundo real? Sí, puede que sea yo... cada vez más misántropa, cada vez más nihilista, cada vez menos tolerante. Al menos sé usar todo eso para reírme, para darle mi propio sentido a lo que no lo tiene, para crear algo bueno, y para destruir lo malo. 

Puede que navegue en aguas turbulentas, pero sé que dispongo de un buen barco, y que siempre tendré a mano mi cuaderno de bitácora para no perder detalle.

domingo, 26 de mayo de 2024

Egoísmo

¿Y si ya hubiésemos estado aquí? Si existiesen las vidas pasadas (un concepto demasiado irracional, pero no por ello descartable), lo mismo es que no tenemos consciencia de ellas porque fuimos seres inconscientes. No sé... animales, plantas, microorganismos, cualquier tipo de vida que no es consciente de su propia identidad, y que por tanto ahora no puede tener memoria de haber existido, pero queda algo de esas vidas a nivel subconsciente. A lo mejor a veces sabemos lo que va a pasar no sólo por experiencia o intuición sino por sabiduría vieja, de la que no hay memoria pero que quedó instalada. Puede que hayamos venido de otras vidas anteriores y super antiguas, y que hayamos pasado por muchas formas distintas de existencia inconsciente antes de convertirnos en seres conscientes, como última etapa (y puede que tampoco sea la última, quién sabe). 

No sé, me pasan cosas raras últimamente. Raras y curiosas. Y me da por filosofar y darle vueltas a la cabeza, y sacar teorías ridículas (o no) para medio explicar lo difícilmente explicable, lo que no tiene una base lógica ni racional. A veces ocurre que sé muy bien lo que va a pasar. Puede deberse a la experiencia, pero me veo venir cosas que a priori no tienen fundamento, no es para verlas venir tan fácilmente. O tal vez es pura intuición porque conozco bien la naturaleza humana y su comportamiento, y sé que somos seres egoístas, y que actuamos de forma egoísta cuando nos entran berrinches estúpidos si no conseguimos lo que queremos, pataleando como niños chicos, y buscando "vengarnos" de alguna ridícula manera. Por suerte para mí, cuando estas cosas pasan no sólo no me afectan, sino que no me pillan por sorpresa porque ya lo sabía, y eso me hace sentir extrañamente "especial". 

Sabía que mi última ocupación se había acabado incluso antes de que se acabara del todo. Si aguanté un poco más fue por no hacerle un feo a quien no correspondía (es un sol de persona; lástima que esté eclipsado), y obviamente, por egoísmo; si aguanto un poco más, gano un poco más. También sabía que ciertos detalles de amigos, ni eran detalles ni eran de amigos. Y este caso es más extraño porque yo no intervenía de ninguna manera. Iba a pasar justo en los días en que pasó, lo tenía clarísimo. Pero no hay mal que por bien no venga, y lo que me han quitado lo he recibido por otro lado (y sin intereses de por medio). 

Da que pensar. Me recuerda a ese episodio de Friends en el que Joey y Phoebe discuten porque el primero defiende que no existen las buenas acciones desinteresadas, y la segunda intenta demostrar que se equivoca, pero no puede. Siempre queremos conseguir algo a cambio, siempre buscamos ganar, quedar por encima, sentirnos mejor, o (en los casos más despreciables) hacer sentir peor a otros para tratar de equilibrar la balanza. Una acción bastante triste, pero ampliamente extendida. Y suele venir de los que tienes más cerca, y de los que menos te lo esperas, aunque esto último no aplica en mi caso, porque a mí me saltan las alarmas antes, por lo visto. Yo sí me lo espero (a menos que haya malentendidos de por medio, o alguna interferencia rara en la comunicación, que a veces pasa, pero es más raro). El caso es que al final caes en la cuenta de que ya lo sabías, y que además sales ganando tú. Ahora tengo lo que quería: no más ataduras, no más malos rollos, no más consentir, no más pedir permiso, no más falsedad, no más mentiras.

Y he tenido que pararme un poco para centrarme y darme cuenta de que entre las cosas "perturbadoras" que han sucedido en la última semana y media , también ha habido lugar para cosas bonitas: Que por primera vez en 30 años "El Batracio Amarillo" haya sido nominado a los premios Pop Eye a mejor publicación nacional (la gala fue anoche y no ganamos, pero la nominación es un buen motivo de alegría), que me haya salido un bolo para el próximo miércoles, haber vuelto a ver a Juan después de mucho tiempo, el lanzamiento de dos canciones en las que participo haciendo coros (¡quién me lo iba a decir!), mis dos artículos de la revista de este mes, que mi cuñada me haya compartido su cuenta de Max... Cuántas coooosaaaas.

Me voy a andar. Que a pesar de la mala calidad del aire, y el calorazo que sigue haciendo a las 20h de la tarde, las mejores coooosaaaas están ahí afuera. Sólo hay que saber mirar (y ser un poco egoísta). 

"MALDITO DYLAN"

                                           "COMO LAS MEJORES COSAS"

martes, 7 de mayo de 2024

El final del camino

Ya se acabó. El domingo hice mi última semana de "rehab". Han sido tres meses tan intensos y bonitos que casi tengo miedo de haber terminado, y que de pronto todo se derrumbe. Pero no es eso lo que he aprendido. He aprendido más bien lo contrario: a tener suerte, a creer para crear, a dedicarme el tiempo necesario (con sus ratos de "aburrimiento" incluidos), a esperar lo mejor, a tirarme (porque aparecerá la red), a ponerme delante de la montaña y subirla sin mirar arriba, a estar atenta, a pedir y (mágicamente) recibir, a ocuparme de la cantidad y confiar en la calidad... Y no lo he aprendido por leerlo en las páginas de un libro; lo he aprendido porque me ha pasado, porque lo he experimentado, porque lo he vivido tal cual. Me tomarían por loca si me pongo a contar la de cosas "raras" e increíbles que me han pasado en los tres últimos meses. De hecho, perderían sentido si las cuento. Hay que vivirlo. Hay que estar ahí para entenderlo. Como el chiste: Un judío llega al cielo, le cuenta a dios un chiste sobre el holocausto, y dios le dice "no lo pillo, no le veo la gracia" y el judío le contesta "supongo que tenías que haber estado allí". 

Estos dos días ya no he escrito nada. De hecho venía haciéndolo de forma muy escueta las últimas veces. Igual cambio los cuadernos por el Word y continúo con la práctica. Salen cosas interesantes a veces.
También seguiré, ahora de forma más consciente, buscando ratos de esparcimiento para mí sola. La buena temperatura acompaña. 
Lo más destacable de la semana es que el domingo me encontré en la calle algo que cuatro días antes había pensado que quería encontrar. Así de bizarra está mi vida últimamente. Encuentro las cosas que quiero encontrar (esa moneda, aquella piedra) sin buscarlas, sólo estando atenta. Me tropecé literalmente con ellas. Y llegan dentro del plazo, pero rozando el final. La paciencia es algo que también he aprendido. Llegar, llega, pero a su tiempo. 
Tengo que dejar los malos vicios y la procrastinación. Esos hábitos de mierda que me absorben el tiempo y la energía. Puedo hacerlo (¡puedo hacer lo que quiera!), pero tengo que querer hacerlo, buscar las razones adecuadas, las que a mí me sirvan... (siempre estará mi "vieja, gorda y cansada obsesión" de por medio para ayudar). 

IDEAS. Tengo la cabeza llena de ideas. Y lo más loco de todo es que creo que hasta las más absurdas, ridículas e improbables pueden acabar sucediendo. 


¡GRACIAS ECDA!


lunes, 29 de abril de 2024

Combustible

Ya casi en el último tramo de este viaje. 

Sigo escribiendo cada mañana, y sigo parando cuando lo considero, casi siempre por falta de tiempo o de ideas, pero en cualquier caso, menos de lo recomendado. 

No he tenido la paz necesaria para organizar cosas diferentes (no la he tenido desde marzo), pero aprovecho cada rato de soledad para "jugar". El tiempo no ha venido acompañando mucho para tirarse a la calle últimamente. 

Prestar atención es lo que más he sacado en claro desde que empecé con todo esto. De hecho, desde que curro los findes, mi atención está más dispersa, y lo he notado mucho. Sobre todo en los pequeños detalles. Esos que saben tan bien. Es algo a tener en cuenta. 

Ayer, como siempre, estaba demasiado cansada para pensar y por eso no escribí. Llegué pronto a casa (los tres días he llegado pronto a casa) y desconecté del mundo un par de horas. Sólo cuando despegué el culo de la silla y me di una ducha larga, volví al mundo de los vivos, para ascender a los cielos momentos después, cuando entré en X (un placer volver a verte, y a oírte, dear). Y ahí sí... ahí me olvidé del bar, de la gente estúpida, y de la posibilidad de verme de nuevo sin rumbo, porque la ducha y los chistes "dobles" me llevaron a otro sitio mejor. Al sitio perfecto. Ese en el que me inspiro y me ayuda a escribir, a estudiar, a sonreír, y a vivir mejor. 

Y si ocurre que de nuevo sobro, que de nuevo no encajo, que de nuevo no estoy en mi lugar, sólo tengo que buscar donde sé que está lo bueno. Tan cerca y tan lejos, pero tan a mano. Combustible. Y a seguir...



martes, 23 de abril de 2024

Feliz de estar aquí

Hoy es martes. Lo sé... el domingo me dediqué a descansar, y el lunes se me fue en otros quehaceres. Pero no quería hacer el registro sólo porque tenía que hacerlo. Quería dedicarle el tiempo que se merece, porque justamente la semana pasada fue la semana clave. La semana que, sin duda, HABÍA QUE REGISTRAR. Y no porque toque, sino porque todo este trayecto, todas estas semanas de aprendizaje, lecturas, tareas y ejercicios de fe ciega tenían un claro objetivo, y ese objetivo se cumplió el sábado. 

Terminé de escribir Beba al Desnudo el 25 de junio del año pasado. Unas páginas con las ideas ordenadas, con coherencia y con una longitud considerable. Pero estaba en bruto. Había que pulir mucho, y eso me llevó varios meses más. Puliendo, reescribiendo, reestructurando, quitando y añadiendo estuve hasta este mes de marzo. Ese era mi mes para dejar el papel y empezar a levantar el material, a ponerlo de pie, a darle vida. Pedí ayuda, pero no la recibí. Y tuve que resignarme a montar esto yo sola. Me iba a llevar más tiempo, pero ya está. Cuando me llegó la convocatoria para mostrar 15 minutos vi la gran oportunidad de demostrarme si esto era algo viable, o tendría que darme por vencida. Era la ocasión perfecta para probarme. Y esa ocasión la vi perdida cuando empecé a trabajar los fines de semana, pero una vez más TODO me llevaba por el mismo camino: estrenar. Me dieron el día libre en el curro, y no me quedó otra que ponerme las pilas. En menos de cinco días monté una pequeña parte del espectáculo, un monólogo de 15 minutos sacado de un todo que dura como hora y media. Si podía hacer ese trozo, podía hacer el resto. Y lo hice (mejor "cita" ever). Con todos los nervios, con todas las dudas, con todo el miedo del mundo. Por primera vez me ponía delante de un montón de gente a mostrar algo exclusivamente mío. Un monólogo escrito por mí, dirigido por mí e interpretado por mí. Me metí "la luna" en el bolsillo, y salí con una fingida confianza en mí misma ("porque soy una actriz de puta madre") a comerme el escenario, cuando unos minutos antes estaba convencida de que el escenario me comería a mí.

No puedo describir tantas cosas buenas, no sé hacerlo. Yo estoy acostumbrada a quejarme, no a celebrar (eso lo hago en los bares). Decir que todo fue bien sería quedarme corta. Porque fue bien, pero lo que significó para mí, más allá de los aplausos, las risas y las felicitaciones, no tengo forma de explicarlo. Mi alegría, más que a nivel profesional, era a nivel personal. Por fin la respuesta. Por fin la recompensa. Por fin un camino seguro sobre el que pisar, sin minas imaginarias ni bifurcaciones. 

Lo mejor que hice por mí toda la semana pasada fue concentrarme en mí, y ensayar, y fijar el texto. Y sí que hubo cosas "raras", las hay todo el tiempo. Como el viernes en el bar. "Si puedo hacer un huevo de codorniz sin que se me rompa... ". Y lo hice. "Tírate y aparecerá la red" (me lo repito como un puto mantra). ¿Qué podía salir mal entonces? 

Me quedan dos semanas. Vamos a aprovecharlas. 


Insignificante en esta inmensidad, pero con super poderes para atravesar el multiverso. Porque hasta en el día mas oscuro se puede encontrar el camino (y hasta te puede llegar la canción perfecta que ya lo dice todo por ti).


"HAPPY TO BE HERE" (Wookiefoot)


lunes, 15 de abril de 2024

Ventregada

Vuelvo a hacer el registro en lunes porque (bendita suerte) ayer estaba demasiado acelerada para escribir. La semana fue relajada en general, dejé oficialmente el curso de inglés y esperé lo más pacientemente que pude a que llegara el miércoles para recibir noticias del bar: ¿"gracias pero no vamos a contar contigo"?, ¿"vuelve el finde otra vez"?... me esperaba cualquier cosa. Y el miércoles se acabó la incertidumbre: "Buenas tardes, Beba, ¿te vienes el viernes para las 12:30?", y con ese mensaje se me abrieron las puertas del cielo. 

En medio de esos tres días pasé por distintos estados. No me centraré en los detalles, pero el domingo estaba convencida de que sería mi último día allí, porque iba a poner algunas condiciones para continuar que no esperaba que aceptaran. Pide y se te dará es la frase que mejor resume un domingo glorioso tras dos días de dudas, autocompasión y al borde del colapso. No puse una condición, puse varias. Todas aceptadas. Incluso, ¡incluso! me han dado el próximo sábado libre para estrenar el trocito de monólogo, una fecha que tenía cerrada desde marzo, y que tendría que cancelar con esto del trabajo. Pensé que después de que me aceptaran todo lo que pedí, no era recomendable apretar más a la suerte pidiendo un sábado entero libre. Pero no lo di por hecho y probé. Algo me decía que preguntara. Algo me decía que TENÍA que preguntar. Y sí... este sábado estreno, porque tengo el mejor jefe del mundo. Y, últimamente, la mejor suerte del mundo. Llegué a casa más temprano de lo que esperaba, con los bolsillos llenos, y sin poder creerme tanta buena racha, tanta recompensa, tantos regalos caídos del cielo. 

Cuando leí mis páginas el lunes descubrí cosas interesantes, patrones, quejas sistemáticas... fue el ejercicio más iluminador. Como también lo fue hacer memoria de miedos y resentimientos. Y todo lo que me viene pasando me encamina a aquello que quiero, al lugar soñado. Poner mis prioridades en su sitio (o sea, lo primero), y tratarme como "lo que soy" nunca me ha salido tan jodidamente bien. Va a ser verdad que todo es cuestión de fe. Incluso si la cosa se torciera en algún momento, ahora sé que significaría algo bueno, algo mejor... (¿sólo con creerlo?). Parece que es así... que no es suerte, ni magia.. Es querer, creer y confiar, por lo visto. 

La de cosas que estoy aprendiendo...

La de cosas que estoy recibiendo...

Hoy, metida ya en una semana nueva, he empezado con las nuevas directrices. Tomarme el día de descanso ha sido lo primero. Un día para recapitular, para no imponerme nada, y, muy especialmente, para aliviar tensiones, lo que no me ha dejado capacidad para más. Hay días así; y me encantan. Por más tortuoso que sea en el fondo. 


lunes, 8 de abril de 2024

Pretty good

Anoche estaba tan muerta que he dejado el registro de la semana para hoy. Una semana para registrarla, sin duda. Se me juntó un cásting, y una prueba de nivel con la llegada inminente de Mario y mi necesidad de grabar el material antes. Demasiadas cosas. El día que fui a hacer la prueba fue un gran día. Me resultó facilísima para ser B2, y tardé apenas 30 minutos en hacerla. Al rato de llegar a casa me enviaron los resultados 44/50: aprobada. Estaba segura. El curso empezaba al día siguiente, y no quería desaprovechar mi última mañana libre, pero me salió mal la jugada. El curso no es ni de lejos lo que esperaba. Yo quiero que me den caña y me enseñen cosas nuevas, pero siento que sé más inglés que toda la clase junta, incluyendo a la profesora (cursos gratis, qué se puede esperar...), así que prefiero seguir estudiando por mi cuenta con mi Aly, y mis tropecientas mil opciones en internet. Quería saber si mi nivel era lo suficientemente alto para poder optar a la RADA, y ahora sé que sí. No necesito más. Bueno, sí...  necesito juntar dinero como sea, y pienso dedicar mi tiempo a eso. 

El viernes estaba tan absolutamente down con mi vida, la cual había empeorado considerablemente en menos de 24 horas (por razones demasiado oscuras para soltarlas por aquí), que puse en marcha todos los mecanismos de supervivencia posibles, y saqué fuerzas para salir con la pandi como estaba previsto. Suerte que lo hice. Fui, como quería, al bar sin nombre (que ya sí tiene nombre) y tras una cerveza rápida tuvimos que emigrar a otro sitio porque estaba abarrotado. Al día siguiente me levanté con ideas frescas... imprimí mi CV de camarera y pasé por el bar a dejarlo por si necesitaban refuerzos (visto el éxito de la noche anterior). No llegué ni a darlo. El dueño me abrió la puerta (aún estaban cerrados), le dije que buscaba curro mientras sacaba mi CV, y antes de que me diera tiempo a dárselo me dijo "necesito ayuda en la cocina". Yo fui muy sincera, "no tengo experiencia en cocina". Le dio igual, "yo te enseño, es fácil. Vente en media hora con ropa negra". Así que el sábado por la noche me entró el dinero; y el domingo continuó entrando. Me está empezando a dar miedito todo esto, Mrs JC...

Por si acaso no me vuelven a llamar (estoy de refuerzo provisional), se me ocurrió también imprimir carteles para dar clases de inglés (volviendo a los orígenes), pero a esto le tengo menos fe. Gano más dinero liando croquetas, tostando panes, y friendo papas, aunque no voy a dejar pasar opciones porque ya sé cómo funciona. No encajo bien en la normalidad. 

Una semana de altibajos, con sus milagritos, y sus let downpero en general, pretty good. Pretty... pretty... pretty good! Menos mal que Larry David me alegra las noches. 

domingo, 31 de marzo de 2024

Collage

La semana (a tope de viento, frío y lluvia), no ha sido la más divertida del mundo, pero la he aprovechado. El domingo pasado, para rematar un fin de semana especial, me llegó a última hora de la noche un anuncio por WhatsApp. Un anuncio que me permitía lanzarme al vacío con red de seguridad. Al día siguiente me puse en contacto, y solicité un espacio para mí. Y me lo dieron: 15 minutos para probar(me). No podía dejarlo pasar. Si lo pensaba mucho, no lo hacía, así que actué rápido. Al mismo tiempo, me contestaron de otro anuncio para hacer un curso gratuito. Envié toda la documentación, y estoy a la espera de obtener plaza. Sacrificaría todas mis mañanas, dejándome poco tiempo y poca energía para mi material, pero era otra de esas cosas que no podía dejar pasar. Ese curso me puede abrir las puertas de la ciudad soñada. No sé si me darán plaza, pero era obvio que tenía que intentarlo. El miércoles volví al Albaicín, esta vez con un buen amigo, que me hizo un super regalo. Yo le regalé mi camiseta de Rick & Morty, que me pareció un regalo original por varias razones, pero nada comparado al "Sin Plumas" de Woody Allen. Eso es un regalo de verdad. Y, además, me hace recordar a mi amigo Constantino, donde quiera que esté. El resto de la semana he intentado trabajar lo que me ha permitido el cuerpo, y he hecho algún avance técnico. Ya me quedan sólo cuatro días para ultimar detalles importantes y grabar. Entretanto, sigo esperando a que aparezca "esa persona". 

Por lo demás, páginas más escasas de lo normal. Tareas hechas dentro de lo posible (si el tiempo no acompaña, no se pueden hacer ciertas cosas). Me autorregalé una tarrina de pollo con patatas porque soy así de cutre (y cerda), armé un collage igualmente cutre porque lo tuve que dibujar, aunque, al final, eso es más creativo que recortar revistas. Saqué mi culo al balcón, porque con frío no voy a ningún puto sitio, escuché mi disco, mi casa olía a coco... todo bien. Pero siento que no he prestado atención a casi nada. El ajetreo de la semana santa, con su mal tiempo, sus días festivos, sus horarios alterados... me han tenido en otra parte. Para colmo, hoy ha entrado el horario de verano, y me han robado una hora de mi tiempo. Pero cómo mola que empiece a atardecer a las 20:30. 

A partir de mañana, entra de a poco el buen tiempo otra vez. Quiero visitar el bar sin nombre, grabar, ir al parque con Chulo, volver a guardar las bufandas, y llamar a mi amiga Silvia (contactar con ella la semana pasada fue una alegría compartida). Al final, también recibí respuesta de esa otra persona. Así que bien: 3 de 3. 

Ayer, mientras leía "Sin Plumas", y después de haber hecho mi collage, me di cuenta de que yo misma soy un collage. Una crisis de identidad me invadió (es lo que pasa si lees a Woody Allen, y además empatizas), y empecé a pensar en todos esos rollos existenciales que me vienen a la cabeza de vez en cuando. ¿Hay algo que sea mío? ¿Algo que me defina? ¿Quién coño es Beba Jiménez? ¿Me hace única no ser única? Qué actriz se está perdiendo el mundo… puedo ser cualquiera, y tengo que conformarme con ser yo; un ente abstracto sin base firme.  Igual creo que mola ser un collage; un cóctel de distintos ingredientes que aparentemente no combinan, pero que al final es bebible. O puede que trate de autoconsolarme con esa idea para no reconocer que estoy, y siempre he estado, perdida en este mundo raro de dudas, incertidumbres y porqués. 

domingo, 24 de marzo de 2024

Algo especial

Esta semana ha sido, vamos a decir, intensa. Terminé la parte de texto que me quedaba, y empecé a poner de pie el tochaco. Todo bien, hasta que el jueves colapsé. Me quité las obligaciones de encima, pasé de seguir "sufriendo" por algo que no podía manejar. En otras palabras, me rendí. De pronto, no había razón para seguir enredada en algo que sentía que no podía hacer sola. Solté al aire toda responsabilidad, y con mucha pena, y mucha frustración, acepté que había equivocado el tiro, que no era por ahí. Y me consolé con el hecho de haber llegado tan lejos. Eso ocurrió el jueves. Los días previos pasaron con normalidad. El miércoles me fui al mercadillo (hacía años, muchos años, que no iba) para cubrir la cita. Sorpresa; encontré un puesto donde vendían castañas, y compré un euro sólo por sacarme la espinita de aprender a asarlas sin la ayuda de ninguna vieja loca. Castañas en primavera, así soy yo. Porque el miércoles entró oficialmente la primavera. Asar las castañas fue mi "algo nuevo en la cocina". Me comí una en condiciones, el resto tuve que roerlas como una maldita ardilla, pero qué más da. El jueves se nubló la vida, y de pronto el viernes volvió a salir el sol. Liberarme del estrés de seguir una agenda, de la presión de cumplir un programa, hizo que ese día todo saliera perfecto. Tras muchas horas haciendo mil cosas en casa (cosas divertidas), me senté a leer mi tochaco. Adelanté más de lo que esperaba, y lo que es mejor, me gustó sacarle cosas divertidas. Todo lo que el jueves me parecía horrible, el viernes me gustaba. Ese día encontré todas las respuestas del mundo en muchas pequeñas cosas. Y sin buscarlas. Venían solas. Hasta con coros de fondo. Por la noche, después de todo un día experimentando cosas muy chulas, y muy locas, ocurrió lo más extraordinario. Una de esas cosas que piensas (no que escribes, o googleas, o dices en voz alta), simplemente algo que piensas para ti, apareció en mi cara. Un peli, de las miles de millones de pelis que se han hecho, apareció en la pantalla de inicio de Netflix. ¿Qué probabilidades hay de que esas cosas pasen? Justo esa peli, justo después de pensar en ella. Pasaron cosas parecidas a lo largo de todo el día, tantas que se me ponían los pelos de punta, pero lo de la peli me voló la cabeza. Grité y todo, como el que grita al ver su número de la lotería premiado. Hasta mis bichos se asustaron. Pensé "hoy todo lo que pido se da. TODO. ¿Qué hago con eso?". Empecé a pensar en cosas importantes, pero mi mente sólo quería pensar en una cosa, esa cosa que me trae loca, esa cosa que quiero sacar a toda costa. Pero fui más específica: pedí ayuda. Puede que llegue o puede que no. No es algo inmediato. Y quizá, si no llega, es porque no hace falta. Chorreaba optimismo a espuertas. Esa energía, ese "buen rollo místico" se alargó todo el fin de semana. ¿Por qué soltarlo? Ahora ya sé que si me pongo y no sale nada, tengo que hacer otras cosas y ya está. Al carajo con los límites, y el estrés y la presión de cumplir a toda costa. Sin pausa, pero sin prisa. Era así de fácil. 

Al margen de todo esto, las tareas han ido saliendo también. Apunté los gastos de la semana, y he sido muy buena. He juntado ramitas, y flores, y piedras, aunque la mejor piedra me la encontré en una de esas "casualidades" que te vuelan la cabeza. He abierto las carteras que encontramos en la calle para que se llenen, y he juntado todo eso en mi rincón. También he hecho lo de contactar con ciertas personas, y he confirmado que una de ellas no quiere saber nada (doble trabajo). Con las otras dos estoy mucho más contenta. Especialmente con la que respondió enseguida. Puede ser un hilo del que tirar... Volví a revisar el armario, y tiré un par de calcetines medio rotos, y un bikini absolutamente destrozado que hacía ruido al estirarlo (guardamos cada cosa...). Pero lo mejor es que le voy a dar una nueva vida a una camiseta. Algo especial, para alguien especial (no todo va a ser tirar). Los calcetines los repuse cuando fui al mercadillo, y de paso arreglé el regalo del día del padre. 

Esta semana todo ha salido bien. Incluso el jueves negro fue necesario para que todo saliera bien. Y con música de fondo es todavía mejor. El día que me puse a revisar contactos vi sin querer la nueva foto del perfil de un contacto bloqueado, y hasta eso me gustó. Cómo cambia la realidad según los ojos con que la miras. Cómo cambia lo subjetivo cuando se vuelve objetivo. Me tuve que reír...  En serio, esta semana ha sido ALGO ESPECIAL (hasta salió por fin el nuevo número del Batracio Amarillo)👇






Le queda una semana al mes, la Semana Santa. Y luego tendré cuatro días sueltos de Abril antes de despedirme de mi espacio para todo, de mis horarios libres, y de mi deseado silencio. Una semana y media para memorizar 35 páginas, y grabar. Después habrá que improvisar y echarle paciencia a la vida otra vez. A ver si aprovecho bien mis recién recuperados "poderes mágicos", y encuentro soluciones viables para no bajar de donde estoy. Desde aquí tengo buenas vistas. 


domingo, 17 de marzo de 2024

Apurada

Hoy no he cumplido mucho; es uno de esos domingos tontos.

Atascada con una página (la del tema "delicado"). No se puede poner fecha a ciertas cosas. "Inténtelo de nuevo más tarde".

Hice un archivo de imágenes (otro) con cosas más mundanas; caprichos para el futuro. 

Las páginas son escasas porque no me tomo el tiempo para escribirlas, y no siempre hay agua que sacar del pozo. 

Hasta la cita de esta semana se ha frustrado (otros planes surgieron en su lugar). Pero no me preocupa tanto. Me dedico todos los momentos del día, ¿para qué inventar otros nuevos? A veces es divertido, pero no siempre hay disposición, o ganas. Sobre todo cuando se te echa el tiempo encima y no has terminado lo que debías terminar.

Se me acaba el tiempo y se me acaba el dinero. Así es difícil disfrutar de las cosas. Y miro por ahí, a ver si veo algo, pero no encuentro letreros claros. Un local vacío en una zona mejor. Eso sí que lo he visto, pero de poco sirve si no hay medios. Además, no lo quiero para mí, sino para que alguien más se ocupe y me de a mí la posibilidad de disfrutarlo. 

¿Dónde se buscan las cosas claras?

No sé si llego.

No sé si puedo.


domingo, 10 de marzo de 2024

Privación a medias

Ya ha pasado mi primera semana de aclimatación a la deseada soledad. Los dos o tres primeros días pensé que iba a perder el tiempo de la misma manera, pero sola. Sin embargo, no sólo estoy adelantando en muchas cosas, sino que el jueves abrí el documento con la vaga intención de echarle un ojo y poco más, y acabé trabajando horas en él. De hecho, está prácticamente terminado. Algún fleco por cortar, pero poco más. Porque viendo que funcionó tan bien, el viernes repetí, y el sábado, y hoy. Ya había hecho el trabajo gordo el jueves, pero estos días sirvieron para dar pinceladas interesantes. 
Se suponía que esta semana tenía que privarme de ciertas cosas; "aburrirme". No lo he hecho del todo, pero sí que he reducido el flujo de ruido. Una semana mirando el gotelé es mucho tiempo, aunque reconozco que el primer día lo llevé más a rajatabla y, además de escribir el artículo que me faltaba para la revista, se me ocurrieron varias ideas para los próximos. Y limpiando el armario descubrí que tenía un par de pantalones que ni me entraban. Así que no está mal practicar la privación de vez en cuando. 


Voy a tener que levantarme más temprano para escribir. Se me queda corta la mañana. Esto de estar sola mola mucho, pero también me obliga a encargarme de todo, y necesito tiempo para vaguear, si no, no funciono. 
Uno de los dos días que hizo sol esta semana, me fui al parque grande con mi perro, una toalla y una botella de agua, y me tiré en el césped a producir vitamina D con toda la calma. Eso, y tragarme la soporífera "El Espíritu de la Colmena", hicieron mi cita de esta semana (He cumplido, ya sé quién es Erice, y puedo discutir sobre la maestría de esos planos infinitos de paisajes castellanos, la sordidez de la época de posguerra tan bien plasmada en su fotografía, y ese guion que no necesita palabras (si acaso algún susurro), para mostrar la fantasía de una niña pequeña después de ver una peli en algo parecido a un cine. ¿Qué pintan las abejas en todo esto? No voy a verla otra vez para averiguarlo, pero ya puedo dármelas de cultureta). 
Hice un par de llamadas "raras" como dos intentos diferentes de buscar la inspiración fuera. Caí tarde en la cuenta de que no tengo dinero para comprar inspiración, y que el norte queda lejos para pedir favores. 
Escribí unas palabras mágicas que, desde el jueves, leo con vehemente fe. 
Y la mejor noticia de la semana también llegó el jueves. Mi sobri sigue bien agarrado al útero de su madre y, si no pasa nada raro, en agosto llegará a este mundo de mierda. Confirman que Hugo tiene pito, y un latido potente. ¿Qué importa el éxito o el fracaso cuando voy a ser tía en unos meses?