martes, 10 de marzo de 2026

Cuando acabe la lluvia

Más o menos durante la primera mitad de febrero, cuando las borrascas se empezaron a encadenar unas con otras para inundar los suelos y las casas, y provocar daños materiales, desalojos, heladas y desastres en las tierras de Andalucía, escribí algunas cosas que estaba empezando a necesitar para mover un poco el tablero. Aquello fue un domingo, y con más fe que expectativas reales anoté lo que necesitaba esa semana. El lunes amaneció en silencio, pero el martes salió el sol. O puede que no, pero en mi recuerdo había sol. Un bonito sol en el que, según mi agenda, era el “día mundial del paraguas”. 
En cuanto levanté la persiana por la mañana un enorme coche azul pasó por debajo de mi ventana, y me susurró “algo bonito”; un poco después esa mañana, me escribieron de una agencia para darme un circuito. Ese día parecía que todo encajaba, que todo iba bien, que se adivinaban cosas… El tablero se movía. Después de fliparlo un poco, y hacer los ajustes pertinentes para situarme mentalmente en el sur de Portugal, me fui a celebrar la suerte al bar de la esquina. 
En un acto de inspiración aderezado con cerveza, y con la imagen presente del coche azul de la mañana, me hice notar, y tanteé un poco el ambiente, aprovechando la excusa y el contexto. El resultado fue: respuesta inmediata, interés medio, despedida urgente. Aun así, mi primera impresión fue buena, pero al día siguiente, con la cabeza más fría, otras posibilidades igualmente válidas se abrieron paso. Pensé entonces que sobreanalizar no iba a servirme de mucho. Ya se disiparán las dudas cuando acabe la lluvia. 
Y la lluvia acabó, pero sólo unos días. Los suficientes para poder celebrar el cumpleaños de mi madre (con más nubes que claros, realmente, pero no por el tiempo), y disfrutar de playas y paseos marítimos algarveños, hasta que el cielo volviera a nublarse. 

Al tiempo que intentaba situarme en el mapa, descubrí que andaba más perdida en mi propia vida. Y en una de esas noches de crisis existencial pensé, “¿y si todo esto fuera un sueño, como esos sueños que parecen tan reales que sólo descubres que es un sueño al despertar?". Quizá lo que he querido siempre no pertenezca a esta vida-sueño. Quizá todo esto sea un ensayo para otra vida, y al morir despertemos del sueño y empecemos a vivir plenamente con lo aprendido en el ensayo. Esa idea, tan trillada por filósofos y literatos, consiguió, sin embargo, amainar mi vendaval de incertidumbres recurrentes y dejar el fatalismo a un lado. 
La vida tiene sus propios tiempos, y casi todo lo que yo escribí para una semana se fue dando en menos de dos, aunque las cosas más improbables, más fantasiosas, o más ideales no han llegado (aún). 
Y en relación a esto, el otro día en Baeza, durante otro circuito, me pasó una cosa rara… Tuve que buscar un baño público con urgencia para un cliente, y nos dejaron entrar en el Café Teatro Central. Mientras el hombre estuvo allí, yo me quedé mirando los cuadros de las paredes con fotos de artistas que habían pasado por la sala. Esa tarde había algo (un concierto, quizás) y la atmósfera me asfixió. Sentí un nudo en el estómago que no supe bien como interpretar. Era como asco por estar en un ambiente que últimamente se me venía negando. Pero no podía racionalizar nada. Cuando el cliente acabó de usar el baño, salí de allí a empujones, casi con rabia, y sólo el aire de la calle me devolvió cierto bienestar. 

Ahora, con media tarde libre antes de volver a las carreteras a seguir dando vueltas, he tenido ese rato de reflexión necesario para ordenar mi cabeza un poco. 

Hacer dinero (mucho) ----- renovar fotos ----- mandarlas a agencias. 

Ese es el esquema. Si salen bolos en medio, bien (de momento ya hay previsión de participar en un proyecto de streaming con un compañero que quiere contar conmigo, y otro que quiere que le ponga coros a una canción suya), pero mi objetivo sigue siendo el cine. No sé cómo ni cuándo, pero tengo otro corto que sacar adelante, y un monólogo que exprimir, además de seguir probando suerte con los castings, así que directamente no tengo vida. Mi vida es viajar, escribir, ahorrar y cruzar los dedos. 

Creo que lo único a largo plazo a lo que le tengo fe y ganas (llamémoslo proyecto kamikaze de urgencia) es lo que me mantiene funcionando con cierta ilusión. 

Estoy deseando que acabe la lluvia.