sábado, 15 de noviembre de 2025

Y llegó la nieve...

…y con ella la separación, el silencio y, probablemente, el olvido. Un gran paréntesis de frío y espera que hace que todo se escurra entre los dedos como la nieve (o como yo misma). 

Y, a menos que en un rato suenen todas las trompetas celestiales juntas, los próximos meses estarán marcados por la impaciencia y el deseo de ver la montaña desnuda otra vez. 

Y yo buscaré en los garitos más acogedores el calor del escenario, y las posibilidades más remotas, para que la primavera llegue antes. 

Y la primavera llegará, aunque sea pronto para saber si lo hará con nuevos aires o con viejos recuerdos. 


Y, mientras tanto, vuelan los versos desde otros dedos impacientes. Y la vida se vuelve tan rara y bonita a la vez que ni todas las nubes, espesas y grises, que cubren el cielo estos días pueden ocultar la luz que, desde dentro, lo ilumina todo.  




miércoles, 5 de noviembre de 2025

Capaz

A veces, lo mejor no brilla. No llega envuelto en papel bonito. A veces, lo mejor duele, cansa, rompe.. pero también enseña. Lo que queremos no siempre es lo que nos conviene. 

El último circuito fue un desafío. Torceduras, líos, quejas, dolores de cabeza, falta de sueño, incertidumbre… y aun así, salí adelante. Sobreviví a todo eso con la mente hecha trizas, el cuerpo agotado y el alma helada. Pero seguí. Porque siempre sigo. Y porque funciono bien bajo presión aunque la salud se resienta. Y entre el caos, siempre hay pequeños premios: El Sueño de Toledo por fin ante mis ojos, el bocata regalado del dueño de esa tienda que ya se acuerda de mí, la sonrisa del conductor del tren, o que me llame por mi nombre el del restaurante. Detalles diminutos que, juntos, arman algo parecido a la felicidad. Y con los 30€ que me ahorré me compré un jersey bonito. Un auto-regalo como recompensa a ese esfuerzo que no siempre se ve, ni te reconocen, ni valoran, pero que tú sabes que mereces. 
Todo el desbarajuste empezó a un nivel más íntimo la noche anterior, cuando vi truncada esa última oportunidad que quizá nunca llegue, o llegue tarde, para variar. Nos cruzamos en el tiempo; mientras yo estaba en Valencia sin poder creerme que todo estuviera saliendo tan a pedir de boca, otro autobús salía para Toledo antes de que yo volviera. Qué desfachatez del destino... Pero Valencia fue magia. Gente maravillosa, risas, invitaciones, rutas perfectas, otro balcón frente al mar, ver el Oceanogràfic, caminar por la playa, jugar al ping-pong, recibir propinas, y la Albufera... ese último golpe maestro que me saqué de la manga gracias a un conductor valenciano que había conocido en el tercer viaje a Puy du Fou, y que me facilitó toda la info. Estaba fuera de programa, pero me dieron vía libre para improvisar, y conté con un conductor que me apoyó. El resultado fue lo que siempre esperas de cada viaje que te has currado a tope: volver con el corazón (y el bolsillo) un poco más lleno, buenas reseñas, y hasta cierta pena cuando te despides de la gente. Por eso el último Puy du Fou dolió más: tantas expectativas truncadas desde antes de empezar, tanto esfuerzo que se disolvió entre inconvenientes, tantas ganas de una oportunidad más. 
Pero llegó noviembre como un lienzo en blanco, y la vida, terca, sigue: Hice el casting de ASP (gracias, Hermo), tengo bolos en el horizonte, excursiones en diciembre, y lo más anecdótico: un curso que acabo de empezar. Porque cuando una deja de aferrarse, el corazón de otro te recuerda cosas, aunque llegue un año tarde (o quizás, justo a tiempo). Y no llegó solo. Llegó con un mensaje privado de esos que te descolocan porque no sabes la intención de fondo, aunque tú te imagines mil razones distintas. Y si no fuera porque mi mente analítica está en otra parte ahora mismo, esta entrada sería muy diferente. Llevaría dos días incansable tratando de escudriñar cada palabra y sus múltiples posibilidades para tratar de llegar a alguna conclusión (más idílica que la real, seguramente), y todo mi mundo giraría en torno a eso, a una presencia que de pronto vuelve, y que querría tener aquí plasmado. Y como me viene pasando últimamente, una cosa lleva a la otra, y sin darte cuenta estás haciendo algo que no hubieras hecho nunca sin ese empujón. Y el empujón me lo viene dando la misma persona desde hace ya tiempo; una persona para la cual, al parecer, no soy más que una "conocida".
Y así andamos. Entre bolos, castings, viajes, y artículos, va una fluctuando, como un barquito de papel a la deriva, entre la mente maravillosa y la fuerza bruta, con una sierra en medio que separa y que une, y que a mí me pilla a la misma distancia, aunque aquí nadie se atreva a dar un paso. Y el que se atreve arranca con tanta fuerza que hace que mi barco vuelque (mi vida parece una peli de Woody Allen a veces...). 

Y mientras tanto, aquí estoy yo, que soy tan guapa y tan lista, y que me quedo al lado de quien sabe cómo, sabe cuándo, y sabe cuánto. De quien llegue en el momento justo, de quien me sostenga cuando las entradas se descuadren, de quien no rechace un abrazo a destiempo. 
De quien sea tan capaz como, según me cuentan, lo soy yo. 

Aquí, los últimos artículos. 
Que, entre viajes y obsesiones, todavía me quedan neuronas para escribir.