domingo, 31 de diciembre de 2023

A partir de mañana

En la última entrada que escribí hablaba de las "sobras de navidad"; ese mismo día, por la tarde, pasé de ser sobra a desperdicio, directamente. Cuando hay distintos virus pululando a tu alrededor es fácil que pilles alguno (o todos), si además tus defensas se acaban de venir abajo. No sé si agarré la gripe, la covid o una combinación de ébola con peste bubónica y fiebre del pollo, pero no la he pillado tan gorda en mi vida. Aunque cada vez que toso es como si me clavaron doscientos cuchillos diminutos entre las costillas, hoy ya estoy mejor. Pero esta semana horrible de fiebres, tiriteras y falta de oxígeno ha sido la muerte. En verdad no ha sido tan así... pero yo soy una dramas cuando me pongo mala. La gente normal lleva las enfermedades con dignidad; yo no. Yo me pongo a lloriquear, y a cagarme en el mundo entero, y quiero que alguien venga y me sacrifique. Pero lo bueno de tener fiebre alta es que el delirio te brinda una lucidez pasmosa. En ese mundo onírico vi con claridad meridiana cómo pulir las partes del monólogo que no me convencían (parrafacos enteros hechos), tuve conversaciones en perfecto inglés conmigo misma y con gente que también hablaba en inglés y me decían lo que necesitaba escuchar, y organicé todas las cosas pendientes en cajones, en orden ascendente, con distintos colores y tamaños, y desde abajo parecía mucho, pero luego lo miraba desde arriba y todo era insignificantemente pequeño. Lástima que no me acuerde de casi nada, porque creo que, entre dragones y angloparlantes, hasta descubrí el famoso sentido de la vida. 

Empecé mala el 2023, y mala lo acabo, pero ha sido un año interesante, con sus cosas buenas y sus cosas malas, claro. Lo malo es que apenas he tenido ingresos, y que los hospitales han estado demasiado presentes por lo de mi padre. Lo bueno es que he escrito mucho este año. Muchísimo. Escribí dieciséis artículos para El Batracio Amarillo, algunos de los cuales me hacen sentir hasta orgullosa, especialmente aquellos sobre el número "libertad de expresión", donde pude explayarme y comerme dos páginas de la revista diciendo lo que me salía del coño. Escribí un espectáculo cómico de más de una hora (que espero estrenar este año). Y escribí muchas otras cosas, de momento inclasificables. Hice una publi en inglés, que me sirvió para llamar a las puertas de la RADA, y trabajé con "Gente Maravillosa" para hacerle una cámara oculta a la Martita de Graná. Y creo que con esto último ¡¡ya lo he hecho todo!! Una cámara oculta era lo que me faltaba ya... En trece años he hecho teatro, cortometrajes, animaciones de todo tipo, publicidad; he sido maestra de ceremonias, camarera infiltrada, modelo de fotografía; he trabajado en comedias, dramas, musicales, monólogos, microteatros y obras infantiles; he hecho promos, videoclips, documentales, series web, rutas teatralizadas, audiolibros, concursos, cabalgatas de reyes, conciertos, bailes, y radio teatro. Y lo último: he escrito, dirigido, producido, protagonizado y montado mi primer cortometraje. Yo creo que ya me toca tener suerte, y empezar a ganar dinero ¡¿no?! Pero no puedo estar esperando a que la suerte me llame por teléfono, así que este año voy a crear mi propia suerte y tirarme a la piscina. Lo mismo hasta sale bien...

Aparte de eso, tengo otras intenciones para el 2024, pero ni siquiera me las quiero revelar a mí misma todavía. Mañana empezaré por quitarme la roña de la enfermedad a golpe de duchas, y a deshacerme de estas ojeras que me hacen parecer la prima fea de Shrek, y después le meteré mano a las muchas ideas que me rondan la cabeza, y que si no les doy salida reviento. Por lo demás, estoy animada. Tengo una fe ciega en que este año las cosas van a salir bien. Y trabajaré (desde lejos, pero con la mejor ayuda) en todo el material que tengo que ir sacando. Porque el lunes, pegada a la tele con la baba caída, me di cuenta de que tantas similitudes no pueden ser casualidad, y que de alguna manera nos acabamos pareciendo a aquello que amamos (en eso sí he tenido buen ojo). 

Ahí fuera están pasando cosas. Mi barrio crece a pasos de gigante. Se están abriendo bares y comercios nuevos, están construyendo nuevos edificios, nos han puesto un Aldi, un Mercadona y un KFC. Hay más parques, y paseos, y plazas, y niñatill@s pij@s por la residencia de estudiantes. Y lo mejor es que nada de esto me tapa las vistas privilegiadas de mi balcón. Ahora me alegro de que nadie viniera a sacrificarme... ¡porque esto mola! Y para las próximas navidades no pienso olvidarlo, empezando a partir de mañana.

HAPPY NEW YEAR! 







lunes, 25 de diciembre de 2023

Las sobras de navidad

Lo bueno de otra noche mala es romper con la dinámica, dejar de estar sujeta a ese extraño y periódico azar, y tomar conciencia de que la propia actitud es más poderosa que los designios. Lo malo de otra noche mala es evidente; siempre es mejor romper con una mala dinámica que con una buena. 

Ser diferente implica no encajar, y no encajar requiere fortaleza. Que te resbale la falta de tacto, la burla, el desprecio y la siempre injustificable injusticia. Me molesta no terminar de aprender nunca el maravilloso arte de hacerse invisible por propia voluntad y no por imposición. No me siento bienvenida si lo que traigo conmigo no lo es. Y si lo noto no puedo fingir lo contrario. Fácil y rápido: cerramos el chiringuito y el estómago, carretera y manta, y manzanilla para dormir. Porque aquí, yo soy yo, y mi perro puede ladrar a gusto, y con cuatro manos que lo acaricien y un gato al que chupetear, tiene más que suficiente.

Su complicidad es mi exclusión, y las buenas nuevas me dejan aún más lejos de ser, ya de por sí, la última de la fila. Reconozco el problema: con ellos no soy yo. Con ellos ni siquiera reconozco a los que solían ser, o a lo que son por separado. Se transforman en un bloque del que no formo parte. Ni quiero, en realidad... pero odio que todo eso empañe un momento bonito (si ahora es así, cómo será después). También reconozco la solución: pasar, ignorar, alejarse. A la última persona a la que le apliqué esto, hoy pretende comprarme con dinero (otra que no sabe pedir perdón, otra que confundió la confianza con el poder). Pero en este caso estamos demasiado cerca, y no sería justo para otra persona dejar de estar. Ignorar se me hace más fácil cuando hay gente alrededor, para dejar de ser el blanco y desviar la atención (un dos en uno perfecto), pero el círculo se reduce cada vez más. 

Sé que nada es para tanto, y que el drama es un adorno puntual a toda una vida más adornada que el puto arbolito, pero es así como me siento cuando el vaso se desborda, aunque tengo la suerte de saber beber más rápido para no desperdiciar ni tiempo ni energía en limpiar lo derramado. 

Al final, las sobras saben mejor al día siguiente, y se revalorizan. Como por arte de magia, la comida vuelve a ser comestible y las setas saben bien. Así que, mira por dónde, sobrar no está tan mal. 

Por otro lado, hoy tengo justo lo que necesito tan solo apretando un botón (cheers!). Y mañana tendré todavía más ganas de coger ese avión, y esos apuntes y ese puñado de páginas.

Y tener ganas de algo me hace invencible. 

Merry fucking Xmas! (I mean it).

domingo, 17 de diciembre de 2023

El 2 y el 5

Sabía que estaba ahí, al otro lado, hace una hora. Lo sabía sin saberlo.

Lo que no sabía (y no dejan de emocionarme tontamente estas cosas) era que el 25 sería el número mágico. MÁ-GI-CO.

Mi fecha límite fue su fecha de aparición. Después de un año siguiéndole el rastro, imaginando cómo sería, qué diría, qué dirían... 

Tenía que ser el 25, claro. El 2 y el 5, como un espejo; ese espejo.

Y sacando avances a la vez, en un mismo tiempo sincronizado que no tiene sentido alguno mas que la magia de hacerlo posible; y soñar, y creer, y fantasear. Pero, cuando pedí ayuda, me dijeron que no. Seguido de muchas cosas bonitas, y otras interesantes, pero un no al fin y al cabo. Y varios días después sigo mirando esas palabras escritas frente a mí (trust in your own vision, believe in your own talent...), y trato de convencerme de que ése es el camino. 

Y que igual que su número es mi número, y sus palabras son las mías, y sus ideas también las pienso yo... su camino es mi camino. Tiene lógica. Pero no es ésta una ciencia exacta (de hecho, ni siquiera es una ciencia). Mi camino sólo es paralelo. Y tengo que buscármelo yo, sin perder de vista el suelo que piso (son suelos distintos, sin duda).

Buscar es lo mío. Y encontrar por casualidad. 

Si consigo saltar al vacío, probablemente sola, beberé más de un sorbo de vodka con tónica, y brindaré con la luna, con la botella en la mano, y el corazón un poco más cerca de ese idílico lugar. 

Sabía que estaba ahí, saludando desde casa. Y ya casi lo entiendo todo, incluso sin afinar el oído, porque mi atención se la llevan los gestos, las miradas y las risas. Pero no dejaré de practicar. No quisiera perderme ni una sola palabra.

El año se acaba, y en el próximo cumplo 42. Y a partir de ahí, empieza la cuenta atrás.

Porque tiene que ser en 2025. 

Obviously!



jueves, 30 de noviembre de 2023

Pequeños grandes logros

El mes de noviembre vino bien, salvo por lo que vino mal. Pero incluso lo que vino mal, ha resultado estar bien.  

En noviembre saqué mi corto, que ya está inscrito en algunos festivales. Para ello también hubo que hacer un cartel, un banner, un teaser, una selección de fotogramas y rellenar un amplio formulario, además de invertir unas cuantas horas y unos cuantos euros en el inmenso catálogo de festivales. El teaser es lo único que, de momento, se puede mostrar ---> Teaser "La Caverna"

También en noviembre terminé de pulir mi monólogo, que se me ha alargado hasta algo más de 17 páginas, y del cual ya tengo la foto de portada para el cartel. Un cartel que no me corre prisa hacerlo porque primero debería montar el espectáculo (por no empezar la casa por el tejado), y para eso está diciembre, que no voy a hacer otra cosa que memorizar y ensayar para intentar hacer un preestreno antes de que acabe el año.

Otra de las cosas que hice en noviembre fue grabar mi voz en un par de canciones para el nuevo disco de Julio Rospir. Una oferta tentadora, divertida y la mejor forma de demostrarme algo a mí misma. Coincidió en el tiempo con esos días oscuros en los que tuve que reconstruirme por dentro y aceptar que satanás tiene muchas caras, incluso cara de abuelita, y que otra vez estaba sin curro injustamente. Saqué la voz de donde pude porque tenía un plazo que cumplir, pero costó. Al cabo de unos días, como me suele ocurrir, no sólo se me pasó el trauma, sino que me alegré enormemente de ser tan libre (en todos los sentidos), y no permitir que nadie me manipule ni abuse de mi confianza. Ese episodio tan feo se convirtió en un regalo divino, y se hizo menos feo gracias al apoyo necesario. 

Y en noviembre salieron posibilidad de bolos con Garnata, con "los navegantes", y con el micro. Salieron mis dos nuevos artículos para El Batracio Amarillo, y salieron las esperadas citas médicas para papá. Esto último me hace especial ilusión porque está mejorando bastante, y el neurólogo nos ha dicho que controlando el azúcar, dejando el tabaco, y haciendo rehabilitación activamente, podrá recuperarse bien. Depende de él, esa es la parte que me gusta menos porque me deja a mí en stand-by, pero al menos se le ve motivado. 


Hubo algo más en noviembre, una buena noticia, un número mágico, un mensaje encriptado, pero de eso ya hablaré cuando haya menos ruido y más oxitocina. Merece una entrada propia. 



lunes, 30 de octubre de 2023

Entre dos cielos

El sábado escribía esto más o menos a la hora en que la gente hacía cola en la puerta para entrar. Primero un número cortito de calentamiento. Luego, veinte minutos de emocionante espera. Y, por fin, el momento tan ansiado. Yo lo seguí desde el aire, recordando las calles que anduve hace años. Trazando las líneas imaginarias que unían las tres ciudades. De nuevo aquí cerca, casi a la misma altura, más cerca que la última vez, a pesar de estar en otro país. Y, como la ultima vez, había luna llena. Me gusta dejarme sorprender por cosas así. Me gusta el paralelismo de los caminos, con sus baches y sus refugios, y sus montañas y sus valles de por medio. Me gusta el escalofrío que me recorre cuando escucho o leo lo que yo ya había dicho o escrito antes con las mismas putas palabras. Y me gusta ver cada día frente a mí los trozos de papel con los consejos que no sé darme. 

El domingo por la mañana, medio dormida, me enteré de la muerte de Matthew Perry, y me quedé un rato más en la cama llorando. Creo que lo que me hizo llorar no es exactamente que haya muerto. Hace unos meses lo vi en una entrevista con Tom Power presentando su autobiografía y también lloré. Porque tuvo que pagar un precio demasiado caro por vivir en este mundo, y porque intentó levantarse mil veces y siempre caía de nuevo. Y porque había escrito un libro para ayudar a los demás porque no sabía ayudarse a sí mismo. Al menos no por mucho tiempo. Y cuando parecía que ya estaba bien, que había superado mil obstáculos con cierto éxito, aparece muerto con sólo 54 años. Todo apunta a un paro cardíaco, pero da igual. Da igual que sea muerte natural, suicidio, o accidente. Lo que a mí me provoca un nudo en la garganta es que haya muerto cuando por fin estaba aprendiendo a vivir. Lo que hace que se me dé vuelta el estómago es oírle decir:

For the first time in my life I knelt down and pray. And that prayer was: "Please, God, make me famous. You can do anything you want to me, just make me famous". Three weeks later I got Friends, and God did not forget about the second part. 

(Por primera vez en mi vida me arrodillé y recé. Y esa oración fue: "Por favor, Dios, hazme famoso. Puedes hacer lo que quieras conmigo, solamente hazme famoso". Tres semanas después entré en Friends, y Dios no se olvidó de la segunda parte)

Ojalá "dios" le hubiese dicho en ese momento: Dios eres tú, y tú eres el único responsable de lo bueno o de lo malo que te pase. Tal vez entonces hubiera entrado en Friends por creer en su propia suerte, y sin deberle nada a nadie. Tal vez entonces hubiera manejado mejor su vida, sin dejarla al azar del destino. Le rezó a dios, pero suena más a pacto con el diablo. 

Y esto me lleva a pensar que algún día me levantaré con noticias peores, con muertes que me afecten muchísimo más. Me asusta imaginar un mundo donde ya no estén ciertas personas. Me asusta tanto que me cuesta respirar sólo con pensarlo. 

Es justamente Perry (ningún otro friend) el único que ha tenido algo que ver contigo. Una casualidad "extra".

No te me mueras nunca. 


sábado, 30 de septiembre de 2023

Sweet September

No quería dejar pasar el mes de septiembre sin escribir, porque septiembre ha venido cargado de sorpresas, trabajos y cosas bonitas.

Este verano he pasado muchos días de agosto y algunos de septiembre en el piso de la playa, donde empecé a escribir Los diarios de la Costa Tropical, más para mi orden mental y de trabajo que otra cosa. Tenía que escribir artículos, tenía que pulir quince páginas de monólogo y tenía que trastear el Premiere para ir cerrando proyectos. Estar sola en la playa con mi perro, el mar, y veintitantos grados (en lugar de los 40 de Granada) era lo que necesitaba para centrarme. Además, descubrí que podía usar los datos del teléfono en el portátil para trabajar más holgadamente, lo que hizo que alargara mi estancia de unos días a unas semanas. Ni siquiera la DANA famosa de finales de agosto se dejó ver por allí, salvo por dos chapetones puntuales de madrugada que no afectaron al buen tiempo. Estuve tan a gusto que pude terminar con casi todo lo planeado, e incluso me quedó tiempo para ver la superluna azul en una noche que fue mágica por otra razón. 

Me volví a Granada el 7 de septiembre, dejando atrás un festival, trabajos terminados, y bañitos en la playa con mi perro, para incorporarme poco a poco a mi vida normal. Pero empezaron a llegar cosas que no se parecían a lo normal, como un trabajillo que, si me dura, me puede mantener a flote y que, combinado con lo que vaya saliendo de bolicos y cosas, hasta me puede hacer juntar un sueldo digno todos los meses. De hecho, a los pocos días de empezar en ese trabajo, pasé un casting para un curro de actriz en un programa de Canal Sur. Un trabajo puntual, pero que me dejó un dinerico, y una experiencia de lo más chula. También han salido a flote el tema de las animaciones, el micro y hasta la propuesta de presentar un festival. Y todo esto ha ido sucediéndose en poco más de una semana. 

Pero septiembre no sólo me ha traído trabajos y proyectos interesantes, también me ha traído a personas con las que había perdido el contacto (como Joan o Eduard que reaparecieron de la nada), otras que estaban más alejadas por circunstancias (como Aly, Sebas, Juan o Chelo) y algunas que no veía desde hacía mucho tiempo (como Bibi, con la que compartí una tarde de cervezas a la orilla del mar). Me pone contenta saber que las personas estamos ahí, aunque a veces no parezca que estamos. 

Y no puede ser casualidad que todo este florecimiento haya ido llegando después de aquel día de julio en que decidí librarme de un deseo latente para soltar lastre, a modo de parada en un hotel de carretera; un alto necesario en el camino. Un camino del que no conocemos ni su estado ni su longitud. Un camino que vamos descubriendo a cada paso, y que a veces es oscuro, ruidoso y da miedo, y otras amanece, y el sol se refleja en el mar, y es un paraíso. Y yo que no soy muy de andar, me paro, y descanso y me pongo a pensar a dónde me lleva; más aún después de haber visto dos veces seguidas el final de "Six Feet Under" (dos, porque la primera no vi ná con tanto lagrimón) que ya terminé ayer, después de que me estuviera acompañando en este sofocante verano casi cada noche. Y te quedas pensando cómo, cuándo y dónde moriremos. Si estaremos sol@s, o acompañad@s. Si sufriremos, o no nos daremos ni cuenta. Si habremos dejado alguna huella en el mundo, o si simplemente nos esfumaremos sin más. Si encontraremos respuestas antes del fundido a negro (o a blanco, mejor), o si en esos momentos ni siquiera recordaremos las preguntas. Pero sea como sea, ocurra como ocurra (espero que no devorada por un puma, ni atropellándome a mí misma con el coche, que con lo bien que conduzco no me extrañaría...), sólo espero poder sonreír, como un último acto de amor a mí misma, porque YO me voy CONMIGO, y no hace falta nada más. Al fin y al cabo, la vida es una sucesión de mentiras que nos contamos para poder seguir respirando. Una mentira más antes de morir "no nos va a matar". 





jueves, 31 de agosto de 2023

Esta rara y mágica noche

Hoy es un día mágico. O, más bien, una noche mágica. Me vine a la costa a escribir y a terminar trabajos pendientes, pero hoy me gustaría estar en otro sitio. Porque hoy, el lugar más bonito del mundo no está en esta parte del Mediterráneo. Querría estar allí, aunque no tendría sentido haberlo intentado siquiera. No es ahora el momento, y no es ése el lugar. 

Pero sigue siendo mágico estar más cerca que nunca, aunque tan lejos como siempre. Y que durante un par de días los relojes marquen la misma hora, que veamos el sol salir y ponerse a la misma vez, y que la luna se refleje en el mismo mar. Una luna rara, extraordinaria, poco habitual: una superluna que además es luna azul. Una luna especial, en una noche especial. Debe ser casualidad, pero me gusta imaginar que no. 

Y desde aquí sólo puedo seguir imaginando. Porque no podría conformarme con una borrosa versión en miniatura, y luego sentarme junto a una langosta a esperar a que las calles se vacíen por arte de magia para hacerme mínimamente visible. E incluso si la parte más surrealista se diera, tampoco aceptaría no ser “sólo yo”, y que un tímido y tembloroso “gracias” sea todo lo que me quede en el recuerdo. 

Esta noche tengo celos del mundo entero. De los que sí pueden, de los que sí quieren, de los que no piden más. De los que se alegrarán más tarde, desde su rincón del mundo, mirando una pantalla de móvil mientras yo miro la luna en silencio para ver si así me llega el eco de la voz a través del mar, y las risas, y los aplausos. 

Y después de esta noche, todo volverá a ser igual. Porque, seguramente no, pero seguiré haciendo mi parte por si acaso. Seguiré juntando señales, por si acaso. Seguiré preparándome para que, por si acaso, el momento no me pille “muda” ni “sorda”. Seguiré creyendo en ese día de junio, y terminaré lo que conseguí formar, por si acaso. Y buscaré el dinero donde sea, y hablaré con quien tenga que hablar para conseguir esa plaza, y me quedaré por allí para estar cerca, por si acaso. Porque, seguramente no, pero sólo por si acaso me encargaré de destruir fronteras, banderas y torres de Babel. Todo lo demás se lo dejo al azar que, de caprichoso que es, se ha ganado mi respeto. 

La gente suele preguntar qué es lo mejor que te ha pasado. 

Yo prefiero contar qué es lo mejor que nunca me ha pasado. 


Dancing in the moonlight (it's caught me in its spotlight)

martes, 25 de julio de 2023

Gente interesante

En algo más de una semana me estaré yendo a la playa, y por fin podré meter los pies en agua salada y ponerme de arena hasta el culo. Aunque no es esa la razón principal. Allí puedo estar sola unos días, con mi perro, alejada del calor aplastante de Granada, y aprovechar el tiempo sin internet para ponerme al día con las cosas pendientes. Tirarme una semana fresquita con libros, y pelis de Woody Allen, con mis textos y mi Premiere, y pensando ideas para próximos artículos. Alejarme de la rutina y los vicios innecesarios, hasta que el amor a mi gato (y la puta regla) me hagan volver a la sauna urbana. Aunque probablemente repita en septiembre que es cuando mejor se está, así el Chulo también puede bañarse. 

Y la verdad es que me viene al pelo esto de recluirme unos días, y cambiar de aires, y de entorno, y de compañías. Estoy absolutamente aburrida del siempre lo mismo, y siempre con los mismos. Harta de mantener conversaciones con gente que no sabe conversar, harta de lidiar con deficientes mentales porque no queda otra, y harta de ofendiditos. Muy harta de ofendiditos. Por suerte, son los menos, y me afectan lo justo para dedicarles cuatro palabras en un blog. Más allá de eso, paso. Me resbalan por completo los imbéciles. Lo único bueno que saco de ellos, son ejemplos perfectos para escribir cosas. Creo que por eso los aguanto. Son una fuente de inspiración constante. 

Por suerte también me rodeo de personas interesantes, aunque a estos los veo con menos frecuencia, y son muy pocos (la gente interesante no abunda). Algunos quieren trabajar conmigo, otros me invitan a sus piscinas, y otros comparten cosas con siglas que te hacen sentir invencible un rato, o simplemente bien mucho más tiempo. Son personas con las que sí se puede hablar sin estar necesariamente de acuerdo en todo, personas que me hacen reír (con ellos y no de ellos), personas a las que les gusta como soy sin que eso les suponga un trauma, o una frustración. 

Y no me importa tener a esa gente en muy pocos momentos. Saber que existen y que están ahí es suficiente. Muchos se aburren solos, necesitan hacer cosas con alguien constantemente. Hace poco me preguntaba un amigo (uno de los que no saben estar solos), si es que yo no necesitaba a las personas. Le dije que no; rotundamente no. Elijo rodearme de personas, pero no por necesidad sino por placer. Cuando algo que es un placer se convierte en una necesidad hay que volver al principio del libro porque ya te has perdido algo... 

Yo en ese sentido me siento bastante privilegiada. No necesito a nadie para no aburrirme. Y ahora que me ha dado por la wellmania, menos aún. Ni siquiera tengo tiempo para hacer todo lo que tengo que hacer. Pero pocos trabajos hay tan divertidos como inventar chorradas y llevarlas al absurdo, como hago en la revista, o crear cosas que sólo existen en tu imaginación, y darles forma de algo, aunque no salgan bien, o no se entiendan, o puede que ni gusten. Y hablando de la revista, dejo por aquí mis artículos de los últimos dos números de El Batracio Amarillo, y espero encontrarme con mucha gente (interesante o no) en el festival "Acordes & Viñetas" que organizan en Motril a finales de agosto.








domingo, 16 de julio de 2023

Buscando a papá

Cuando era pequeña veía demasiado a menudo cómo los viernes por la noche mi padre llegaba tarde a casa; tenía reunión. Cuando mi madre decía "papá hoy tiene reunión" yo ya sabía que no lo vería. Y aun así lo esperaba, y mi madre también. Desde mi cama se veía la puerta de entrada a la casa, y cada vez que alguien entraba al portal, miraba la rendija de luz que pasaba por debajo de la puerta por si era papá. La esperanza duraba unos segundos; cuando la luz se apagaba, ésta se desvanecía. Mi madre se acababa acostando resignada, y yo, a altas horas de la madrugada, seguía despierta en mi cama esperando, esperando... Papá llegaba, a veces más temprano y otras más tarde, a veces mejor y otras peor. Sufrí aquello toda mi infancia. 

Otra vez lo operaron de apendicitis, y recuerdo a mi padre retorciéndose de dolor, llorando como nunca, y tratando de conducir con una sola mano para llegar al hospital como si hubiese ocurrido ayer por la tarde. Más o menos en esos tiempos le escayolaron también una pierna, aunque no me acuerdo bien, ni sé por qué ocurrió (ni siquiera estoy segura de que fuese la pierna; lo mismo fue el brazo). Lo que sí recuerdo es que yo me puse mala, y mi madre le comentó a alguien "la niña se ha puesto mala de ver a su padre escayolado". Y también en esos tiempos, recuerdo estar en el piso de la playa de mi tío Jesús, con mi madre y mi hermano, esperando a que papá viniera a recogernos, y que mi tío le dijera a mi madre "la niña quiere mucho a su padre, ¿eh?, ¡vaya!" porque me tiré todo el tiempo mirando por los barrotes del balcón esperándolo. 

Yo entonces no entendía ni analizaba nada de ese comportamiento mío. Parecía algo de lo más normal querer a tu padre. A veces me hacía regalos que no me gustaban, y yo siempre decía que sí me gustaban para no herir sus sentimientos. Le ponía mala cara a mis amigas si venían a verme a casa a la hora de la siesta, y yo siempre lo justificaba diciendo que es normal enfadarse si te molestan, o me enfadaba si la vecina venía a casa y decía "me voy antes de que llegue Antonio", y le gritaba que era tonta, que mi padre no era malo, que no lo conocía bien. Y lo defendí en lo indefendible, cuando la cagó como nunca en su vida, y me preocupé más por él (el culpable) que por nosostr@s, las víctimas porque alguien tenía que hacerlo, alguien tenía que estar de su parte. Y nunca un perdón, nunca un te quiero, nunca un gracias, y nunca un abrazo. "Yo soy así". 

Está científicamente demostrado que el 50% de los problemas psicológicos que tengamos en el futuro se forman en la infancia, especialmente viendo cómo se tratan tus padres entre ellos, cómo se portan contigo, o cómo hablan de ti a los demás. Tu autoimagen y tus futuras relaciones estarán muy marcadas por esto. Y lo entiendes cuando eres mayor, y miras atrás sin miedo, y analizas las cosas sin camuflarlas ni maquillarlas. Y las aceptas sin poner resistencia. 

Yo he estado toda mi vida buscando a papá. Incluso en otras personas he buscado a papá.

Y un día te das cuenta de que estás perdiendo el tiempo y la energía. Papá está ahí, es esa persona seria que te invita a comer de vez en cuando, que depende de cómo se levante tendrá mejor o peor cara, que te quiere, pero no te lo demuestra, que te oye, pero no te escucha, que entiende, pero no valora. Es ese hombre grande, que ahora se ve pequeño y no se deja ayudar. Ese egoísta que no ve que si él se pone malo yo me pongo peor, y que dice en voz alta que lo suyo es suyo, y si sobra algo también es suyo (y de mi madre, en segunda vuelta). Es el que le lanza indirectas dañinas al único que le da las gracias después de cada comida, en lugar de darlo por sentado e irse sin más. Así es papá. Se mete con quien mejor lo trata. Porque él también da las cosas por sentadas...

La semana que viene me iba a ir a la playa. Luego pensé que en vez de eso, me iba a ir a Motril con mis padres a pasar calor para hacerle un seguimiento a papá, para asegurarme que haga los ejercicios, para controlarle las comidas… No me voy a la playa, pero tampoco me voy a Motril. Ya no me apetece ponerme en segundo lugar (de eso ya se encarga él). 

Toda la vida preocupada por papá, esperando a papá, defendiendo a papá, y toda la vida queriendo que me quiera (no más sino mejor).

Toda la vida buscando a papá, y resulta que lo encontré hace 41 años. 


domingo, 25 de junio de 2023

Chin chin

Parecía difícil, casi imposible. Se acercaba el día, se agotaba el tiempo, y apenas escribía una frase decente cada vez que releía alguna idea medio buena entre las muchas notas esturreadas. Ni siquiera era capaz de abrir el documento; me generaba un estrés de la hostia. 

Pero esta semana era la última, ya no podía retrasarlo más. Me puse mi camiseta de "Busy Bee", cambié de habitación y, sólo con eso, di con la fórmula mágica. No he asomado la nariz a la calle en toda la semana (salvo para sacar al perro por la noche), he comido poco para no sentirme pesada, he dormido mucho de noche para no tener sueño de día, y he escrito todo lo que tenía que escribir. Ayer por la mañana le puse fin a un monólogo de quince páginas. 

Hoy era la fecha límite. Un día para celebrar, para cumplir, y para brindar por lo que vendrá. 

Cu later!



domingo, 4 de junio de 2023

Nosotras

La madre de mi abuelo materno no fue una mujer de su época. Conducía cuando no era nada normal que las mujeres condujeran (hablamos de los años 20 del siglo pasado; lo que conducía era un coche de caballos, ni más ni menos). Tocaba el piano, cosa tampoco muy extendida (¿¿mujeres y arte??). Lucía melena corta, algo "atrevido" en un pueblo del sur de Andalucía donde lo normal y "correcto" era enrollarse el pelo en un moño y no llamar mucho la atención. Además, llevaba la contabilidad del negocio de su padre; una mujer trabajando con números y billetes. Mi bisa no era una mujer de su época, era una adelantada, era especial. Tuvo un hijo, y unos años después tuvo otro (mi abuelo), y supongo que encontró razones para entender que ya había hecho todo lo que tenía que hacer, porque a los 13 días de tener a mi abuelo le dijo adiós al mundo (tenía 27 años, esa edad maldita entre los artistas). Mi bisabuelo moriría pocos años después víctima de una estúpida guerra civil. Así, mi abuelo y su hermano quedaron huérfanos de padre y madre siendo dos críos pequeños (mi abuelo sólo tenía 3 o 4 años). Familiares cercanos y lejanos se ocuparon de ellos hasta que fueron mayores, o sea, hasta que cumplieron 18 años (eso era ser mayor en esa época). 

En 1952, mi abuelo conoció a mi abuela, y se casaron en 1956, cuando tenían 24 y 21 años, respectivamente. Él esperó a casarse con ella para poner todo lo que tenía a nombre de los dos, se fueron de luna de miel a Madrid (Punta Cana no estaba de moda en esos tiempos), y empezaron a llegar críos. Mi abuela le dio a mi abuelo seis hij@s. Podían haber sido nueve, pero hubo dos abortos en medio y un niño que murió poco después de nacer. Creo que mi abuelo quería una familia grande porque él no tuvo ninguna (ni grande ni pequeña), y mi abuela estuvo a la altura. Pero criar a seis hij@s, perder a dos y enterrar a uno, no debe ser fácil, y sin embargo, salieron adelante. Mi abuela no se mostraba fuerte, siempre parecía estar al amparo de mi abuelo, que nunca le quitó un ojo de encima ni dejó de cuidarla, porque mi abuela también era especial (de otra manera), y él sabía que ser una mujer especial, y pasar por cosas feas puede pasar factura. Mi abuelo perdió a su madre, pero no iba a dejar que sus hij@s perdieran a la suya. Él vivía para cuidar de mi abuela; ella era todo.

La última vez que lo vi estaba sedado, y ya llevaba un par de días en el hospital la noche en que murió. Entré en la habitación para despedirme sabiendo que era la última vez que lo iba a ver (yo soy como los gatos). Me miraba con curiosidad, como si no me conociera pero le sonara de algo (sólo él sabe lo que habría en su cabeza). Para mí era terrible verlo así, le cogí de la mano y le dije "vete tranquilo, abuelo, y descansa. La abuela va a estar bien, no la vamos a dejar sola ni un segundo". Y ya no lo vi más. No sé por qué me salió decirle eso, pero tenía la sensación de que se resistía a marchar por no dejarla sola. La veía demasiado frágil, y todos creíamos que lo era. Por eso yo estuve allí, en el funeral, con ella, por ella y para ella (como le prometí a mi abuelo). Pero mi abuela era más fuerte de lo que aparentaba. Se derrumbó, claro está. No tenía sentido seguir sin él. Ya lo había hecho todo ella también, ¿para qué más? Sin embargo, aguantó la pena, y la soledad maldita, y el inmenso vacío, y se siguió levantando de la cama cada día durante nueve años más (se dice pronto). Porque tenía 6 hij@os y 11 niet@os, y creo que ella veía pedacitos de mi abuelo en cada uno de nosotros. O quizá porque, en algún momento, se tuvo que recordar que ella no podía irse como lo hizo su suegra. Le debía eso a mi abuelo. 

Las mujeres de mi familia son especiales (y sólo he mencionado a dos), y mi único propósito detrás de toda esta historia, es recordarme a mí misma de dónde vengo, y por qué soy como soy. Y que haga lo que haga con mi vida, está bien, sólo hay que intentar hacer todo lo que has venido a hacer antes de irte (el cuándo y el cómo es secundario). Y a mí me queda mucho por hacer aún. 

Mi abuela hubiese cumplido 88 años el pasado 1 de junio. Yo cumplo años el próximo día 8, y cuando se acerca mi cumpleaños me pongo tonta y me da por mirar para atrás, porque mirar para adelante da un vértigo del copón. Y cuando tengo vértigo pienso en mi gente, y le doy las gracias a mi bisa por sus genes, y a mis abuelos por todo lo demás (en especial, por mi madre), y así, de repente, el vértigo se va. Escribir es mi terapia, mi homenaje, mi salvavidas, mi pasatiempos, mi forma de entenderme y de entender la vida, mi baúl de los recuerdos, mi huella en el mundo, mi forma de hacer reír y mi bálsamo para poder llorar. Y, últimamente, también mi trabajo. El que espero que me lleve a donde quiero llegar, y poder decir algún día que ya lo he hecho todo. Por mí. Por nosotras. 


miércoles, 24 de mayo de 2023

Monkey Mind

Por fin llegó el agua. Tras un invierno primaveral y una primavera estival, se coló la lluvia a mediados de mayo. Y abundante, claro, porque o no llueve, o diluvia. Después de la época Covid, cuando parecía que el mundo se estaba acabando, pero sólo era el tráiler, empezaron a llegar otras catástrofes (erupciones volcánicas, incendios, huracanes, terremotos…) derivadas del cambio climático. Desde finales de 2022, la sequía venía siendo la última gran preocupación (también derivada del cambio climático). Otras amenazas como el inminente crecimiento de la inteligencia artificial, la guerra con su amplio abanico de consecuencias, o la cada vez más evidente corrupción de las élites y los mandamases, coronan el rosario de desgracias desde que comenzara la década. Podría una preocuparse por eso, pero no vale la pena. No confío en que el ser humano medio tenga la inteligencia y la decencia suficientes para tomar conciencia de nada que no sea TikTok, Netflix o postureo. Así que de momento, prefiero seguir preocupándome por mis cosas hasta que llegue el meteorito. Preocuparme es lo que mejor me sale últimamente. 

Hace unos días me desperté sudando y gritando. Eran casi las seis de la mañana. Algo gordo que acababa de soñar me hizo salir de la cama angustiada. Por primera vez tenía ese miedo que tienen los adultos normales. Miedo por no tener nada estable en mi vida: ni dinero, ni trabajo, ni piso. No tengo nada que sea realmente mío. Vete tú a saber qué soñé para llegar ahí. Y sí, me tuve que levantar (asfixiada por el asma), para no dar vueltas en la cama. Al cabo de un rato se me pasó porque me acordé que yo no soy, ni he querido ser nunca, una adulta normal, pero eso también tiene sus consecuencias, y lidiar con ellas no es fácil. 

Enganchada a un montón de series y docus, a libros y podcasts, a la LBC y a los directos (quizás para no estresarme si no se me ocurren buenas ideas, para no preocuparme por papá y mamá, para no torturarme con "Aryi", o para no pensar en tantos vacíos) trato, entremedias, de encaminarme hacia algo, de concentrarme en algo. Y cuando ésa debería ser mi única preocupación, me veo a tope de pensamientos que no tienen nada que ver unos con otros, y los recorro todos por si me sirven para la causa, al menos, pero no dejan de ser distracciones que me mantienen, pues eso, preocupada. Y preocupada por cosas que ni siquiera dependen de mí. O no todas. O no las más importantes. 

La última rama de este árbol de pensamientos es la de haberme dado cuenta que cosas que pasaron hace mucho tiempo me están afectando ahora, y que las nuevas personas que entran en mi vida pagan las consecuencias. Porque no los quiero tan cerca, por si acaso. Ni quiero que haya una amistad verdadera, por si acaso. Ni me esmero, ni me preocupo, ni me intereso, ni me implico demasiado, por si acaso. No era consciente del daño recibido hasta que he visto que ya no me fio de nadie, ni me encariño con nadie, ni me agarro a nadie. Y esto, entre otras cosas, me ha llevado a buscarme la vida por mi cuenta, sin depender de terceros, todo a mi manera. Quizá así pueda "confiar en mi propia visión, creer en mi propio talento, mantenerme firme, y quedarme con lo mejor que encuentre por ahí". Otra cosa es que a mí me salga bien. 

Aparte de todo esto, los dos artículos de abril para "El Batracio Amarillo" (igual debería hacer yoga-gato...😏)




lunes, 15 de mayo de 2023

Libertad de expresión

En marzo, El Batracio Amarillo sacó un número especial sobre la libertad de expresión. El tema, amplio por donde lo mires, da tanto juego que me vine arriba, y los artículos se me quedaron más largos de lo habitual, pero fueron aceptados por ser... eso, un número especial. Ocupé dos páginas de la revista. Tenía material ya escrito, y sólo era cuestión de ordenarlo con cierto sentido. Es lo que, de hecho, vengo haciendo desde hace meses: escribir todo lo que se me ocurre, sin orden ni concierto, e ir dándole forma de "algo" cuando surge la ocasión, o me inspiro un poco. Para mí, esa es la parte difícil. Requiere concentración, tiempo, ganas, disciplina... todo lo que yo no tengo últimamente. Miento. El tiempo sí que lo tengo, pero sin todo lo demás, lo acabo invirtiendo en vaguear todo el puto día. Sólo cuando me veo presionada con fechas límite, me siento a hacer algo de provecho. Por esa razón, me he puesto mi propia fecha límite para un proyecto personal que llevo demasiado tiempo arrastrando. Quise quitármelo en marzo, pero una serie de desafortunados acontecimientos, unido a mi pereza habitual, no me dejó pasar de un par de páginas medio en condiciones. Se me hizo bola, y todavía hoy, tiemblo con meterle mano otra vez. He intentado cambiar de ambiente, uno sin distracciones, pero no ha habido suerte. He intentado ponerme una rutina diaria, una especie de trabajo de oficina, pero siempre me surge "algo mejor que hacer". Y lo último que se me ha ocurrido es lo que me va a llevar a terminarlo por fin: una fecha límite. Pero no una fecha límite cualquiera... una que significa algo para mí. Ese es el secreto, y no hay más. Para ese día tiene que estar listo. Sí o sí. 

Siempre hay que buscar la motivación en lo que se hace, si no, al menos en mi caso, es casi imposible llegar a buen puerto con algo. La motivación lo es todo. Por rara o estúpida, que sea. Si tú te lo crees, es el motor que necesitas. Y si hay algo por lo que yo vivo es que aquello en lo que creo, me lo creo de verdad. Así que en poco más de un mes, tendré al menos tres razones por las que brindar. 

Este año no está yendo muy bien de trabajo, parece más un año de siembra que de cosecha. Con Nacho Castillo tengo algunos proyectos, pero tienen que crecer, la revista no es que me deje mucho dinero, el monólogo está en proceso, y lo único medio en condiciones que encontré, sólo me dio una alegría y numerosos dolores de cabeza. Y yo no soy de aguantar mierdas. En cuanto me vi desperdiciando un día entero en darle mil vueltas a un asunto, supe que ese asunto se tenía que acabar. Aguanté un poco más, porque no era un buen momento para mandar a personas y trabajos a la mierda. Me parecía más inteligente morderme la lengua un tiempo y ver qué pasaba en medio, aunque soy de pensar que las cosas insostenibles caen por su propio peso, y que en esos casos, cuanto antes caigan mejor. Y así fue. Porque la vida y sus vueltas, me llevaron al mismo sitio desde el que partí, y me dio la oportunidad de oro de ser yo misma. Y eso (perdona, mamá) vale más que todo el dinero del mundo. Por otro lado, el empujón que necesitaba para ponerme con lo mío, para no depender de nadie, para que no me digan una cosa y hagan otra, para que no me tomen por tonta, para no mendigar, para no regalar mi trabajo, ni tragar con lo intragable. Haciendo uso de mi libertad de expresión, dije todo lo que tenía que decir, gané en salud, y salí por la puerta grande. Se queda una en la gloria, en serio. Y a fin de cuentas, como decía un amigo, en mi hambre mando yo. 

Pero no fue una decisión fácil. Tememos perder aquello que nos gusta y por eso no decimos las cosas, y tragamos con todo para conservarlo. Me ha pasado mil veces. Pero la última vez que temí perder algo, fue la última…. Entendí que no se puede mantener aquello que te hace sentir mal (por mucho que te guste). Mirar para otro lado sólo alarga el sufrimiento, pero decir las cosas desde la verdad, desde la honestidad, sin traicionarse a una misma (que es lo peor que te puedes hacer como persona), así siempre se gana. Porque si después de eso, conservo el trabajo, será un trabajo en el que me sienta cómoda y valorada, y si lo pierdo, habré perdido un trabajo en el que me trataban mal. ¿Ves? Siempre se gana. No hay forma de perder. La mejor manera de demostrar que algo te importa es arriesgándote a perderlo. Y al final, la experiencia me sirvió para abrir otras puertas. Y a las puertas de esas puertas estoy, y este vídeo era todo lo que necesitaba, por lo visto. Castings, trabajos en inglés, escuelas en Londres... Porque buscando la manera de irme encontré la RADA, y un curso accesible. Pero necesito 2000 pavos. Así que empezaré a ahorrar, para ver si el año que viene, por las mismas fechas por las que este año estaré brindando, puedo estar paseando por el Thames. 




 

 

miércoles, 12 de abril de 2023

En bucle

Tan estancada. Sin poder hacer nada que requiera un mínimo de concentración, en esos días en los que esta dulce condena me atrapa por completo. Más angustiosa cuanto más dulce. Sin aire, y sin más ganas que las que me empujan a estar allí. 

La noche de la tormenta es mi preferida. Las calles vacías y mojadas, los truenos y los relámpagos, el agua resbalando, el apagón. Y siempre en bucle probando cosas nuevas: distintas palabras, distintas estrategias, distintos movimientos. Hasta que amanece por fin, pero nunca del todo. Y ahí entra el bucle repitiendo una y otra vez las mismas imágenes. 

Y duele. 

Y asfixia. 

Y paraliza. 

Y así, entre expresiones y preposiciones, podcasts, historias humorísticas, trabajos precarios y guiones que llegan mal y tarde voy pensando en ese rincón lejano que, sin embargo, está mas cerca de mí que ninguna otra cosa en el mundo en estos momentos. 

La casa amurallada, el enorme sofá, el jardín con piscina... dejándome llevar (cuando parece inevitable no hacerlo) por ese enigmático rostro que, como mi propia sombra, me acompaña allá donde voy, y duerme conmigo, y todo es perfecto siempre. 

Puede que entrar en bucle en mi acogedor espacio sea lo único que me ayude a aguantar un poco más en esta estúpida y miserable vida que he escogido. 

Aunque duela.

Aunque asfixie.

Aunque paralice.


jueves, 16 de marzo de 2023

Retos

El pasado viernes fue el último día de toda una semana recibiendo mensajes de voz de distintas partes del mundo, gracias a una cosa llamada Speaking Challenge, a la que me enganché sin tener mucha idea de lo que era exactamente. La experiencia fue genial. A pesar del resfriado gordo que me agarré, la semana fue llevadera, en gran parte, gracias a este “experimento”. Me levantaba cada día con varios audios en mi móvil, y con un nuevo tema que discutir. A lo largo del día escuchaba los audios de los demás, gente de todas partes (Argentina, Brasil, Francia, República Checa, Italia, Congo, Tailandia…). Ell@s escuchaban el mío, y Matt nos enviaba el feedback al día siguiente. Parecía como si no estuviera sola, que es como de hecho estoy, y estaré, hasta el 31 de marzo. Sola y ocupadísima. Grabando, ensayando, escribiendo, moviendo el coche, haciendo la compra, sacando al perro, estudiando… Se me va a quedar corto el mes. 

El lunes nos despedimos por videoconferencia, donde Christian (ese australiano tan guay que sólo conocía a través de Youtube) habló con nosotr@s, y a mí me hizo hablar también. Me preguntó cosas que supe responder, y otras que supe improvisar. Hasta le presenté a mi perro. Comunicación fluida. Esa asignatura pendiente, ese reto que me autoimpuse, por fin está dando buenos resultados. También el lunes grabé mi primer vídeo en inglés. 

Y el domingo antes, como casi todos los domingos, tuve otro chat online, pero con Aly. Con él encontré una ranura por la que podía entrar, y me metí. Puede que hagan falta muchos domingos para hacerme más visible, pero no pierdo nada por "estar ahí". Al fin y al cabo forma parte de mi hoja de ruta.  Puede que sólo sea cuestión de tiempo, y de sutil insistencia. 

Parece como que todo lo que me pasa últimamente me acerca más a ese lugar. Todo son retos enfocados hacia el mismo objetivo. Y todos ellos requieren dinero, tiempo y paciencia para hacerlo bien. De hecho, Harrison lo describe perfectamente. He aquí la banda sonora de mis días, desde hace muchos días, y por muchos días más. 

Sí... tengo mi mente puesta en ti, niño, con tu nombre y renombre propio. 


I know if I put my mind to it

I know that I really can do it

Got my mind set on you (G. Harrison)

lunes, 13 de febrero de 2023

En camino

Hace apenas dos años creía que se me había acabado todo lo bueno que me había estado pasando hasta entonces. De hecho fue así. Lo que en esos momentos no podía ver es que vendrían cosas aún mejores, porque de pronto un día, empezó a salir muy poco a poco el sol. Un sol que no asomaba por el Este sino por el Norte, iluminando el escenario más bonito del mundo; desvelando la cara más amable, divertida y sincera que jamás haya visto; ofreciendo unos ojos en los que perderse, arriesgándolo todo, si hace falta. Y un largo camino por recorrer se abrió ante mí. Al fin un camino que transitar. Al fin un destino al que llegar. Desde entonces, mi vida ha estado enfocada en dar pequeños pasos por ese camino para llegar a ese lugar. 

Pero estamos muy lejos aún, muuuuy lejos. Tan lejos que entre medias se siente la necesidad vital de hacer alguna que otra parada. Aunque de momento, entre el “I wish!”, el “meh” y el “qué pereza” probablemente me acabe quedando como estoy por mucho más tiempo. Es como si no hubiera nada para mí en el menú porque lo que realmente me apetece no lo puedo pagar. 

Hace meses que toda mi actividad se reduce a escribir. Y con dos fechas límite en marzo necesitaba  concentrarme. Para ello, empecé por hacer una limpieza profunda de mi casa que, según los vídeos que he visto para inspirarme, la armonía en el hogar ayuda, y eso implica reorganizar también el espacio para quitar lo que los minimalistas modernos llaman “ruido visual”: un cojín mal puesto, ropa amontonada en la cama, cacharros en el fregadero... Lo que toda la vida de dios ha sido quitar cosas del medio. Sea como sea, necesitaba una actividad física para no explotar a mi cerebro. Y funcionó. Escribo a diario, y en los ratos libres estudio. Cuando ninguna de las dos cosas me apetece, salgo a andar, bajo al bar, o apelmazo cojines. Esa es mi vida. 

Y cuando pensaba que no se puede estar más aburrida y más tiesa, me llega una oferta de trabajo ("Buscamos actriz con inglés en Granada"), hago la entrevista, y consigo el curro. Nada que me vaya a sacar de pobre, pero sí la señal que necesitaba para no desviarme del mencionado camino, y una línea vistosa en un CV que empieza a significar algo allá donde sale el sol. 




jueves, 12 de enero de 2023

Apenas resucitando

El final de 2022 y el principio de 2023 ha sido lo mismo para mí: una puta basura. Amigdalitis, conjuntivitis, regla descontrolada, dolor en las articulaciones, un virus recurrente, y TODO a la vez, sin contar los múltiples desencantos y preocupaciones (desencadenantes, casi seguro, de todo lo anterior). Más que un médico me tenía que haber visto un exorcista... Es lo que tiene una bajada de defensas, que tus puntos débiles se ven amenazados. Ver a mi padre incapacitado (espero que temporalmente) por un dolor en la pierna, a mi madre sobrecargada por la responsabilidad y la preocupación, y tener que aceptar (una vez más) que no todo el mundo valora las cosas como lo harías tú, me ha afectado más de lo que debería permitir. Y por más pastillas efervescentes que tome una, la realidad golpea más fuerte. 
La navidad en general ha sido bastante fea para mí. A pesar de los esfuerzos de casi toda mi familia por mantener la normalidad y celebrar cosas, la verdad es que todo se ha empañado. Y todavía queda un largo mes de enero (como mínimo). 
Con todo, el 2022 ha sido un buen año, si no contamos la precariedad laboral de los últimos meses. Ha estado marcado por celebraciones familiares (cumpleaños importantes, jubilaciones, y hasta un baby shower), la elaboración de mi primer cortometraje (ya para exportar, a falta de cuatro detalles), la incorporación a la plantilla de El Batracio Amarillo, y el descubrimiento de esa persona que me ha inspirado a hacer todo lo que tengo entre manos ahora, y que me ha dado el combustible vital en una etapa complicada. Para el 2023 tengo demasiados propósitos, pero como he estado sonándome los mocos, viendo dragones y cagándome en mi puta vida los diez primeros días, tendré que empezar a meterles mano más tarde. Básicamente, tengo que sentarme a escribir. Casi todo lo que tengo por delante requiere de una escritura previa. A corto plazo tengo los artículos para la revista (en el número de navidad me publicaron dos, vamos ascendiendo en la empresa...), y tengo un espectáculo de comedia en pañales que me urge terminar, pero además hay un par de guiones dando vueltas, un microteatro, y piezas sueltas que no sé ni cómo catalogar, y que supongo que dejaré para más adelante por no volverme loca del todo. 
Podría ahondar algo más en esta entrada y hablar de un tal Aly, que me ha hecho los días de mierda un poco más llevaderos, de una tal Marian, que me ha contado cómo funciona lo que no se ve, de lo terrible que es verte en medio de personas que quieres y que entre ellas no se quieran, de un pasado que mi cuerpo no olvida y de un futuro con mucho ADN que barrer... podría hablar de todo eso. Pero hoy, tan descentrada, tan desganada, y apenas resucitando, hoy no es el día. 




                                                 Making of "La Caverna"